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sábado, 27 de abril de 2019

Lo desgastante de tratar con clientes

No creo que nadie en su sano juicio escoja un trabajo de atención a clientes por gusto. Tratar con clientes es meterse en camisa de once varas. Ahí verdaderamente aprendes a amar a Dios en tierra de indios. Lo que les diga es poco comparado con lo que sucede en realidad. No digo que los agentes sean todos unas peritas en dulce, pero muchas veces la llevan sin deberla ni temerla. Si lo sabré yo. Como ya les he contado antes, en mi trabajo actual tengo mucho contacto con clientes por teléfono. Obviamente no es mi única función, pero si es una parte importante de mi trabajo muy a mi pesar. Esta semana, por ejemplo, se me hizo larguísima y estuvo horrible a causa de mis nunca bien ponderados clientes. Y lo peor de todo es que son situaciones que están fuera de mis manos. La mayoría de las veces me encuentro entre la espada y la pared y ni para donde hacerse. Bueno, pues les contaba que esta semana estuvo horrible. Bueno, en realidad, las últimas dos o tres semanas, la verdad ya perdí la cuenta. Para empezar, hay una clienta con la que de plano no puedo comunicarme. No contesta mis llamadas ni mensajes. Cuando por fin logré comunicarme con ella y agendamos una cita, mi jefe me dijo que íbamos a tener que reprogramarla por un contratiempo que surgió. La clienta obviamente se molestó muchísimo y quedó de hablarme después para decirme cuándo iba a estar disponible. Es fecha que todavía no lo hace.






Si tratar con clientes es difícil, a eso súmenle trabajar con tiempos. De veras que la logística es muy estresante. Trazarle la ruta a un grupo de técnicos, por más pequeño que sea el grupo, puede ser verdaderamente complicado. No solamente debes tomar en cuenta el tiempo que pueda tomar la visita dependiendo del problema, sino también los tiempos de traslado. Y actualmente en Houston las calles son un caos. Dejando de lado el tráfico habitual, actualmente hay construcción por todos lados, lo cual complica la situación aún más. Pero eso a los clientes les vale un pepino. Todos quieren ser primero. No falta el insensato que quiera una hora específica y les tienes que explicar que se trabaja con rangos de tiempo. Es imposible llegar a una hora exacta a una cita porque la cita anterior pudo tomar más tiempo del estimado, hubo un accidente/cierre vial en el camino o qué sé yo. 

Y luego están los clientes con horarios complicadísimos. Los matrimonios jóvenes, por ejemplo, es muy común que trabajen los dos y que solamente estén disponibles muy temprano, muy tarde o solo fines de semana. Incluso algunos solamente están disponibles a la hora de la comida. Hay unos que se adaptan y tratan de trabajar contigo, pero hay unos que se ponen bien intransigentes. Recuerdo a una agente de bienes raíces (qué raro) que decía que solamente estaba disponible de 9 a 11 de la mañana. Así que nosotros teníamos que arreglárnosla para ir a su casa a esa hora. No lo dijo explícitamente, pero nos lo dio a entender. Es de esas personas que aunque no las conozcas en persona te caen mal nada más de oír su voz. 

Hay clientes que tienen la maldita costumbre de nunca contestar el teléfono. Les hablas una o dos veces al día y no te regresan la llamada. Pero aún así, hay algunos que tienen el descaro de decir que nadie les hablado, que nadie les dejó ningún mensaje y se hacen los ofendidos. ¿Y qué se puede hacer en estos casos? Es tu palabra contra la suya. Ya me han tocado algunos casos así. Y luego están los que solamente quieren que los contactes por mensaje de texto. Pueden tardarse horas en contestarte. Lo que más mal me cae es que no te contestan cuando les hablas y luego hasta parece que se ponen todos de acuerdo para hablarte a la misma hora.

No podemos dejar de mencionar a los clientes impuntuales. Esta semana me tocó un cliente que nos pidió que le habláramos por lo menos veinte minutos antes de ir a su casa. Según esto trabaja cerca de su casa y se iba a dar una escapadita. Bueno, pues le hablamos como cuarenta minutos antes y le dijimos que el técnico iba a estar a tal hora en su casa y él dijo que estaba bien. ¿Pues qué creen? Llegó el técnico y no había nadie. Le hablo al cliente y me dijo que llegaba en treinta segundos. Así literal. Pues no llegó. Así que el técnico se fue. Ah, porque no les había dicho, pero el técnico es mi jefe. Bueno, pues me habla el cliente enojado, que dónde estaba el técnico y le dije que se tuvo que ir. El técnico, o sea mi jefe, me dijo que ya no iba a regresar y que lo reprogramáramos. El cliente se enojó mucho, pero yo no podía hacer nada. Donde manda capitán, no gobierna marinero.





Los afroamericanos tienen fama de impuntuales. Pensaba que se trataba de un estereotipo, pero tal parece que no es así. Ya me han tocado varios casos en los que no llegan, incluso cuando les hablas para avisarles que ya vas para su casa, dicen que están a la vuelta de la esquina, que llegan en cinco minutos, que hay gente en la casa cuando no es cierto y demás mentiras. Ah, pero que no llegues tú tarde porque se ponen fúricos. Es muy complicado trabajar con ellos.

Esta semana me tocó tratar con una clienta que estaba furiosa porque se estrelló la carátula de vidrio de su placa de cocción (cooktop). Era inevitable que eso sucediera porque le habían puesto pegamento en las orillas a más no poder. Se le advirtió a la persona que estaba ahí del riesgo y la persona en cuestión aceptó. Pero como ella no era la dueña, pues que nos habla la dueña bien enojada para reclamarnos. Lo peor del caso es que la compañía de garantías se lavó las manos y nos dejaron morir solos. Cotizamos la pieza y cuesta poco más de USD 300. Le preguntamos a la clienta si estaba dispuesta a correr con el 50 % y dijo que no, que nosotros teníamos que cubrir todo porque había sido nuestra culpa. Así que en esa llamada no solamente no vamos a ganar sino que le vamos a perder. Gajes del oficio. 

Cuando recibimos un recall, algo así como segunda llamada, es decir, ya fuimos y arreglamos un aparato, pero el cliente vuelve a hablar porque sigue teniendo problemas, me dan ganas de seguir corriendo. Solamente esta semana recibimos dos o tres. Hay un lavavajillas y un microondas que nada más no quieren quedar. Ya fuimos como tres veces con cada cliente y no se ha podido resolver el problema. La cosa se complica aún más cuando hay que reemplazar una pieza que está prácticamente descontinuada porque por si no lo sabían, hay aparatos muy viejos para los cuales es difícil conseguir refacciones. Ah, y muchas veces cuando hablan los clientes no se trata del mismo problema sino de uno diferente. Pero gánales. Hay unos que creen saber más que el técnico.

Si yo les contara todo lo que me ha tocado ver...clientes impuntuales, morosos, mitómanos, energúmenos, delicados, exagerados, exigentes, intransigentes, entre muchos otros. Afortunadamente no tengo que lidiar con ellos en persona, pero con hacerlo por teléfono me basta y sobra. Hay veces en que el maldito teléfono no para de sonar. Los lunes sobre todo que es mi día más ocupado. Tengo varios mensajes en la contestadora y correos electrónicos que responder y a veces el tiempo no es suficiente. Hay momentos en los que me dan ganas de aventar la computadora y el teléfono por la ventana. Tratar con clientes es muy estresante y desgastante. Debes desarrollar una asertividad sobrehumana y poseer una inteligencia emocional excepcional. Dicen que no debes tomarte las cosas de manera personal, pero yo no puedo. ¿Cómo se supone que te lo debes tomar entonces? ¿Animal? ¿Vegetal? Estoy consciente de que uno debe mantener un nivel de profesionalismo y no ponerte al tú por tú con el cliente, pero uno tampoco es de palo para aguantar tanto. Tanto va el cántaro al agua... 




Hay muchas cosas que los clientes no ven. Muchos no entienden ni quieren entender que a veces hay contratiempos y que hay cosas que no están bajo nuestro control. Mientras más intermediarios haya, más complicado es todo el proceso. De entrada están las compañías de garantía de por medio que son quienes aprueban o niegan los reclamos, pero también hay propietarios de edificios/casas, gerentes, arrendadores, agentes de bienes raíces y distribuidores de refacciones de por medio que muchas veces entorpecen las cosas. El más mínimo error puede tener un impacto importante en el proceso. Pero a los clientes les vale. Como yo soy el punto de contacto, a mí es al que me reclaman. Muchas de las llamadas teléfonicas que recibo son demandas o quejas de clientes y ya me tienen harto. Todo mundo tiene problemas y con los míos tengo más que suficiente. Esta semana me sentí sumamente agobiado y aturdido, por decir lo menos. Me siento tan cansado emocionalmente que no tengo ganas de hacer nada, de salir ni hacer las cosas que me gustan. Nada es suficiente para contrarrestar los malos ratos que paso en el trabajo. Por eso digo que nadie en su sano juicio puede escoger un trabajo de este tipo. Hay clientes sumamente tóxicos, aunque suene cliché y literalmente te roban la energía. Créanme que en mi caso no tuve más remedio, pero no sé cuánto tiempo vaya a aguantar. En fin, amigos, y ustedes ¿qué experiencias tienen al respecto? ¿Qué opinan? Au revoir! 




domingo, 21 de abril de 2019

Cosas que no entiendo de los gringos, parte 2

En estos últimos días estuve pensando sobre qué escribir y me vinieron a la mente un montón de temas, pero como la última vez escribí sobre las cosas que no entiendo de los gringos y ya había contemplado hacer una segunda parte, pues opté por hacer esto último. A continuación más cosas que no entiendo de nuestros rubios amigos:

  • Su renuencia a adoptar el Sistema Métrico. Prácticamente todo el mundo utiliza el Sistema Métrico, excepto nuestros amigos gringos que se aferran al Sistema Imperial. Por más conveniente que sea el primero, los gringos no se convencen y prefieren su sistema de medición a pesar de que es un poco más complicado. Es mucho más fácil y práctico basar un sistema de medición en múltiplos de diez, en lugar de octavos, pero no, gánales. Alguna vez leí por ahí que según no cambiaban el sistema porque los fabricantes de maquinaria industrial se oponían argumentando los grandes costos en los que tendrían que incurrir para ejecutar tales cambios y utilizaron su influencia política para bloquear las iniciativas que se han presentado al respecto. No sé qué tan lógico sea esto o siquiera si sea verdad, pero es algo que verdaderamente no entiendo. En lo personal lo atribuyo más a un aspecto cultural en el que nuestros amigos blancos quieren sentirse diferentes al resto del mundo. No lo sé, puede ser.

  • Su liberalismo y mojigatería paralelas. En este país se oye mucho hablar de libertad, la cual incluye desde luego la libertad de expresión. Pero muchas veces los límites de esta libertad no están bien trazados o son ambiguos. Hay una línea muy fina que divide a la libertad de expresión de la falta de respeto o intolerancia hacia los demás. Hay muchos grupos dentro de la sociedad que son considerados como vulnerables y se trata de llevar una relación cordial o diplomática con ellos. Pero a mi parecer acá caen en la exageración. Si ustedes han visto televisión en EE. UU. podrán darme la razón. La censura está al por mayor. ¿Pero cómo? Si EE. UU. es un país de primer mundo y eso no tiene cabida ahí. Pues no, señores. En su afán por complacer o no ofender a ciertos grupos de la sociedad en este país, se abusa de la censura. Por ejemplo, me ha tocado ver programas mexicanos en EE. UU. y varias veces censuran alguna palabra o frase o de plano cortan la escena restándole gracia a la misma, todo porque el guion incluye palabras como: gordo, negro o demás cosas por el estilo y son cosas que no pueden salir al aire porque se van a molestar la comunidad x o y. Por todo se ofenden aquí.





  • ¿Por qué festejan el 5 de mayo? Ni siquiera en México es tan festejado, si acaso en Puebla, pero más que fiesta o celebración se trata de una conmemoración de la batalla de Puebla. Para muchos mexicanos pasa de noche. Acá en EE. UU., por el contrario, hacen mucha faramalla. Muchos gringos incluso creen que se trata de la independencia de México. Nada más lejano a la realidad. Pero el caso es que acá es un acontecimiento importante, no tanto por los eventos del siglo antepasado sino por la fiesta. Y es que en ese día los gringos beben a más no poder. Utilizan el 5 de mayo como una excusa para emborracharse. 

  • Su cultura del trabajo. EE. UU. es el segundo país del mundo desarrollado donde la gente trabaja más horas que el resto, solo superado por Japón. No sé si el ranking haya cambiado, pero al menos así era cuando lo vi. En todo caso, es un hecho que los gringos trabajan demasiado. Los gringos tienen una mentalidad de "trabajar, trabajar y trabajar.". Muchos se enojan cuando no les dan horas extras. Mucha gente no falta al trabajo aunque esté enferma. La licencia de maternidad es prácticamente desconocida para los gringos. Las pobres mujeres tienen que ir al trabajo prácticamente hasta que estén listas para dar a luz. El número de días festivos es irrisorio de igual manera. La ley no marca la obligatoriedad de días festivos o de vacaciones para la población económicamente activa; están a merced de la caridad de sus patrones. 



  • Su obsesión con el futbol americano. Así como no entiendo el alboroto que hacen en otros países por el futbol ( o soccer como lo conocen acá), tampoco entiendo la popularidad de este deporte en EE. UU. Se me hace un deporte aburrido y demasiado trabado. En el futbol por lo menos hay más acción, pero en el americano todo se me hace muy lento. No obstante, los bares y restaurantes se llenan cuando hay algún juego y qué decir del Superbowl. Este deporte es tan popular que incluso los juegos de equipos universitarios son transmitidos por televisión. 

  • La omnipresencia de la bandera estadounidense. Los gringos son muy patriotas o por lo menos eso me parece. Y es que los que viven en este país o hayan estado de visita podrán comprobar lo que escribo: la bandera la ves hasta en la sopa. No solamente la puedes ver en oficinas de gobierno o escuelas, sino incluso hasta en empresas, negocios o casas particulares. Es más, hasta en los calzones la puedes ver. Existe una infinidad de productos que lleva la bandera estampada. No sé si se trate de un orgullo natural o nacionalismo exacerbado, pero así son las cosas en este país. 




  • Litigios al por mayor. El gringo te puede demandar hasta por las cosas más ridículas. Pero no solo eso, sino que puedes ver una infinidad de abogados anunciándose por televisión o en panorámicos en la calle. Abogados de inmigración, fiscales, laborales, civiles, entre tantos otros, ofrecen sus servicios por todos lados. Nada más para que se den una idea: hace poco hubo una explosión en una fábrica química en un poblado en las afueras de Houston y casi inmediatamente ya había abogados anunciándose que si tu habías sido afectado, los contactaras. No dudo que haya reclamos legítimos o razonables, pero hay muchos otros que no lo son. El caso es que tanto las demandas colectivas como las individuales son muy comunes en este país.

  • La cantidad de correo basura. No estoy hablando de correo electrónico sino del tradicional. Es impresionante la cantidad de correpondencia que recibo en mi casa cada semana. Lo malo es que la mayor parte se trata de correo basura: ofertas de préstamos, tarjetas de crédito, publicidad, en fin. No me he dado a la tarea de contar cifras, pero son bastantes las cartas indeseadas que recibo. Hace poco llené una bolsa grande de puras cartas que iban a la basura. Me parece un verdadero desperdicio y la verdad no sé qué más hacer.  

  • Las incesantes llamadas por teléfono. Para bien o para mal, mucha información es pública. Eso incluye nuestros datos personales como el número de teléfono. Según leí por ahí, las empresas pueden comprar una cantidad inmensa de datos para fines publicitarios. Algunas son empresas legítimas, pero muchas otras no. Sin exagerar, todos los días recibía una llamada por lo menos diciéndome que debía impuestos, que debía un préstamo estudiantil o demás cosas similares. Muchas veces ni siquiera era una persona la que me llamaba sino una grabación. En un principio opté por ignorar esas llamadas y simplemente me limitaba a no contestar llamadas de números desconocidos. Pero eso no solucionó nada. Me imagino que mucha gente al igual que yo prefería no contestar llamadas de números desconocidos, por lo que los estafadores cambiaron de estrategia. Ahora te pueden marcar y en tu celular aparece un número local y te vas con la finta y contestas, pero resulta que se trata de esas llamadas molestas. Así que me puse a investigar un poco en Internet y descubrí que me podía inscribir en un registro de "No llamar". A decir verdad, no me ayudó mucho porque seguía recibiendo estas llamadas. Finalmente encontré una aplicación llamada Nomorerobo, la cual identifica este tipo de llamadas y las bloquea. Lo malo es que tengo que pagar USD 19.99 al año, pero bueno, por lo menos ya no recibo este tipo de llamadas en mi celular.  

  • El excesivo control de los medicamentos. En México si te enfermas vas al doctor y te da una receta médica, la cual puedes surtir en la farmacia de tu preferencia. En EE. UU. no es así. Acá vas al doctor y si tienes que tomar algún medicamento, el doctor envía la receta directamente a la farmacia, creo por fax, y solamente vas a recogerla. No te dan ningún papelito ni nada y no puedes comparar precios. Desde el momento en que te inscriben como paciente en algún consultorio médico, tienes que escoger una farmacia a la cual mandan todas las recetas que llegues a necesitar. Confieso que no me gusta mucho esta modalidad. Si así como controlan los medicamentos controlaran las armas, otro gallo nos cantaría.   

  • El uso extendido del fax. Al igual que los cheques, a los gringos les fascina el fax. La verdad no comprendo por qué lo siguen utilizando. En cualquier oficina de gobierno o empresa particular tienen uno. Es mucho más práctico escanear un documento y adjuntarlo en un correo electrónico, pero los gringos se montan en su macho y prefieren el fax. Muchas oficinas de gobierno incluso solamente aceptan documentos enviados por correo tradicional o fax, no aceptan correos electrónicos. Odio el fax. Me parece algo pasado de moda e inconveniente, pero hazles entender a los gringos.  

 


  


                                                     


  • El tráfico de los viernes. Pensaba que solamente en Houston sucedía esto, pero al buscar en Internet descubrí que en muchas otras ciudades de EE. UU. el tráfico de los viernes siempre es peor de lo habitual. Me parece ilógico y no lo llego a comprender, considerando que la mayor parte de la población estadounidense tiene por lo menos un auto en casa. Los viernes en la tarde siempre son una pesadilla: autos por todos lados, embotellamientos, accidentes, en fin. 

  • La falta de banquetas. No sé si sea algo propio de Houston o si también se dé el caso en otras ciudades, pero aquí hay muchos lugares donde no hay banquetas. Yo creo que por lo mismo de que mucha gente tiene auto, el gobierno no se preocupa por construirlas. Y como consecuencia, la gente tiene que caminar por la calle (la poca que camina). Si el suizo que vive en San Pedro y se quejó en redes sociales de las banquetas allá viviera aquí, no me quiero ni imaginar lo que haría. Le daría un infarto.

Bueno, amigos, hasta aquí la entrada del día de hoy. ¿Y ustedes qué agregarían? Au revoir!

viernes, 12 de abril de 2019

Cosas que no entiendo de los gringos

Bueno, como en las últimas publicaciones me la he pasado discutiendo cuestiones existenciales, hoy quiero hacer algo diferente. Dicen que cada cabeza es un mundo y, la de los gringos es cosa aparte. Para los extranjeros que vivimos en EE. UU. hay muchas cosas que nos resultan extrañas. En mi caso, no importa cuánto tiempo lleve viviendo en este país; hay una infinidad de cosas que no llego a comprender del todo, ni siquiera con la iluminación de Buda. A continuación un pequeño listado:


  • Su obsesión por las armas. Pregúntale a cualquier estadounidense y te aseguro que fácilmente el 90 % está a favor de las armas. Este tema puede generar debates acalorados y discusiones interminables. Lo digo por experiencia. La gente acá defiende a capa y espada su derecho de poseer armas y vaya si las cifras no lo avalan: en cada hogar en EE. UU. tienen por lo menos un arma. Dicen que está en la constitución, pero hacen a un lado el contexto en el que esa ley fue redactada. Actualmente me parece anacrónico, pero mucha gente dice que no. Dicen que tienen derecho a defenderse y que para eso necesitan tener armas. Me parece verdaderamente sorprendente que la gente acá siempre señala la inseguridad y los homicidios en América Latina, pero se hacen de la vista gorda respecto a los acontecimientos que suceden en este país y donde hay armas de fuego de por medio. Acá hasta en la escuela te pueden matar. Con eso de que cualquier loco puede tener un arma, no estás a salvo en ningún lugar. Y es que es muy fácil comprar armas en este país. Las venden como si fueran dulces. Por eso no es de sorprendernos tantos hechos relacionados con las armas. A pesar de las cifras alarmantes de homicidios con armas, no se ha legislado al respecto porque las armas forman parte de la cultura estadounidense. Se ha hablado sobre el tema hasta el cansancio, pero no se hace nada. Se han analizado casos de otros países donde se prohibieron las armas y los resultados favorables derivados a partir de ello, pero nada es suficiente para convencer a los gringos de que las armas deben ser restringidas.



  • La ineficiencia/nulidad del transporte público. En muchas ciudades de EE. UU. es muy difícil desplazarte de un lugar para otro si no tienes automóvil. En ciudades como Houston, donde yo vivo, es una pesadilla vivir sin automóvil. Solamente para darles un ejemplo, esta semana he estado teniendo problemas con mi automóvil. El miércoles en la noche se me empezó a calentar el auto, así que ayer tuve que dejarlo en taller. Y de ahí tuve que tomar un Uber para irme a trabajar. Sí hay transporte público, pero es deficiente, por no decir nulo. Si vives en el centro o alrededores, está bien, pero si vives en los suburbios como yo, se vuelve un verdadero caos. Cerca de mi casa no pasa nada, tengo que caminar 2 km o más para tomar el camión. Acá tienes que tener automóvil a fuerza. Me atrevería a decir que es una mafia donde las grandes marcas manejan todo y boicotean directa o indirectamente al desarrollo del transporte público en este país.

  • El sistema de salud. Como todos saben, EE. UU. es el único país desarrollado que no tiene un sistema de salud universal. Todo es privado. La salud es un vil negocio. Ya escribí sobre el tema en otra entrada anterior, así que no voy a ahondar mucho en el tema, pero me parece inconcebible que no se tomen medidas al respecto. La salud es un derecho y no debería lucrarse con ella como se hace aquí. El sistema es ineficiente, hay mucha burocracia de por medio, los costos son elevadísimos, es un círculo vicioso.

  • El costo de la educación superior. Estudiar una carrera en EE. UU. es muy caro. Te tienes que endeudar de por vida. La mayoría de la gente no tiene más remedio que pedir préstamos para pagar sus estudios. Y no estamos hablando de universidades privadas necesariamente, sino de universidades públicas. Terminas tu carrera y a pagar durante varios años. La edudación, al igual que la salud, es un vil negocio en este país.



  • Las propinas. Si hay algo que nos causa mucho conflicto a los extranjeros que vivimos en este país es el hecho de que tienes que dejar propina por todo. Aquí no solamente se espera que le des propina a un mesero de un restaurante sino también a los taxistas, estilistas, repartidores, etc. En muchos lugares la propina es obligatoria si vas en grupos de 6 personas o más. Se sabe que a los meseros no les pagan bien, pero en lugar de legislar al respecto, se fomentó la cultura de las propinas y es mal visto que no dejes una. Trataré el tema más a fondo en otra publicación.

  • La omisión de los impuestos en los precios de las cosas. Si hay algo que me choca cuando voy de compras a cualquier lugar aquí, es que no te incluyan los impuestos en el precio. En México, por ejemplo, cuando vas a cualquier tienda, el precio que ves en la etiqueta es lo que pagas. Simplemente vas sumando y te da el total de tu compra. Acá no. Acá te ponen los impuestos hasta que vas a pagar. Si por ejemplo ves algo en USD 10, vas a tener que pagar como USD 1 de impuesto. Y súmale todo lo demás. De poquito en poquito se hace una cantidad grande. No sé por qué fregados no ponen los precios finales en las etiquetas de las cosas. Según leí por ahí alguna vez, se trata de algo psicológico. Las marcas no quieren que los impuestos sean vistos como parte del precio en la mente del consumidor. Sí, claro...

  • Lo despreocupados que son por su apariencia. En este punto debo confesar que a veces me agrada y otras no. Aquí por ejemplo, vas a desayunar a algún restaurante y no es raro ver gente en piyama o pantuflas o que ni siquiera se pasaron un peine por la cabeza. Si vas a una tienda, a Walmart por ejemplo, es común ver cada tipo de gente con unas fachas que para qué les cuento. Ni siquiera para ir a un bar o antro se arreglan. Ves es a los gringos en playera y tenis y a las chavas vestidas bien equis también. En México o América Latina ni de chiste te dejan entrar a un antro si no vas bien arreglado. Digo, a mí a veces también me da flojera arreglarme, pero los gringos están en otro nivel.




  • El uso extendido de los cheques. Los cheques siguen siendo un medio de pago muy utilizado en EE. UU. Los usan para cuestiones de nómina, para pagar servicios, con fines comerciales, en fin. Ni siquiera en países subdesarrollados se emplea tanto el cheque, pero los gringos se niegan a abandonarlo. A pesar de los avances en la tecnología y de que ahora puedes pagar con tarjeta de crédito o hacer transferencias electrónicas, el cheque sigue siendo muy utilizado en este país. Simple y sencillamente no lo entiendo.

  • Madera, madera, madera. Todas las casas y todos los edificios son de madera y tablaroca (sheet rock). A los gringos les encanta utilizar madera para la construcción porque según es más barata y el trabajo se hace más rápido, pero aún así te venden una casa carísima. Según investigué un poco, es muy raro encontrar construcciones de otro material que no sea madera. No sé si sea por ley o simplemente por cuestiones prácticas, pero aquí usan la madera para todo. Por eso cuando hay una inundación tienen que volver a construir porque ya sabemos que la madera no es tan resistente al agua. Y tampoco podemos dejar de lado las termitas que son un gran problema por lo mismo.



  • Lo costoso de los servicios. Todo tipo de reparación, ya sea de carpintería, plomería, electricidad, etc., sale carísima. Así que, o aprendes a hacer las cosas tú mismo o buscas por ahí alguien que te haga el paro. O hazle como los gringos: compras una garantía por la cual tienes que pagar un deducible por el trabajo y a veces ni te quieren cubrir el reclamo.

  • La fluctuación de los precios de seguros para automóviles. Cuando vas a comprar una póliza de seguro, te preguntan todo: tu edad, estado civil, si eres dueño de casa, a qué te dedicas, cuántas millas manejas al día, en fin. No se limitan a recopilar datos sobre tu automóvil. Como dato general, los hombres menores de 25 años pagan primas más altas porque estadísticamente es más riesgo asegurarlos. Con las mujeres es algo parecido. Los precios varían dependiendo tu edad y estado civil. Ah, y si tienes algún accidente o multas de tránsito, tu tarifa puede subir. Total, que por todos lados te la dejan caer. 

  • El señor crédito. Para todo te piden tu crédito. Recuerdo cuando quería contratar cable, me pidieron mi número de seguro social para revisar mi crédito. Resultó que otra persona estuvo usando mi seguro social o algo así, así que me tuve que presentar en persona en las oficinas de Comcast para verificar mi identidad. Y así, al igual que para contratar cable, revisan tu crédito si quieres un plan telefónico, rentar un apartamento e incluso a veces, para conseguir un empleo. Tiene lógica que lo hagan cuando se trata de un préstamo estudiantil o una hipoteca, pero se me hace exagerada la importancia que le dan al crédito. Y lo peor de todo, es que este varía demasiado dependiendo de varios factores cuya fórmula no logro descifrar. Lo que sí es que cada vez que te revisan tu crédito, te van quitando puntos. O sea, tu puntuación crediticia baja simplemente porque revisan tu crédito. ¿Así o más ilógico?
Bueno, amigos, estas son solamente algunas de las cosas que no entiendo de los gringos. Hay más, muchas más, pero la entrada se haría muy larga. Tal vez haga una segunda parte. Y ustedes, amigos, ¿qué cosas no entienden de los gringos? Au revoir!

domingo, 7 de abril de 2019

No todo es cuestión de actitud

Siempre he dicho que no todo en la vida es blanco o negro. Existen muchos matices que le dan variedad a la paleta de colores que tenemos a nuestra disposición. No podemos ser tajantes todo el tiempo al afirmar algo, emitir un juicio sin fundamento o hablar a la ligera sobre algo de lo cual no tenemos conocimiento de causa. Es por esto último que me atrevo a aseverar y, lo digo con todas sus letras y lo hago con conocimiento de causa, que no todo es cuestión de actitud. Mucha gente afirma que todo es mental, que lo que sucede no debe afectarnos, que todo depende de nuestra actitud ante la adversidad, en fin. Creo que todos hemos escuchado a alguien decir cosas así; palabras más, palabras menos. Es una de las tantas falacias que nos enseñan desde chiquitos y que damos por verdaderas hasta que llega el momento de cuestionarnos y de conocernos a nosotros mismos. Es en estos momentos cuando llegan la desilusión, la decepción, el desánimo, la impotencia, la tristeza, la melancolía, el enojo, la rabia, el desengaño. Te sientes confundido porque algo en lo que creías firmemente ya no está, se disipó como la niebla. Tienes que aprender a levantarte y a seguir. Tienes que aprender que muchas de las cosas que te enseñaron no son del todo ciertas. No todo es cuestión de actitud.





Quiero hacer énfasis en algo. No digo que la actitud no ayude o no influya en nuestras vidas. Claro que lo hace. Admiro a las personas que adoptan una actitud positiva ante la vida y siguen adelante a pesar de las circunstancias adversas. Pero, por más cruel que suene, muchas de estas personas no tienen otra opción. Las personas ciegas o paralíticas, por nombrar un ejemplo, solamente pueden adoptar una actitud derrotista o positiva ante la vida. Si quieren seguir adelante, no les queda más que buscar el lado bueno de las cosas y hacer a un lado todo lo demás. De lo contrario, no podrían continuar en este mundo. Tal vez mi ejemplo sea un poco drástico, pero es solamente para poner las cosas en perspectiva. Nosotros, los demás, los simples mortales, nos enfrentamos a problemas de otra índole, pero de igual forma, voluntaria o involuntariamente, adoptamos una postura ante las circunstancias que enfrentamos. Podemos adoptar una actitud positiva o negativa ante la vida, aunque yo incluiría una tercera: la realista. Esta última muchas veces es confundida como una actitud negativa y es que, a veces se parecen tanto que difícil diferenciar una de la otra. Pero a pesar de que ambas sean como dos gemelas idénticas, sus caracteres y personalidades son muy diferentes entre sí. Por eso es muy importante no confundirlas.

Me castra, me enferma cuando dicen que todo es mental, que todo depende de tu actitud. No señores. Ojalá fuera así de fácil. Tal vez les funcione a algunos, pero no a todos. Al menos a mí no. Una actitud positiva no te va a resolver tus problemas. No es una varita mágica que va a hacer que lo malo desaparezca. No es una solución estándar o universal. Tal vez te ayude a hacerte las cosas más llevaderas, tal vez. Pero puede ser contraproducente también. Porque en tu afán de ser positivo, de siempre verle el lado bueno a las cosas, puedes estarte engañando a ti mismo. No te das cuenta de lo que verdaderamente sucede. Te duermes en tus laureles, te intimidas, vives con la eterna esperanza de que suceda algo que cambie las cosas y te decepcionas cuando esto no sucede. Lo único que estás haciendo es prolongar tu agonía, alargar tu sufrimiento. Porque las cosas no van a cambiar nada más porque sí. Una actitud positiva puede o no ayudar y si es que ayuda, puede que solamente por un tiempo, puede que no sea sostenible. Como lo dije antes, habrá personas a las que una actitud positiva les ayude, pero no es mi caso. Actualmente me encuentro en un trabajo que odio con todas las fuerzas de mi alma y mi corazón. "¡Qué exagerado!", dirán algunos, pero es la verdad, así es como me siento. Por circunstancias que no viene al caso nombrar, me encuentro en esta situación y es desesperante. Ya estoy cansado de engañarme a mí mismo, de tratar de ser positivo, de echarle ganas, etc. La situación es insostenible. Cada día tengo que hacer un esfuerzo titánico para levantarme de la cama e irme a trabajar. Los días se me hacen largos, tediosos, aburridos, cansados. A veces me siento tan aturdido, tan cansado, tan agotado que no puedo pensar con claridad, no puedo descansar en mi tiempo libre. Ser positivo no me ha ayudado en lo absoluto. Sí, le doy a gracias a Dios, a la vida, porque tengo un empleo, pero eso no hace mi situación más llevadera ni minimiza mi impotencia. Por más que he tratado de verle el lado bueno a las cosas, no puedo. Por más que trato de tomar las cosas con más calma, no puedo. Vivo tenso, estresado, desmoralizado. Me he tenido que aguantar muchas cosas, me he tenido que guardar muchas cosas y creo que es no es sano. Siento que en cualquier momento voy a explotar y no quiero hacerlo. Me siento como una bomba de tiempo. A veces quisiera arrojar la computadora y el teléfono por la ventana y salir corriendo para nunca regresar. Así se los pongo. 





Hay situaciones que son muy desgastantes y que por más buena actitud que tomes, simple y sencillamente no se puede vivir así. Mi empleo actual me está destruyendo y no puedo permitirlo. Créanme que no se trata de una cuestión de actitud. He intentado de mil y una maneras ver las cosas desde otra perspectiva, pero es inevitable mi sentir. Algunos dirán que qué hago ahí, que me salga y cosas similares, pero no es así de fácil. Créanme que no estoy ahí por gusto, no soy masoquista. Pero como escribí en la entrada anterior, no sé qué rumbo seguir. Necesito formular un plan de acción antes de hacer cualquier cosa de la que me pueda arrepentir. No quiero cometer los mismos errores del pasado. No soy un adolescente que puede dejarse llevar por sus impulsos. Necesito pensar las cosas bien dos veces antes de hacerlas. En mi tiempo libre trato de pensar, de relajarme, de tomar las cosas con más calma, pero no es fácil. Ni siquiera las cosas que me gustan son suficientes para borrar de mi mente los malos ratos que paso durante la semana. Necesito darle un giro a mi vida y necesito hacerlo ya. Y ahora, a mentalizarme de que mañana es lunes y se repite el círculo vicioso. Au revoir! 

sábado, 16 de marzo de 2019

No sé lo que quiero, pero sí sé lo que no quiero

Recuerdo cuando era niño y me preguntaban qué quería ser de grande. Mi respuesta variaba con mi edad, atravesé por etapas diferentes. Hubo un tiempo en el que quería ser maestro, mientras que hubo otro en el que quería ser chef. Profesiones tan diferentes entre sí. Cuando me pongo a pensar en ello, me asombra la convicción con la que daba mi respuesta cuando se me cuestionaba al respecto. Hoy en día las cosas han cambiado mucho. No sé qué hacer. Me siento perdido, confundido. Solamente sé que necesito un cambio radical en la vida o, de lo contrario, corro el riesgo de volverme loco. 

Cuando era tiempo de escoger una carrera universitaria, me sentía muy agobiado. Había tantas opciones que no sabía qué escoger. Buscaba información al respecto, preguntaba a gente cercana a mí, tomaba exámenes vocacionales, en fin... Estos últimos arrojaban como resultado una carrera en el área de humanidades o ciencias sociales. Después de según yo pensar bien las cosas, opté por la carrera de Administración de Empresas. Me decidí por ella, en parte porque pensé que encajaba en el perfil y porque además era una carrera muy versátil que me permitiría trabajar en diferentes áreas. Qué inocentes somos a veces, la verdad. Para muchos, esta carrera es la "vieja confiable" cuando no sabes qué estudiar. Consideran que es una carrera muy fácil, pero créanme que no lo es. Siempre ha habido una rivalidad entre administradores y contadores porque estos últimos dicen que ellos pueden hacer nuestro trabajo, pero nosotros el de ellos no. Pero bueno, esa es otra historia. Así que presenté el examen de admisión y pasé. Debo confesar que la universidad en la que estudié nunca fue mi primera opción, pero no contaba con los recursos para estudiar en una privada. Así que tuvo que ser una universidad pública, pero eso fue lo de menos. Con el transcurrir del tiempo me convencía de que me había equivocado de carrera. Después de la segunda mitad de la carrera y, particulartemente alrededor del séptimo u octavo semestres, caí en un estado de apatía. La carrera se convirtió en una carga a cuestas. Todo me era tedioso, aburrido, monótono. Pero consideraba que era demasiado tarde para cambiarme de carrera o tal vez pensaba que sería un fracaso y yo no quería eso. Me engañaba a mí mismo diciéndome que las cosas cambiarían. Así que me aguanté y continué hasta el final. Me gradué y quedé entre los primeros lugares de mi generación y eso me dio un poco de ánimo, pero ahora que lo analizo fríamente, todo eso no me ha servido de nada. Muchas veces me he arrepentido de haber estudiado esta carrera. No sé en qué estaba pensando. Pero lamentablemente el hubiera no existe.





He tenido varios trabajos en mi vida. Antes de entrar a la universidad trabajé como capturista de datos. La empresa estaba cerca de mi casa y me iba caminando. Hasta tenía tiempo para ir a comer a mi casa. Pero el trabajo no me gustaba para nada y como quería estudiar y trabajar al mismo tiempo, decidí renunciar porque se me hacía muy pesado. Ah, porque para los que no saben, toda la carrera la estudié de noche. Bueno, después de eso trabajé como maestro de inglés. Trabajaba medio tiempo y tenía tiempo para estudiar y hacer mis tareas. Y pues ganaba un dinerito también. Este trabajo tuvo sus altibajos, pero a la fecha puedo decir que es el que más satisfacciones me ha dado. Tal vez habría continuado ahí, pero nos hicieron una mala jugarreta y me tuve que salir; les platicaré de eso en otra entrada. Posteriormente hice prácticas profesionales en áreas contables, más especifícamente en Cuentas por Pagar y Cuentas por Cobrar en dos empresas diferentes pero del mismo ramo: el automotriz. Lo odié como no tienen idea. Encima del estrés laboral de mis responsabilidades, tuve que lidiar con un jefe tóxico, no exagero. Ya les contaré de eso también. Mi siguiente trabajo fue como agente de seguros/preparador de impuestos. Era demasiado estrés. Fue el primer trabajo en el que tuve que lidiar con clientes, no solamente en persona sino también por teléfono. Pero además de eso tenía una compañera que me hacía la vida imposible y no perdía oportunidad alguna para hacerme quedar mal. Y como no soy masoquista, pues me salí. Después conseguí trabajo como Office Manager dentro de una empresa de marketing, algo así como encargado administrativo. Al principio me encargaba de cosas meramente administrativas: facturación, cobranza, nómina, etc. Pero ya después me cambiaron las funciones, más bien me agregaron funciones que nada que ver conmigo y se volvió insoportable. Así que llegó la hora de cambiar de trabajo. El suegro de un primo me invitó a trabajar con él y su socio en una pequeña empresa de electrodomésticos. Sigo sobre la misma línea: facturación, cobranza, atención a clientes... Dentro de un mes cumplo un año y ya me parece que llevo trabajando siglos ahí. Mis jefes me tratan bien, pero el trabajo que hago simple y sencillamente no me gusta. Tal vez y, solo tal vez, si el sueldo justificara el sacrificio que tengo que hacer, entonces valdría la pena, pero no es el caso. 





Siento que necesito darle un giro a mi vida. Ya no puedo seguir así. Tal vez sea muy idealista o soñador y tal vez no se pueda tener todo en la vida, pero me daría por bien servido si por lo menos contara con un buen sueldo o con la satisfacción que te da tu carrera. Pero no hay ni lo uno ni lo otro. Quiero un trabajo que me guste y muy importante, que el estrés relacionado con él sea manejable, porque los que me conocen ya sabrán que me estreso en demasía. La vida es tan corta para pasársela estresado o haciendo algo que no te gusta. Pero el problema estriba en que no sé qué hacer. Cuando me preguntan qué me gustaría hacer, no sé qué responder. Envidio a esas personas que tienen una pasión definida y que trazan metas y construyen su camino para llegar al final. Nada las detiene. Siempre saben hacia dónde van, qué es lo que quieren. Pero yo no. Digo, hay varias cosas que me gustan, pero no tengo algo que me apasione o que lo visualice como un impulsor para cambiar de carrera. Me siento en un laberinto, me siento entre la espada y la pared. Porque por un lado sé que no me gusta mi trabajo o en general la carrera que he desarrollado. Quiero un trabajo que no tenga que ver con facturas, cobros, pagos, clientes estúpidos... pero no logro sacar nada en concreto. 

El tiempo pasa y no se detiene y eso me frustra enormemente. Me desespera no poder dilucidar nada. Tal vez sea justificable en un adolescente, pero no para mí. No es que sea un viejo, pero tampoco soy un jovencito. Esta parte de mi vida me ha impedido hacer muchas cosas. Necesito encontrar algo que me haga sentir pleno, satisfecho, que no me sea una carga, que no me haga alucinar los lunes, que no me haga perder los estribos, que no me estrese todo el tiempo...No creo que sea demasiado pedir. Y si lo es, lo siento mucho, así es como pienso. 





Tal vez sea muy duro conmigo mismo, pero siento que ya no estoy en una edad para experimentar. Dicen que nunca es tarde para algo, pero la verdad no estoy tan seguro. No me veo a estas alturas de mi vida estudiando otra carrera, sin mencionar que tendría que endeudarme para hacerlo y lo que menos necesito en estos momentos son deudas. Tampoco puedo darme el lujo de renunciar cada vez que no me guste un trabajo. Pero por otro lado, es inhumano, es contranatura, permanecer en un lugar haciendo algo que no te gusta. Es masoquismo, falta de amor propio. No es sano trabajar en algo que te hace sentir desdichado, desgraciado, desaprovecado. 

A veces me motivo cuando leo casos de personas que pasaron por lo mismo que yo y de repente encontraron la manera de salir adelante. Abundan los casos de personas que trabajan para ellas mismas, que tienen negocios en Internet, que son blogueros de viajes o comida, en fin, hacen algo que les gusta y además obtienen ganancias por ello. Y es cuando me pregunto a mí mismo: ¿por qué yo no? Pero por otro lado me ganan el miedo, la inseguridad, la duda. Me da coraje que siempre analizo todo a detalle y pienso en todo lo que puede salir mal. Y esto me ha frenado. Como ya dije anteriormente, no tengo algo definido, no sé qué es lo que quiero hacer, a qué me quiero dedicar, pero sé que lo que hago actualmente dista mucho de ello. Quiero libertad en todos los sentidos. No quiero un trabajo convencional. No quiero siempre trabajar en lo mismo siguiendo la monotonía. No quiero pasármela anhelando los fines de semana, los puentes o las vacaciones. No quiero tener que depender siempre de otras personas para poder realizar planes en mi vida personal. Quiero ser dueño de mi tiempo y espacio. He puesto las cosas en una balanza y he determinado que todo esto es importante para mí. Ya me cansé de leer artículos y libros al respecto, de ver videos, de pedir consejos y de no poder decidir nada. Dicen que la vida es una obra de teatro. Creo que ha llegado la hora de que termine el acto actual y de que comience el siguiente. No sé quién escribió o esté escribiendo la obra para mí, pero he decidido escribir una propia y llamarla Felicidad. Porque de eso se trata la vida y la carrera no es la excepción. Solo me falta un poco (o un mucho) de inspiración. 😁

domingo, 10 de marzo de 2019

Cuando el trabajo empieza a afectar tu vida personal

Somos seres polivalentes. Cumplimos diferentes roles en la vida. Uno de ellos, de los que más tiempo ocupa de nuestras vidas, es el de empleado. A menos de que seas emprendedor, claro está. Pero para la gran mayoría de la humanidad, para los simples mortales que trabajamos para alguien más, tenemos que desempeñar este papel durante una gran parte de nuestras vidas. A veces se vuelve una carga insoportable, se convierte en un verdadero viacrucis. Nos pasamos gran parte del día en el trabajo, interactuando con nuestros jefes, compañeros de trabajo o clientes, pasamos más tiempo con ellos que con nuestra familia o amigos. Se convierten en tu segunda familia y eso no siempre es agradable. Díganmelo a mí. Claro que hay honrosas excepciones, no puedo generalizar, pero son muy pocas. Es tan triste que gran parte de nuestras vidas tengamos que pasarla de este modo. 

Me siento al borde del colapso, en un punto de quiebre. Algunos pensarán que dramatizo de más, que exagero, pero lo cierto es que solamente la persona afectada es la que conoce su cruz y eso aplica para todos. Ir a trabajar todos los días me cuesta y mucho. Despertarme en las mañanas me pesa como no tienen idea. Odio tener que enfrascarme en el tráfico diario, aunque eso es lo de menos. Lo peor de mi día a día comienza cuando pongo un pie dentro de la oficina. A veces no termino de abrir la puerta cuando ya está sonando el maldito teléfono. Ah, porque para los que no saben, soy el encargado administrativo de un pequeño negocio de reparación de electrodomésticos. Y como parte de mis funciones, tengo que hacerme cargo del teléfono. De hecho, gran parte de mi día me la paso en el teléfono, principalmente con clientes. No saben cuánto lo odio. Odio cada vez que suena ese maldito aparato de Satanás y tengo que lidiar con clientes necios. No todos son iguales, pero con un estúpido que te toque es suficiente para arruinarte el día. Y muchas veces es más de uno. Te hablan para quejarse y a veces hasta se desquitan contigo sin deberla ni temerla. Muchas cosas no están bajo mi control, pero como yo soy el punto de contacto pues es conmigo con quien se desquitan, al que se la rayan, al que le mientan la madre, en fin. He tenido que lidiar con clientes un tanto conflictivos que casi hacen que saque lo peor de mí. A veces me dan ganas de mandarlos al diablo y de salir corriendo de la oficina para nunca más volver, pero lamentablemente no puedo hacerlo. No puedo ponerme al tú por tú con los clientes, aunque ellos no siempre tengan la razón. Para una persona un poco introvertida como yo, es difícil desempeñar un trabajo así. Antes era demasiado introvertido y con el tiempo he cambiado algo, pero no he dejado de ser introvertido. Daría lo que fuera por no tener que hablar con nadie por teléfono. Pero por el momento tengo que hacerlo.





De mis jefes no tengo quejas, de hecho son de los mejores jefes que he tenido, aunque uno de ellos es un poco despistado. Lo que me estresa es el trabajo en sí. Estar al teléfono todo el día, manejar tiempos, lidiar con tanta ambigüedad e incertidumbre, todo se acumula y ya he comenzado a resentirlo en mi vida personal. Hay días en que me siento tan agobiado y no es raro que termine el día con una jaqueca horrible. Ya tengo algunos meses que voy al gimnasio después del trabajo, pero a veces me siento tan fatigado mentalmente que me cuesta sobremanera ir. Tengo que forzarme y sacar fuerzas de flaqueza para ir. Hago ejercicio por salud y estética, para que vamos a echar mentiras, pero lo odio, todos los que me conocen saben que odio el ejercicio con todas las fuerzas de mi corazón. Algunas personas dicen que el ejercicio te ayuda a desestresarte, a relajarte, pero al menos en mi caso no es así, yo creo que soy la excepción a las estadísticas. Eso de la vida fit la verdad no es para mí. Quiero comer sin restricciones y disfrutar de la vida como una persona normal y no tener que pasármela peleando con extraños por un maldito aparato o una banca en el gimnasio. 

Fuera del gimnasio,  a veces me cuesta salir a divertirme o hacer otras cosas. Por ejemplo, este viernes pasado un amigo me había invitado a un festival en el centro, pero ese día estuvo pesadísimo en el trabajo y llegué a mi casa y lo único de lo que tenía ganas era de cenar y tirarme en el sillón a ver la televisión. Así que le mandé un whats y le dije que me disculpara, pero que no me sentía bien y que no iba a poder ir. No estaba mintiendo. No me sentía bien. Tenía una jaqueca espantosa y esto se ha vuelto de lo más común. Así terminan muchos de mis días últimamente. No tengo energía física ni mental para fletarme el tráfico de la hora pico y hacer ejercicio, lo único que quiero es irme a mi casa. Me da coraje, pero he dejado que el trabajo me afecte hasta el punto de ya no querer salir en mi tiempo libre. He descuidado cosas que me gustan mucho como la lectura y el cine, porque simple y sencillamente no tengo cabeza para nada. No puedo concentrarme, me duele la cabeza, lo único que quiero es dormir, cerrar los ojos y olvidarme del mundo por unas horas. Aunque a veces ni el sueño ayuda. De hecho he llegado a soñar con el trabajo. Me despierto y es hora de ir a trabajar. Qué ironía. Mi tiempo libre no puedo disfrutarlo plenamente porque en contra de mi voluntad me la paso pensando en los pendientes de la oficina. El fin de semana se me pasa volando, ni lo siento. Dos días a la semana no son suficientes para olvidarme de lo horrible que estuvo mi semana. Las vacaciones ayudan un poco, pero el efecto es pasajero. Ahorita por ejemplo, ya se me acabó la pila que había recargado en mis últimas vacaciones. Aunque debo reconocer que esta última vez la pila recargada me duró un poco más, pero el caso es que tarde o temprano el efecto restaurador se me pasa y vuelvo a las mismas. El estrés es una constante en mi vida. Ni siquiera hacer las cosas que me gustan son suficientes para eliminarlo. Realmente necesito un año sabático.





En este momento que estoy escribiendo esto es domingo por la tarde y ya empiezo a alucinar el lunes. Es inevitable pensar en los pendientes que tengo para mañana, en los clientes que me llamarán, en que voy a tener que hablarle a uno de nuestros proveedores que se la pasa dándonos problemas, en fin. Vivo con una tensión constante. Mi cuello y mis hombros me duelen todo el tiempo de tanto estrés. Voy a que me den masaje y el efecto no me dura. El estrés es mucho más fuerte que yo. Necesito desarrollar la capacidad para manejar tanto estrés, pero no he tenido éxito. No he encontrado la fórmula que me ayude a contrarrestarlo. Ya me cansé de leer artículos, de buscar en Internet, de pedir consejos, nada me funciona. Me siento acorralado, presa de ese mal del siglo XXI. A veces siento que voy a perder la cordura, pero no corro con tanta suerte. Qué equivocado estaba cuando de niño pensaba que la vida adulta sería lo mejor. La desilusión ha sido muy grande.





Ahora bien, ustedes se preguntarán por qué sigo en ese trabajo si no me gusta para nada. Y la respuesta es que no tengo otra opción. Al menos no el corto plazo. Me ha costado mucho trabajo conseguir trabajo en EE. UU. y no puedo darme el lujo de botarlo así nada más. Y también tengo que tratar de mejorar mi C.V. Dentro de un mes voy a cumplir un año en mi trabajo actual. Me ha parecido una eternidad. Pero tengo que aguantarme por lo menos un año más o en lo que encuentro algo mejor. He pensado en regresar a la universidad, pero para hacerlo tendría que endeudarme y en este momento de mi vida lo que menos necesito son deudas. Así que por todo lo anterior tengo que seguir en mi trabajo actual. Eso sin contar con la crisis existencial que me cargo actualmente. Pero esa es otra historia. 

domingo, 3 de marzo de 2019

Después de Roma y la yalitzamanía

Acabo de ver la tan comentada Roma de Alfonso Cuarón y la verdad me encantó. No había querido comentar nada hasta no haber visto la película. Hay muchas opiniones divididas al respecto, como siempre. Hay muchas personas a las que les gustó, mientras que hay otras que dicen que es muy aburrida o "sobrevalorada". De entrada, debo decir que esta película no es para todos. No se trata de esas películas comerciales cuyo único objetivo es entretener. Podríamos catalogar a esta película dentro del cine de arte, el cual lamentablemente no es del agrado de todos. Es de esas películas que te hacen pensar, analizar, sentir y por lo tanto debes verla con una mente abierta. Está larga, dura poco más de dos horas. Es cierto que el ritmo es un poco lento al principio, pero poco a poco se vuelve más ágil e interesante hasta que te atrapa. Hay personas que dicen que les resultó imposible verla, que solamente vieron media hora y ya no continuaron. Si este es tu caso, te invito a que reconsideres y termines de verla. No te arrepentirás. La película tiene sus momentos. Hace referencia a acontecimientos que sucedieron en México y es imposible no sentirse identificado. Poco a poco se va tejiendo la historia y te sumerges en la trama.





Se supone que son dos las protagonistas: Yalitza Aparicio y Marina de Tavira. Aunque en realidad, la única protagonista parece ser Aparicio y Tavira queda relegada en segundo plano. Me pareció un acierto por parte del director en darle el protagónico a Aparicio. Me gustó su frescura, su encanto y espontaneidad. A pesar de ser su primera película y de no contar con preparación artística, considero que desempeñó un buen papel. Su papel de Cleo me dio mucha ternura y su actuación fue muy natural. No se vio forzada ni improvisada. Cualquiera que no supiera que es su primera película se sorprendería. De maestra a incipiente actriz, Aparicio dio un gran salto hasta figurar a nivel internacional e incluso llegar a ser nominada al Óscar por Mejor Actriz. No ganó, pero con el simple hecho de estar nominada y considerando que es su primera película, fue un gran logro y puede sentirse orgullosa.

Regresando a la película, me gustó mucho que se filmara en blanco y negro. Eso le da un aire de nostalgia, de cierto misticismo y encaja muy bien con el contexto de la historia. Para los que no sepan, Roma se trata sobre la visión del director de la Colonia Roma en la Ciudad de México y está situada en la década de los 70. La fotografía estuvo magnífica, no por nada ganó el premio Óscar en su respectiva categoría. Te transportas a otra época, una que parece muy lejana. La escenografía, la música, los comerciales, todo en su conjunto estuvo muy bien cuidado. No es fácil realizar una película de este tipo. Siempre existen detalles que se les escapan y que se deben cuidar mucho a diferencia de películas que cuentan una historia contemporánea. Pero en este caso el equipo de producción lo hizo muy bien. 

La película trata sobre Cleo, una muchacha que trabaja de empleada doméstica en la casa de una familia de clase media alta. Poco a poco la vamos conociendo y nos encariñamos con ella. La familia para la cual trabaja la quiere mucho e incluso la considera parte de la familia. Es una persona muy dulce que se encarga tanto de la casa como de la familia. Pero tiene la mala fortuna de conocer a una mala persona que le cambia la vida. A pesar de tener miedo y de su inexperiencia en la vida pero contando con la ayuda de su patrona, Cleo logra salir adelante. El clímax llega en la escena donde hay una manifestación violenta y se le complican las cosas a Cleo. Lamentablemente, las cosas salieron mal y se deprime, pero cuenta con el apoyo de su familia adoptiva y en las últimas escenas esto queda más que evidente, por si había dudas por parte del espectador todavía. Estas últimas escenas realmente me conmovieron y me hacen tener esperanza en la humanidad. No toda la gente es mala, aún existe la gente de buen corazón, aunque a veces sea difícil encontrarla.





En cuanto a Tavira, la verdad no la conocía. Hasta hace poco me enteré de que es nieta del fundador de Grupo Bimbo y que su abuelo se oponía a que fuera actriz e incluso había amenazado con desheredarla. No sé si eso sucedió, pero lo que sí es cierto es que Tavira tiene madera de actriz e hizo un buen papel. En la película pudimos verla como una patrona muy humana, que tenía problemas con su marido y después se ve forzada a encargarse de su numerosa familia, pero no se amedrenta. A veces se desquita con la pobre de Cleo, pero es una buena persona. Tiene sus quiebre emocionales como cualquier persona, pero después recapacita y ayuda a Cleo en lo que puede. 

Del resto del reparto no tengo mucho que decir, ya que prácticamente la historia gira en torno a Cleo y Sofía. Los niños como casi siempre, son actores innatos y actuaron muy bien y la abuela, ternurita, me encantó su papel, aunque pequeño. Fermín, el novio de Cleo, un maniático desequilibrado bien representado por Jorge Antonio Guerrero. El único que siento que salía de sobra era Latin Lover, de ahí en fuera todos muy bien. 

Ah, casi olvidaba decirlo, partes del diálogo son en mixteco, ya que Aparicio tiene orígenes mixtecos, aunque no lo domina y tuvo que aprender algunas frases para su papel. En estas partes vemos subtítulos en español. Me parece un gran acierto por parte del director ya que esto le imprime más realismo a la película. Como todos sabemos, muchas muchachas que trabajan de domésticas vienen de otros estados y muchas tienen origen indígena, por lo cual me pareció muy bien que el director pensara en esto.   

En resumen, Roma me pareció una excelente película. No es para nada pretenciosa, al contrario, me pareció muy humana sin caer en la crudeza excesiva o inverosimilidad. Me quito el sombrero ante Cuarón y espero que haga más películas así, aunque es poco probable ya que este tipo de cine no es del agrado de mucha gente, no vende en otras palabras. Se debe educar a la gente a apreciar más el cine. Está bien que les gusten las películas de acción, comedia o terror, a mí me gustan, no digo que no, pero de igual forma debemos tener la mente abierta a otro tipo de películas. Muy merecidos los reconocimientos que recibió en el Festival de Cine de Venecia y en los Óscares. Enhorabuena.


Y hablando de Yalitza

En los últimos meses hemos oído hablar de Yalitza hasta el cansancio. Su imagen ha proliferado en programas de chismes, revistas, periódicos, Internet, en fin. Se ha vuelto una figura mediática de la noche a la mañana. Como todo, Yalitza cuenta con seguidores y detractores. Entre estos últimos, podemos ver a muchas figuras del medio; algunas consagradas, otras no tanto. Es evidente la envidia de muchos actores. Hasta cierto punto es comprensible que sientan que es injusto que una advenediza aparezca de la nada y le den un rol estelar en una película y que a ellos ni los consideren. Pero creo que muchos se han excedido o han hecho comentarios fuera de lugar. Cada quien tiene su opinión y es muy válido, pero lo que no me parece justo es que demeriten el trabajo de Yalitza de una manera poco profesional y nada objetiva. Para muchos es simplemente un fenómeno pasajero. Para otros es una muchacha que simplemente tuvo suerte. Para otros no tiene vocación de actriz. Para otros simplemente se representó a ella misma y por lo tanto no tiene mérito alguno. Para otros es una pinche india bajada del cerro, palabras más, palabras menos, dichas por un actor de televisión. Para otros es fea y no encaja con los estándares de belleza convencionales. Para muchos es una actriz venida de menos a más. 





Muchos comentarios me parecen desafortunados y sin base alguna. Aquí cabe resaltar algunos puntos:

a) Lo de que tuvo suerte, puede ser. Pero la suerte no siempre es definitiva. Para un papel pueden audicionar muchas personas, todas igualmente talentosas, pero solamente una va a ser seleccionada. Aquí es donde entra la suerte.

b) Decir que no tiene vocación de actriz no es válido. Si bien es cierto que no tiene preparación como actriz, eso no quiere decir que la actuación no sea para ella. Leyendas del cine como María Félix, fueron descubiertas por accidente y aprendieron sobre la marcha. No digo que vaya a ser el caso de Yalitza, pero por lo menos ya hay antecedentes. 

c) No es correcto decir que Yalitza no actuó sino que se representó a ella misma. ¿Por qué? Porque ella no es muchacha doméstica en la vida real, con todo el respeto que me merecen las empleadas domésticas y sin demeritar nunca su labor. Por eso este argumento no es válido en lo absoluto.

d) Demeritar su trabajo simplemente porque es de origen indígena es aberrante. Una cosa es decir que no tiene preparación artística, pero insultar, denigrar y burlarse de sus orígenes es algo totalmente reprobable. Todos los mexicanos, en mayor o menor grado, tenemos sangre indígena en nuestras venas. El talento no tiene nada que ver con nuestros orígenes. 

e) En cuanto a la belleza, esta es muy subjetiva. Es cierto que Yalitza no encaja en los estándares convencionales de belleza de mujer alta, rubia y ojos de color, pero de eso a decir que es fea hay un gran abismo.

f) Sobre si es un fenómeno o no, no lo podemos saber todavía. Hay que esperar un poco.





Yalitza se ha sabido manejar bien y no ha caído en provocaciones. Va a tener que aprender a lidiar con esto si piensa dedicarse a la actuación. A la prensa le encanta hacer leña del árbol caído. Que fulano o mengano dijeron esto. Muchas veces tergiversan las cosas a su conveniencia. Claro, el chisme vende y bien. Hay personas que se rasgan las vestiduras y defienden a Yalitza a capa y espada. Creo que no debemos caer en los extremos. Las cosas simplemente como son. Yalitza ha dicho que le gustaría continuar en la actuación e incluso ya le han propuesto algunos proyectos. Lo cierto es que necesita prepararse y rodearse de personas que la ayuden en este camino difícil. Cuarón la dirigió muy bien y eso se notó en la película. ¿Seguiremos viendo a Yalitza o simplemente fue un golpe de suerte? Eso solamente el tiempo lo dirá. Lo que es innegable es que necesita descansar un poco su imagen porque la verdad si llega a hartar de repente. Au revoir!