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domingo, 9 de julio de 2017

Cómo he logrado mantenerme cuerdo

En francés existe una expresión que dice "metro, boulot, dodo", la cual quiere decir algo así como "trabajo, trabajo, trabajo". Es un poco irónico y hasta gracioso que una expresión que viene de mi idioma favorito refleje a la perfección mi realidad actual. Los últimos meses han sido muy difíciles laboralmente y me he visto obligado a enfrentar situaciones francamente insoportables. Mi trabajo me ha afectado de tal manera que mi apetito, mis patrones de sueño y otras áreas de mi vida se han vuelto un caos. No exagero cuando digo que hasta pesadillas he tenido con mi trabajo. Antes existía una clara división entre mi vida laboral y mi vida personal. Eso es historia ya. Ahora aunque no esté en la oficina tengo que estar disponible por teléfono o email. No puedo estar a gusto en una reunión o descansando en mi casa porque ya me están llamando por teléfono o escribiendo por Whatsapp. Las funciones de mi puesto cambiaron de la noche a la mañana sin darme cuenta y sin haber sido consultado siquiera. No encuentro la manera de revertir esta situación. Siempre uno queda como villano cuando protesta, pero la verdad es que ya no puedo más. Siento que uno de estos días voy a explotar por estar guardándome tantas cosas con el objeto de evitar más conflictos aún. Odio los lunes más que nunca. Las horas se me hacen eternas durante la semana laboral. El viernes ya ni siquiera es un consuelo. No veo la hora de irme de vacaciones. Espero con ansias mi viaje a Canadá. Me voy a desconectar del trabajo por completo y me vale un comino si la empresa quiebra.




A últimas fechas, el francés ha sido lo único que me ha mantenido a flote. Mis clases privadas, mis reuniones con el grupo de conversación y mis conversaciones con mis amigos francohablantes por Skype son mi escape de la amarga realidad que me aqueja. En esos momentos me siento libre, lejos de mis problemas, feliz. Lo malo es que a veces me siento tan cansado y estresado que no tengo ni ganas ni energía para hacer lo anterior. Por ejemplo, mi grupo de conversación se reúne los miércoles a las 7:30 p.m. Esos días prácticamente llego a la casa, me doy un baño, ceno algo y me voy rápidamente. Llego raspando porque la reunión es a casi 40 minutos de mi casa. A veces me he visto tentado a faltar, pero yo solo me doy valor y me fuerzo a ir. Al final de la reunión, me siento con la pila recargada y el humor por las nubes. Aunque todo vuelve a su estado anterior al día siguiente.

También me esfuerzo por ver videos en YouTube, mis películas, leer, estudiar, en fin. Ha sido mi terapia para no volverme loco, mi catarsis. Gracias al francés he descubierto cosas nuevas, he conocido gente maravillosa. No sólo ejercito mi cerebro sino que también alimento mi espíritu. Siento que si dejara todo eso perdería la razón. Tampoco digo que lo hago las 24 horas del día (no soy robot), pero es vital para seguir viviendo. No concibo mi vida como era antes. A veces me frustro porque no puedo avanzar tanto como quisiera, pero después recuerdo que no sólo estudio francés por necesidad sino por gusto. He pensado en estudiar otra cosa, pero por el momento quiero enfocarme en el francés. 

No es sano vivir todo el tiempo estresado. Pero para algunas personas es inevitable. Recuerdo que desde niño me sucedía. Es parte de mi naturaleza. Pero siempre de una u otra manera he logrado salir airoso. Mi situación actual es insostenible. Por azares del destino tengo que sacar fuerzas de flaqueza hasta que llegue el momento de poder actuar. A veces no quiero ni levantarme en la mañana. No quiero ni pensar en todo lo que tengo que hacer cada día. Por lo pronto, no me queda más que aferrarme a lo único que me mantiene cuerdo. Porque estoy cuerdo...todavía.

martes, 4 de julio de 2017

Zapatero a tus zapatos

De acuerdo con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner existen ocho tipos de inteligencia: lingüístico-verbal, lógico-matematica, visual-espacial, musical, corporal-cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista. Lo cual quiere decir que dependiendo del tipo o tipos de inteligencia que poseamos va a hacer que sobresalgamos en ciertas áreas. No todos somos iguales, por eso a algunos les gustan las matemáticas, mientras que a otros les gustan las artes u otras cosas. Obviamente cuando uno está en la escuela no tiene muchas opciones de desechar lo que no te gusta. Te tienes que aguantar y tratar de aprobar todas las materias. Pero cuando llega el momento de elegir una carrera, es muy importante considerar las habilidades y gustos que uno tiene. Lo lógico es escoger algo en lo que eres bueno. Zapatero a tus zapatos. Aunque hay excepciones, dependiendo de las prioridades que tenga una persona, otros factores pueden incidir sobre sus decisiones (el dinero, tiempo libre u otros beneficios). Pero partamos de la premisa de que soy bueno en algo y voy a seguir el camino conducente. Dios, la vida, el destino o quien prefieran me dotó de capacidades específicas con las que voy a contribuir a la humanidad y buscar la felicidad al mismo tiempo. Tarea nada fácil, pero eso es otro tema.




Antes de entrar a la universidad tenía unas ideas muy diferentes respecto a mi carrera, hasta inocentes diría yo. Ahora que estoy en el mundo laboral veo todo de manera muy diferente. Todo dista mucho de ser color rosa. Por ejemplo, en mi trabajo actual me las he visto negras desde que un compañero renunció. Bueno, no recuerdo si ya lo he comentado en otra publicación, pero en la oficina éramos tres personas solamente: mi jefe, su sobrino y yo. Hace unos meses el sobrino renunció y desde entonces la carga de trabajo es más pesada para mí. El problema estriba en que sus funciones son muy diferentes de las mías. Yo siempre he estado más orientado a lo administrativo (de hecho todos o casi todos mis trabajos han sido así). Siempre he trabajado dentro de una estructura. Me gusta el orden, odio la ambigüedad. Mi personalidad también es un poco huraña. Prefiero tratar con las personas por teléfono o correo electrónico (sobre todo este último). No me gusta tener que hacer visitas de trabajo. No me gusta trabajar a deshoras, tener que estar siempre disponible aunque no esté en la oficina. Para mi desgracia, todo lo anterior representa mis funciones ahora. Ya no tengo un horario fijo (antes lo era relativamente). Tengo que estar disponible por teléfono, Whatsapp, correo electrónico, etc. Es la naturaleza del trabajo. Trabajo en una empresa de marketing. Hacemos un poco de todo desde dotación de personal para conciertos hasta transportación de artistas. Bueno, pues las últimas semanas han sido horribles. He tenido que buscar personal para conciertos y promociones. Pero no cualquier tipo de gente. Trabajamos principalmente con mujeres y la imagen es muy importante. Así que tengo que buscar muchachas guapas, bilingües, sin tatuajes, entre otras cosas. Y no solamente debo buscar gente para eventos en Houston sino también para otras ciudades en Texas. Lo único que me dijeron fue: "Llama a fulanita y pregúntale si puede trabajar o si conoce a alguien". Y así me la he llevado, llamando y preguntando a medio mundo. Lo peor de todo es que muchas veces no contestan el teléfono, o no están intere$adas o no están disponibles. Y si a eso añadimos que son vacaciones y muchas salen de la ciudad, pues baja el cero y no contiene. A causa de eso tuve un disgusto con mi jefe ayer. Me da la impresión de que cree que no hago lo suficiente. Le dije que estoy haciendo lo mejor que puedo. Debí haberle dicho también que esto no es lo mío y que de haber sabido que iba a tener que hacer estas cosas, no habría aceptado el trabajo. Porque todo tiene un límite. Las empresas se justifican diciendo que hay que "ponerse la camiseta". Pero eso no quiere decir que tenga que realizar funciones diametralmente opuestas a las mías. La personalidad es muy importante y la mía no encaja en ese perfil. No tengo la paciencia ni la tolerancia para desempeñar este trabajo. Por eso no me metí de vendedor ni de reclutador, porque mi personalidad no es así. Pero por azares del destino tengo que hacer todas estas cosas que me disgustan enormemente.




En unos días tengo que ir a Dallas para arrancar una promoción. Eso implica irme desde muy temprano para aprovechar el tiempo y regresar ese mismo día en la noche. Voy con mi jefe y él va a conducir, posiblemente me toque conducir un tramo. Lo que más me molesta es que tengo que modificar mis planes, mi estilo de vida. Mi jefe me pregunta a veces que para qué quiero irme a mi casa y yo con ganas de decirle que qué le importa, pero tengo que resistir ese impulso. Tal vez si así como me aumentan las responsabilidades me aumentaran el sueldo...Cada vez me convenzo más de que debo cambiar de trabajo. Hacer algo que me guste, algo en lo que sea bueno, que vaya de acorde con mi personalidad. Hace tiempo descubrí que estoy orientado hacia las artes, así que tal vez ésa sea la solución. Aunque debo confesar que me da algo de miedo todo lo que dicen respecto a la vida de una persona que trabaja de eso y que no tiene ni para vivir. Y también me pregunto si no me pasará lo mismo que en los demás trabajos y termine haciendo cosas que no me gusten o para las que no fui contratado. La única manera de evitar esto sería emprender un negocio. lo cual de hecho es una idea que vengo albergando desde hace tiempo.

Bueno, pues me retiro para aprovechar las últimas horas que quedan de mi día libre. En contra de todo pronóstico me dieron el día. Pero ahí les encargo el resto de la semana. Me dan náuseas solamente de pensar en ello. Au revoir!

domingo, 25 de junio de 2017

Cuando de fregar se trata

A últimas fechas, me he convencido de que la teoría darwiniana de la supervivencia del más fuerte está directamente relacionada con el capitalismo. Los dueños de los bienes (los ricos) devoran como aves de rapiña a la clase trabajadora (los pobres) a fin de sobrevivir. Se valen de cualquier medio para engordar sus arcas aún más. No les importan los medios para conseguirlo. El fin justifica los medios. No existen la amistad, el amor, ni siquiera el más mínimo sentido de humanidad. Dinero, dinero, dinero. La ley de Herodes...o te ch"#$@s o te jodes. Amoralidad total.

Esta semana tuve dos disgustos enormes. Todo se resume a dinero. Primero, mi compañía de cable. Es increíble la cantidad de veces que he tenido que llamar por cobros injustificados que me están haciendo. De entrada, te amarran con contratos de uno o dos años. Si quieres cancelarlo, tienes que pagar una penalidad. Pero estos imberbes (por no decir otra cosa) siempre ven para su lado solamente. Me habían prometido que mi factura iba a ser de $104 (precios en dólares) mensuales aproximadamente. Al final del primer año, mi factura subiría $20 más. ¿Pues qué creen que pasó? Efectivamente estuve pagando $104 mensuales, pero al poco tiempo mi factura comenzó a subir. Los incrementos fueron graduales. Comenzaron siendo de $3, después de $5 y finalmente de $10. Fue aquí cuando empecé a quejarme. La compañía de cable alegó que son "ajustes" que se hacen por incremento en las rentas de los equipos, impuestos, etc. Pero me dijeron que ya no iba a aumentar. Así fue por otro corto perído, pero la gota que derramó el vaso fue cuando me aumentaron $32. ¡$32! ¡Eso ya era una burla! Y lo peor de todo es que ni siquiera se había cumplido el primer año. Esta vez sí estaba decidido a cancelar el servicio. Llamé y como era de esperar, me transfirieron de un lugar a otro y me la hicieron larga. Me echaron en cara el contrato. Tendría que pagar una penalidad por cancelar antes de tiempo. Yo les dije que ni siquiera ellos lo habían respetado y me salieron con explicaciones estúpidas. Total, a final de cuentas me ofrecieron respetar el precio. No pasaron ni dos meses, cuando me volvieron a aumentar el cobro. Esta vez me están cobrando $135. Llamé de nuevo, tuve que explicar mi situación más de una vez y tuve que fletarme casi una hora al teléfono. De nuevo pensé seriamente en cancelar, pero si lo hago en este momento tendría que pagar $120 y empezar todo el proceso con otra compañía. Había pensado en AT&T, aunque dicen que es la misma gata. Regresando al tema, Comcast (la compañía de cable con la que estoy y que es el mismísimo demonio) me ofreció otra oferta. Tengo que pagar $115 al mes, pero van a reducir la velocidad de mi Internet. Acepté y supuestamente iban a hacer el ajuste en mi factura actual para que en lugar de pagar $135 pague $115. Dijeron que lo harían dentro de 24 horas. Pues ya se cumplió el plazo y acabo de revisar y como lo imaginé, no han hecho el ajuste. Me dan náuseas solamente de pensar que tengo que llamar otra vez. 





Otra compañía que se ha dedicado a robarme la tranquilidad es Molina, la compañía con quien tengo mi póliza de seguro médico. Como todos saben, en EE.UU. no existe un sistema de salud pública. Todo es privado. Es puro negocio. Regresando al tema, hace unas semanas no me sentía bien y decidí ir con el médico. Era domingo y mi médico de cabecera no trabaja ese día. Mi malestar no ameritaba ir a emergencias de un hospital, pero sí necesitaba ver a un médico pronto. Viajar a Monterrey estaba totalmente descartado por cuestiones de tiempo y dinero. Así que la única opción que me quedaba era esperarme hasta el lunes, llamar al consultorio y ver si era posible que me atendieran ese día o ir a otro lado. En EE.UU. existen unos lugares que se llaman urgent care centers, algo así como centros de cuidado urgente. Se trata de lugares donde proporcionan atención médica en casos que no son muy graves. La ventaja es que tienen horarios más flexibles que un médico regular. Muchos de estos centros están abiertos hasta tarde o incluso fines de semana. Así que ingresé al portal de Molina y busqué uno de estos lugares. El único que encontré que estaba abierto en domingo estaba retirado de mi casa, pero fui porque ya no soportaba mi malestar. Al finalizar la consulta, le pregunté a la doctora cuánto le debía y me dijo que nada, que la factura me llegaría a mi casa. Yo esperaba pagar $30 porque se supone que ése es el copago que me corresponde. Me pareció extraño, pero no le di importancia. Pues bien, semanas después me llega una factura por la cantidad de $164. Ah, y venía un mensaje que decía que mi aseguradora se negó a pagar porque no tenía la recomendación correspondiente de mi médico de cabecera. Así que llamé a servicio al cliente para quejarme. Me volvieron a decir lo mismo, que necesitaba que mi médico me refiriera. Les dije que eso solamente aplica cuando uno quiere ver a un especialista y éste no fue el caso. Me dijeron que me iban a enviar una carta con unas formas que tenía que llenar para apelar. A los pocos días me llegó la mentada carta. Llené la forma de apelación y tuve que escribir todo lo que pasó y adjuntar facturas y demás. Pasan unas semanas y recibo otra carta de Molina donde explican que mi apelación fue denegada y que yo y solamente yo soy responsable de cubrir el monto adeudado. Llamé para quejarme, pero no contaba con que solamente trabajan de lunes a viernes de 8 a 5. Ya podrán imaginarse mi rabia. Son una bola de mentirosos. Ponen información falsa en su página web. Sí acudí a ese centro de salud es porque venía en su lista de lugares autorizados. Incluso tengo la captura de pantalla que lo demuestra. Tal parece que mi último recurso es acudir a la Comisión de Seguros de Texas e iniciar un reclamo. Más papeleo, más burocracia, con lo que me gusta. Lo peor de todo es que yo soy el único afectado porque ese centro de salud me sigue cobrando. De hecho me volvió a caer otro cobro este fin de semana. Si no pago, tarde o temprano van a pasar mi deuda a un despacho de cobranza y me van a reportar a buró de crédito. La verdad no sé qué hacer. 

Para que vean que no todo es miel sobre hojuelas en EE.UU. En México nunca tuve problemas con Cablevisión de la dimensión que los tengo con Comcast. Este último es una de las máquinas de joder más efectivas que existe. Te enganchan con precios promocionales, te amarran con contratos, te aumentan tu tarifa de la nada, no respetan contratos y después ya no hallas cómo zafarte. Y todo lo hacen porque pueden, porque la ley se los permite. Igual como la ley permite a las aerolíneas modificar sus tarifas a su antojo, igual que muchas otras cosas más.

Y la salud es puro negocio aquí. Por eso muchas personas quieren trabajar en estas áreas, porque se gana muy bien. Claro, ¿cómo no va a ser así si aquí por cualquier cosa te quieren cobrar un ojo de la cara? Y las aseguradoras son todas unas buenas para nada. Son unos usureros, unos aprovechados de lo peor. Pero volvemos a lo mismo, lo hacen porque la ley se los permite. Las leyes están diseñadas para beneficiar a las corporaciones, a los ricos, a los poderosos. A los demás mortales que nos parta un rayo.

Y ustedes, amigos, ¿qué experiencias han tenido al respecto? Au revoir!


domingo, 11 de junio de 2017

Eso no estaba en mi contrato

"Deberías agradecer que tienes un trabajo" me parece una frase demasiado simplista y hueca. Sobre todo, porque quien la dice muchas veces habla sin conocimiento de causa o lo hace porque considera que exageras cuando hablas sobre tu trabajo. Puede que haya un dejo de verdad, considerando que actualmente es muy difícil encontrar un empleo. La población mundial ha aumentado mucho desde la segunda mitad del siglo pasado, la esperanza de vida es mayor, hay más facilidad de acceso a la universidad, hay más competencia en el mercado laboral, etc. Antes, tener una carrera universitaria era muy útil para encontrar un empleo. Ahora no es garantía. De ahí que muchos profesionistas tengan que subemplearse para sobrevivir en un mundo que querían comerse cuando se graduaron de la universidad. Muy bien decían mis profesores que el mundo real estaba allá afuera, que nos toparíamos con cosas nuevas en las empresas en las que fuéramos a laborar. Vaya que es verdad. Son golpes que te da la vida. Es frustrante darse cuenta que muchas veces más que una preparación profesional lo que verdaderamente importa es "tener palancas" o "hacer favores personales" (por no decir otra cosa). Vale un comino que te hayas graduado con honores, que seas una persona preparada, etc. Las empresas ahora buscan a recién egresados que estén dispuestos a ganar una miseria a cambio de venderle su alma al diablo. Adiós prestaciones, adiós estabilidad laboral. Y todo es culpa de los millennials. Qué conveniente.




Estás a merced de tus superiores. Parece que no entienden que uno tiene una vida fuera de la empresa. Olvidan que antes que empleados somos personas que desempeñamos otros roles. Pero la mayoría de las veces sólo ven lo que les conviene. Si llegas temprano y te vas tarde no pasa nada, pero intenta irte a la hora que se supone es la hora de salida y eres un villano. Eres un pecador de lo peor. Hay mucho trabajo, muchos pendientes que sacar. Uno no puede (o no debe, según ellos) darse ese lujo. El tiempo es dinero (para ellos). Porque hasta eso, en muchos empleos ni siquiera pagan tiempo extra, argumentado que eres "empleado de confianza". Así que jódete. Agradece que tienes un empleo y cierra la boca. Tienes que traer la camiseta bien puesta y esto implica sacrificar tiempo personal, soportar situaciones más que difíciles y demás peripecias inefables. Aprende a ver y callar. Si te quejas, eres un inconforme, un revoltoso. Te arriesgas a que no te den una carta de recomendación cuando la solicites. Por eso las cartas de recomendación me parecen muy arbitrarias. Cuando solicitas un nuevo empleo, es común que te pidan una. El problema es que si a tu jefe anterior no le caíste bien o no le agradó algo que hiciste, no va a hablar bien de ti. Porque para esas cosas sí que tienen buena memoria. No importa que tu desempeño haya sido bueno. Créanme.

En mi caso, me las he visto negras en los últimos meses, principalmente las últimas semanas. La empresa en la que trabajo es pequeña. Yo me encargo prácticamente de todas las cuestiones administrativas. El sobrino de mi jefe se encargaba de las cuestiones operativas. Pero él renunció hace tiempo y ahora tengo que hacer su trabajo. La verdad no me doy abasto. Ahora encima de hacer mi trabajo, tengo que hacer muchas llamadas telefónicas, contestar más emails, supervisar a más gente, salir de la oficina a hacer otras cosas, en fin. Ah, y trabajar a deshoras, porque tengo que contestar si me hablan aunque esté fuera de la oficina. Es en estos momentos que maldigo la tecnología. Gracias al Internet y los celulares difícilmente estamos ilocalizables. Tengo que partirme en mil pedazos y gestionar mi tiempo magistralmente. Si antes tenía que priorizar actividades, ahora tengo que hacerlo mucho mejor que antes. El estrés está a mil, vivo tensionado y hasta he tenido pesadillas con mi trabajo (aunque no lo crean). He tenido que desempeñar roles que son totalmente opuestos a mi personalidad. Sí he aprendido algunas cosas, no lo voy a negar. Pero cuando me habían entrevistado me habían dicho una cosa y ahora la situación es totalmente diferente. De haber sabido, posiblemente no habría aceptado el empleo. Yo soy una persona de oficina. No me gustan esos empleos en los que uno tiene que andar saliendo y hacer y recibir llamadas a cada rato. No me gusta tener que lidiar con tanta gente, al menos no en la posición en la que me encuentro.




Lo malo de todo es que no ha habido un aumento de sueldo. Todo mundo me ha dicho que lo pida y sí lo he contemplado. Pero para ser honestos, me da un poco de miedo hacerlo. Conozco a mi jefe. Es buena persona, pero tiene un carácter algo difícil. Y ya me sé de memoria lo que me va a decir. Y tampoco puedo cambiarme de trabajo por el momento. Me he visto tentado a hacerlo, pero he aprendido a no ser tan impulsivo. Como esta semana por ejemplo, que tuve roces (más que eso) con una tipa de una empresa con la que estamos trabajando en un proyecto conjunto. Según es jefa de proyectos o algo así (aunque si la ves con un rebozo en una esquina, pasa desapercibida) y toda esta semana se ha dedicado a fastidiarme. Es de esas personas que no desaprovechan la más mínima oportunidad para hacerte ver mal. Copian a medio mundo en los mails para que sean testigos de lo que hiciste. Y todo se debió a unos reportes que le envié. En esos reportes debo incluir datos y fotos sobre la promoción que estamos trabajando. Pero según esta tipa, "mi reporte era deficiente". Así que tuvo a bien enviarme un ejemplo de un "reporte competitivo" para que lo tome como referencia (copiando a medio mundo, claro está). No encuentro las palabras para describir el reporte que recibí. No sé qué entiende esa mujer por competitivo. Todo el meollo del asunto era que quería más fotos. Su reporte no contenía datos y el formato era tan básico que lo puede hacer cualquier niño de primaria. Quería decirle hasta de lo que se iba a morir, pero no debo ponerme al tú por tú. Así que a practicar la tolerancia y diplomacia. Lo que más coraje me da es que todo esto pasa porque nos falta gente, no por incompetencia de parte mía. Yo no puedo con todo. Trato de hacer lo mejor que puedo, pero aún así no es suficiente. Y yo soy el que queda mal, no mi jefe. Y él como que minimiza la situación y me dice que les dé por su lado, pero no se trata de eso.  Quiere abarcar todo, pero aprieta poco por lo mismo. Tenemos 3 proyectos muy demandantes, el cliente quiere una cosa, mi jefe lo hace a su manera y yo soy el que sale perjudicado.




No conforme con todo lo anterior, mi jefe (también dueño de la empresa) quiere abrir un negocio totalmente diferente a nuestro giro. No pudo haber escogido peor momento. Si tuviéramos más gente, no diría nada. Pero éste no es el caso. A mí me toca todo el paquete y las horas no son suficientes. Aunado a esto, ya me dijo que tendré que trabajar en fines de semana por lo cual tendremos que modificar mi horario. Además, tendré que trabajar más en campo, lo cual ya dije anteriormente, me desagrada bastante. Entiendo que los cambios son parte normal de cualquier empresa, pero esto es muy radical. Tengo que desempeñar funciones para las cuales no fui contratado y que no van conmigo. 

Por lo pronto, tengo que "hacer de tripas, corazón" y dar mi mejor esfuerzo. Hay muchas cosas desagradables, sobre todo personas con las que tengo que lidiar, pero es inevitable. Y ustedes, ¿cuáles han sido sus experiencias? Au revoir!

domingo, 4 de junio de 2017

Crónica de un viaje relámpago

Es irónico que dos ciudades estén tan cerca y tan lejos a la vez. En este caso me refiero a Houston y Monterrey. Aprovechando que el pasado fin de semana fue puente en EE.UU., fui a Monterrey como acostumbro hacerlo cada que tengo oportunidad. Solía viajar en autobús, pero la verdad es que es muy cansado y ya no lo aguanto. Ahora prefiero hacerlo en avión. Es un poco más caro, pero realmente no es mucha la diferencia considerando que los pasajes de los autobuses han aumentado bastante en los últimos años. Y obviamente el factor tiempo también entra aquí. En cuanto a vuelos, la opción más económica es VivaAerobus, muy a mi pesar. Aunque ya ven que dicen que lo barato sale caro. 




Bueno, pues les cuento que esperaba este viaje con mucha expectativa. La última vez que había ido era en enero de este año. Antes iba más frecuentemente, pero ya no puedo hacerlo tanto como quisiera porque me faltan tiempo y dinero. Además, recuerden que aquí en EE.UU. no hay tantos puentes y las vacaciones no son obligatorias por ley. Estamos a merced de nuestras empresas. Debo confesar que me dan un poco de envidia mis amigos de Monterrey, ya que ellos llevan 4 puentes en lo que va del año y yo apenas 1. ¿Quién me manda, verdad?

Viernes. Mi vuelo estaba programado a las 9:20 p.m. Siempre procuro llegar con 2 horas de anticipación cuando es un vuelo internacional. Así que tomé mi tiempo. Pedí la salida de mi trabajo media hora más temprano, pasé a mi casa por mi equipaje, cené algo para aguantar y me fui. Últimamente dejo mi carro en el estacionamiento del aeropuerto y tomo el camioncito que te lleva a la terminal. Posteriormente, llegué al mostrador de Viva. Ya había fila, eran como 10 personas delante de mí. Me dieron mi boleto y documenté mi equipaje. Luego me dirigí al área de revisión donde se encuentra el nunca bien ponderado TSA. Como era de esperarse, la fila era larga. Siempre es así cuando hay puente. Y los agentes del TSA no se caracterizan precisamente por su rapidez. Afortunamente no hubo contratiempos. Lo único molesto fue fletarme 1 hora en la fila, pero qué remedio. Después me dirigí a la sala de espera. Después de un rato, se acercan al mostrador dos empleadas de la aerolínea. Supuse que iban a comenzar el abordaje, pero ¡oh, sorpresa! ¡Habían sobrevendido el vuelo! Supuestamente, tuvieron que cambiar de avión de último minuto y este otro tenía menos capacidad. Por lo cual solicitaban 5 voluntarios que quisieran cambiar su itinerario. Obviamente, nadie se ofreció. El personal de la aerolínea dijo que no podíamos comenzar a abordar si no se ofrecían los 5 voluntarios. Incluso dijeron que se podía cancelar el vuelo. La gente se comenzó a molestar y desesperar. Estuvimos más de 1 hora estire y afloja. Y es que esta gente de Viva de veras que es tacaña. No ofrecían ninguna compensación ni nada, solamente cambiarte el vuelo a otro día. Ofrecían cambiar para el vuelo del domingo, pero la mayoría teníamos que regresarnos el lunes para trabajar el martes. Total, después de 1 hora anunciaron que como nadie se ofreció de voluntario, iban a seleccionar a las últimas 5 personas que se habían registrado. Comenzamos a abordar y despegamos casi 2 horas después de lo previsto. Ya sabía yo que Viva tenía fama de retrasar los vuelos y también sabía que esto de la sobreventa es algo común en todas las aerolíneas, pero nunca me había pasado. Me parece abominable esta práctica, pero las aerolíneas lo hacen porque la ley se los permite. Hablaré sobre este tema en una publicación futura.

Llegué a Monterrey y tuve que tomar un camión que te lleva de la terminal C a la A. Luego me dirigí al área de migración. La fila para mexicanos era mucho más larga que otras veces. Por lo regular cuando viajo, la fila de extranjeros es más larga que la de mexicanos, pero esta vez no fue así. En fin, llego con el agente, me hace un par de preguntas y me deja pasar. Ahora a recoger el equipaje. Afortunadamente, esta vez mi maleta no se tardó mucho. Casi siempre soy de los últimos. Tengo esa maldita suerte. Bueno, pues recogí mi maleta y ahora a pasar por la aduana. Me tocó luz verde, así que pasé sin dificultad. A la salida me estaba esperando mi amiga. Ya estaba toda desesperada jeje. Pero ya le había avisado por Whatsapp que estaba teniendo problemas y que iba a llegar tarde.




Sábado. Después de dormir por unas horas, me levanté descansado y listo para comenzar el día. Había decidido previamente que me trasladaría en transporte público solamente (ando en situación austera). Lo primero que tenía que hacer era recoger una credencial. Me fui a la avenida a esperar el camión. El maldito se tardó más de media hora. Pasaron varios camiones y taxis, pero el camión que yo esperaba nomás no. Finalmente pasó el camión y me subí. Llegué a mi destino y afortunadamente no me tardé mucho. Ahora a mi cita con la doctora. Ya hace tiempo que quería consultar con la otorrinolaringóloga que me había atendido antes, porque recuerden que el sistema de salud aquí en EE.UU. es algo deficiente y caro. Salí de la consulta y me fui a la farmacia a surtir la receta. En el camino me encontré a un excompañero de la universidad que estoy casi seguro que me vio pero se hizo el indiferente, por lo que yo hice lo mismo. Surtí mi receta y a esperar otro camión. Ahora a la estética. Me gusta cortarme el cabello en Monterrey porque acá simple y sencillamente no he encontrado a alguien que me satisfaga. Hasta ese momento no había comido nada por lo cual moría de hambre. Fui a una fondita que está al lado de la estética. Venden comida riquísima. Después de comer, me regresé a la casa en camión. En el camino llegué a comprar un galón de agua porque no teníamos en la casa.

El calor estuvo insufrible. Desde la mañana se sentía un bochorno espantoso, sentía que me sofocaba. A pesar de que el termómetro registraba 35 grados, yo creía que estábamos a 40. Apenas sales de bañarte y ya estás sudando. Pff. Ya me había bañado en la mañana, pero regresé todo acalorado a la casa. Me bañé otra vez y me encerré en mi cuarto con el minisplit. Solamente lo prendo por un rato porque aquí la electricidad es muy cara. Había hecho planes de ir a cenar con unas amigas. En esta ocasión de plano descarté ir en camión. Le llamé a un Uber y me fui. Llegúe al punto de encuentro y ya estaban ahí mis amigas. Siempre es un gusto verlas, desde que las conocí en la universidad. Comimos muy rico, nos tomamos unos coctelitos y platicamos muy a gusto. Muy ricas las alitas de Las aliadas, se las recomiendo. Después fuimos a Beer for us donde tienen gran variedad de cervezas y vinos internacionales. Probé una cerveza belga y me gustó mucho. Y para rematar fuimos a Mille Délices a comer unos ricos postres. Aunque llegamos casi para cerrar y ya nos andaban corriendo jaja.

Domingo. Me levanté temprano porque tenía mi conversación semanal en francés con un amigo en Skype. Después almorcé unas gorditas que habían llevado el día anterior. Se habían comido todas las de picadillo y solamente me dejaron de deshebrada. Ni modo. Estuvimos mi familia y yo matando el tiempo en la casa y nos fuimos a comer unos mariscos. Siempre aprovechamos para hacerlo cuando vamos a Monterrey. Para esto ya había hecho planes con una amiga para ir a la Cineteca. Llegué un poco tarde (el tránsito), pero alcanzamos a ver 2 películas muy padres (aunque la segunda nos dejó un poco pensativos). Como ese día el equipo local jugaba la final, el parque donde se encuentra la Cineteca estaba solo, como casi nunca lo había visto. Estuvo bien. Después fuimos a cenar a un restaurante muy bonito que se llama El lingote y la comida estuvo muy rica. Ah, ¡pero la plática estuvo mejor! Platicamos de tantas cosas y el tiempo se pasó rapidísimo. Me encanta platicar con esta amiga porque compartimos inquietudes y gustos. Podemos hablar de cine, literatura, teatro, en fin. Casi no conozco a nadie con quien pueda platicar de estas cosas. Lamentablemente se nos acabó el tiempo y nos tuvimos que despedir.

Lunes, último día. Hora de regresar. La mañana se me fue rapidísimo. Entre vueltas de último minuto se me hizo mediodía. Ordené comida a domicilio y la verdad no me gustó mucho. Hice mi maleta, me metí a bañar y le hablé a un Uber para ir al aeropuerto. Al llegar al mostrador de Viva vi la larga fila que me esperaba. Nunca hay tanta gente cuando voy, pero supongo que ahora la gente sí quiso llegar temprano por eso de la sobreventa. Total, me dieron mi boleto, documenté mi equipaje, pasé por revisión y me dirigí a la sala de espera. Abordamos a tiempo y llegamos a Houston. De regreso a la triste realidad. A dormir porque hay que trabajar al día siguiente.




Cada vez que voy a Monterrey me invade la nostalgia. Me da tristeza llegar a la casa y darme cuenta de que mi abuelita ya no está ahí. Se me vienen los recuerdos de la infancia y adolescencia. Recuerdo a mis primos y a mis amigos. Es como si el tiempo se hubiera detenido, como si sólo hubiera despertado de un sueño. Pero no. Han pasado muchos años y ya no soy el mismo. No sé si soy mejor o peor. Sólo sé que me esfuerzo cada día por sobrevivir en este mundo cruel. Espero poder regresar un día a la tierra que me vio nacer. Mientras tanto, esperaré con ansias cada puente, cada oportunidad para ir. No tengo más opción por el momento.

domingo, 21 de mayo de 2017

Puras pavadas

Esta semana terminé de leer un libro que es considerado una obra maestra. Escrito por un argentino a mediados del siglo pasado. Clasificado como antinovela y sobresaliente por innovar la literatura. Un referente de la literatura latinoamericana. Su título alude a un juego de niños. Sí, hablo de Rayuela.





De entrada, me parece una fantochada el hecho de que el libro no tiene un orden de capítulos. Para los que no lo han leído aún, según los expertos y el mismo Cortázar existe más de una manera de leerlo. Primeramente, leyendo los capítulos en orden lineal hasta el capítulo 56. Si lo hace uno así, prescindes de los capítulos que siguen. En segundo lugar, se puede leer siguiendo un tablero que aparece al principio del libro. Y por último, lo puedes leer como te dé tu regalada gana.

En cuanto a los personajes, su protagonista me parece la persona más antipática del mundo. Horacio, un argentino en su cuarta década, "intelectual", radicado en París pero que no hace nada más que tomar mate, fumar y contradecir a los demás. Tiene una relación un tanto extraña con Lucía, la Maga. Ambos forman parte del Club de la Serpiente, un grupo de wannabes. Sus discusiones pueden ser de lo más triviales hasta cosas más profundas, pero en un tono francamente insoportable. No sé por qué se llamará así el club, me imagino que porque todos son unas víboras que no se soportan el uno al otro y solamente se critican. En fin, me da igual.

Cortázar es un esnob en toda la extensión de la palabra. Hay un capítulo entero donde se la pasa hablando de jazz. Si no conoces de canciones y músicos de este género, esta parte te va a resultar aburridísima. Se ve que esta parte sólo la incluyó Cortázar para demostrar sus conocimientos y afición por el jazz. Ya me los imagino a todos los personajes fumando, emborrachándose y escuchando música melancólicamente, llorando, discutiendo, recordando.

¡Y qué obsesión tenía con utilizar palabras extranjeras! En una misma oración te incluía inglés, francés y español. Eso sin contar con las expresionas en latín. Entiendo que en la literatura es normal que los autores usen palabras de otros idiomas, pero no al grado que lo hizo Cortázar en este libro. Era una mezcolanza innecesaria. Cosas que no tenían sentido además. No tomo en cuenta los argentinismos, los cuales abundan a lo largo del libro. No me agradan, pero es común incluir regionalismos dependiendo del lugar de origen del autor. Imposible de erradicar.

El ritmo del libro me parece insufrible. Me parece lento a más no poder, soso, con situaciones bizarras, difícil de seguir en ocasiones. Hay unos cuantos capítulos que se salvan como el capítulo en el que Horacio conoce a una pianista frustrada y la segunda parte del libro donde aparecen sus amigos Traveler y Talita. Estos últimos dos hacen la novela un poco más llevadera, porque lo que es la primera parte con los del club es lo más soporífero que he leído. ¿Y qué decir de los capítulos prescindibles? Otra "genialidad" de Cortázar. Un capítulo cortísimo seguido de otro mucho más largo. No tienen ninguna relación entre sí. Aunque la mayor parte se trata de un tal Morelli, el cual muchos dicen que es el alter ego de Cortázar, lo cual tiene sentido. Ya nada más leía Morelli y me daban ganas de aventar el libro por la ventana.

Más de una vez pensé en dejar de leer este libro. Me daban ganas de quemarlo, de tirarlo a la basura, de desaparecerlo de sobre la faz de la tierra. Pero lamentablemente, no es mi estilo. Si comienzo a leer algo y descubro que no me gusta, sigo hasta el final. No me gusta dejar las cosas a medias. Me gustaría ser un lector promiscuo, pero no puedo. Por eso trato de escoger cosas que sé que me van a gustar, aunque es un poco impredecible. A veces un libro se ve promisorio, pero me llevo una sorpresa desagradable al final.

Quise saber si fui el único al que no le gustó Rayuela. Así que me puse a buscar en Internet y tal parece que todos idolatran este libro. Me atrevería a asegurar que el 99% de las reseñas eran positivas. En Goodreads y otros foros literarios, la gente se vuelca en elogios hacia Cortázar y su obra. Son muy pocos los que comparten mi opinión. Me pregunto si el que está mal soy yo porque si a la mayoría le gusta es por algo. Aunque no necesariamente debe ser así. No puedo decir que esta obra está sobrevalorada porque este término es muy subjetivo al igual que la apreciación del arte. Lo que sí puedo decir con todas sus letras es que no me gustó y que difícilmente lo volvería a leer para un segundo análisis. Lo siento.

Unos califican a Cortázar como presuntuoso, mientras que otros lo defienden alegando que todos los autores lo son en mayor o menor grado. Esa obsesión de hacer alarde de sus gustos por el jazz, los idiomas y otros aspectos culturales. Y eso de hablar sobre él mismo en el libro de una manera muy sutil. Ni cómo ayudarlo.




Según supe por ahí, Cortázar escribió cuentos buenos. No he leído ninguno o por lo menos no recuerdo haberlo hecho. Tampoco había leído ninguna de sus novelas. Decidí comenzar con Rayuela porque desde hace tiempo conocí de su existencia y quería saber por qué tanto alboroto. Tal vez debería haber comenzado con otra cosa y proseguir con Rayuela. No lo sé. Pero ahora que ya lo leí, me causó una gran desilusión. Esperaba otra cosa totalmente diferente. ¿Qué se le va a hacer?

Y ustedes, amigos, ¿qué opinan? ¿Han leído Rayuela? ¿Qué les pareció? Au revoir!

sábado, 13 de mayo de 2017

Fuera de lugar

Estadios llenos, precios exorbitantes por boletos, locura total, fanatismo, bullying, ciudades paralizadas, programas deportivos al por mayor, restaurantes y bares abarrotados de gente expectante de cada juego, gente llorando, gritos, exaltaciones, vulgaridades, banalidades, peleas. Su causa: el futbol. El rey de los deportes (aunque así se le conoce al béisbol, no sé por qué). Un deporte que divide familias, afecta planes de cualquier tipo, sobre cuyo eje gira la vida de muchas personas. Es el tema de la oficina los lunes o el día siguiente siempre que hay un juego. Es el tema principal de grupos de WhatsApp y otras redes sociales. Todos los fines de semana es lo mismo. Y peor aún cuando hay liguilla o juegos internacionales. Todo es tan insoportable a veces.




Me gusta un poco el futbol, pero no es una parte importante de mi vida. Veo con asombro cómo hay tanta gente que se apasiona por él. Todos sus comentarios en redes sociales son sobre él. Que si x equipo ganó o perdió, que el marcador fue de tantos goles, que el rival no sé qué, que el árbitro esto o aquello. Y los programas deportivos. Un verdadero suplicio. Todo esto es lo que me molesta, lo que me resulta insufrible. No hay un solo día en que no se hable de futbol. Y si tienes cable, peor aún. Tantos canales deportivos en los cuales el tema el 90% del tiempo es el futbol. Si de por si ya con los programas que hay en la televisión abierta era más que suficiente, ahora uno tiene que fletarse más programas.

Todo esto no me molestaría si no me afectara directamente, pero todo lo que digo y pienso al respecto lo hago con conocimiento de causa. Recuerdo una ocasión que era mi cumpleaños e invité a familiares y amigos a mi casa para festejar. Pero no tomé en cuenta que ese día había un maldito juego de futbol entre Rayados y Tigres (equipos locales de Monterrey) y gracias a eso algunas personas no fueron, otras llegaron tarde y las que sí llegaron a tiempo querían ver el juego. Me parece una falta de respeto que vayas a la casa de alguien y salgas con esas cosas. No te invitan a ver un juego, te invitan a un cumpleaños u otra cosa y estando en casa ajena, no puedes imponer tu voluntad. No puedes ser tan inconsciente a tal grado de modificar los planes del anfitrión a tu conveniencia. 

Otro aspecto insufrible es la enorme cantidad de programación en torno al futbol. Estoy harto de llegar a mi casa y ver esos malditos programas con sus insulsos comentaristas. Eso entre semana y los fines de semana los juegos. Escuchar los gritos de los vecinos cada vez que algún equipo anota un gol. Y el aberrante grito de ¡gooooooooooooool! en la televisión es igual de insoportable. Y no te salvas si vas a un restaurante. De hecho, ir a un restaurante cuando hay juego es impensable. Obviamente si tu intención no es ver el juego. Pero si tu intención es pasar un rato tranquilo, comer algo y platicar con tu compañía, elige un lugar donde no haya televisión.

Y gracias a las redes sociales, la gente tiene más medios para expresarse. Siempre que hay un juego veo comentarios al respecto por todos lados en Facebook y WhatsApp. Soy miembro de un grupo con excompañeros de la universidad donde el futbol es el tema principal. De haber sabido esto, probablemente no me habría unido. Todos los días es lo mismo. Memes, burlas, comentarios repetitivos, polémica barata...Por eso casi siempre desactivo las notificaciones y hasta he pensado en abandonarlo. 



Si la gente se diera cuenta de que hay cosas más importantes, más trascendentes. No me lo tomen a mal, pero a veces todo esto raya en lo ridículo. Con cierta vergüenza, debo admitir que alguna vez pagué precios algo elevados por asistir a un juego y que me dejé llevar por el "sentimiento" pero no a tal grado de llegar al fanatismo. Ahora me arrepiento porque me he dado cuenta que todo ello no conduce a ninguna parte. Los jugadores ganen o pierdan siguen cobrando un sueldo y tan felices como siempre, es un trabajo como cualquier otro. Los únicos que perdemos somos nosotros. Perdemos dinero, tiempo e ilusiones. Puede sonar trágico, pero no dista de la realidad. Por un partido de futbol, la gente es capaz de faltar a un compromiso o de llegar tarde. Por un partido de futbol, la gente es capaz de regalar su carro. Por un partido de futbol, la gente es capaz de hacer tantas cosas estúpidas. ¡Ya basta!

También me parece un poco contradictorio por parte de mucha gente que conozco que siempre critican a Televisa, la televisión abierta, el gobierno y tantos otros aspectos de la sociedad, pero a la hora de la hora están en el estadio o pegados al televisor viendo un juego. Bien dicen que al pueblo, pan y circo. Mucha de esta gente que menciono son padres de familia y como tales deberían poner el ejemplo. ¿Qué le están enseñando a sus hijos? Les están enseñando a apasionarse por algo que no vale la pena, por algo superfluo. El futbol es una mafia, no es la excepción. Es un secreto a voces que algunos partidos son amañados. El señor dinero no podía dejar de hacer acto de presencia. 




Entiendo que para algunos puede representar una ilusión. Todos tenemos ilusiones o por lo menos deberíamos tenerlas. Pero cuando todo se convierte en fanatismo, en una obsesión, estamos hablando de un problema serio. No puedes dejar que el futbol domine tu vida. Les podrá parecer exagerado de mi parte, pero pónganse a pensar seriamente sobre ello. ¿Alguna vez han tenido que cambiar sus planes por un mísero partido de futbol? Si la respuesta es sí, me estarás dando la razón.

Lamentablemente, los medios no ayudan mucho que digamos. Como dije anteriormente, hay tantos programas deportivos que la lista es interminable. Futbol las 24 horas del día. Notas en periódicos e Internet para todos. Las redes sociales que indirectamente echan fuego a la hoguera. Por más que uno quiera cerrar ojos y oídos, es prácticamente imposible. La única solución que veo es cambiar nuestra cultura. Tarea difícil, cierto, pero no imposible. Comencemos por enseñarle a nuestros hijos las dimensiones correctas de las cosas. Concientizarse de que todo no es más que un juego. Que no se convierta en una religión como en Argentina y a últimas fechas en México.

Bueno, amigos, es todo por hoy. Me retiro a descansar que ha sido un día un poco ajetreado. Au revoir!