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domingo, 20 de agosto de 2017

Aventura en Canadá

No hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla. Estuve esperando con ansias mis vacaciones de verano. Dediqué mucho tiempo a planear mi itinerario, investigar información y demás. Era la primera vez que iba a Canadá y había muchas cosas que desconocía. La razón principal del viaje era asistir a la boda de mi primo, pero de una vez quería aprovechar para conocer o "turistear". Contaba los días que faltaban y la fecha del viaje se veía tan lejana...un año, seis meses, tres meses. Hasta que finalmente se llegó el día. Y como todo lo bueno, el viaje me pareció que duró un abrir y cerrar de ojos. Ya fui y vine y ya me reincorporé a mis actividades laborales. Ni hablar.




Planear el viaje fue toda una odisea. De entrada, me enfrentaba a la difícil situación de pedir los días libres, en este caso una semana. Yo no tengo x número de vacaciones al año como ciertas personas. Puedo pedir permiso sin goce de sueldo, pero vacaciones pagadas no. La ley en EE.UU. no obliga a las empresas a proporcionarles vacaciones a sus empleados y menos pagadas. Así que en este aspecto estoy a merced de lo que decida mi patrón. Y como hecho adrede, se nos vino el trabajo pesado en esta temporada. Me encontraba con la zozobra de que mi jefe no quisiera darme la semana. Por lo mismo, le daba largas a mis familiares cada que sacaban el tema de comprar los boletos de avión. Así que tuve que esperar el momento propicio para plantearle la situación a mi jefe y afortunadamente accedió. Obstáculo 1, superado. Ah, pero antes de todo esto tuvimos que coordinar nuestras agendas. En el caso de mis tíos no era ningún problema porque mi tía no trabaja y mi tío trabaja por su cuenta, pero todos los demás teníamos que pedir permiso/vacaciones en nuestros respectivos trabajos. Y también se encontraba mi papá que no se decidía. Finalmente, lo convencimos. Ahora teníamos que conseguir los boletos de avión. Es una verdadera lata comprar boletos de avión. Tienes que tener mucho cuidado al momento de comprar y leer las letras pequeñitas porque si no, la aerolínea te friega. Y los precios cambian de un día para otro. Así que nos pusimos de acuerdo para reunirnos un día en casa de mi tía y comprar todos los boletos por Internet. Estuvimos comparando precios en infinidad de páginas hasta que nos decidimos por Orbitz. Ahora lo único que nos faltaba era el hospedaje. Nuestras opciones eran un hotel o AirBnB. Nunca habíamos utilizado AirBnB, pero nos salía un poco más barato que el hotel y además, después de ver las ventajas y desventajas, decidimos que era la mejor opción. Pero aquí nos encontramos con un pequeño problema: no había una casa/apartamento lo suficientemente grande para 13 personas, al menos en las zonas de Montréal que queríamos. Eran muy pocas opciones y las que había eran algo caras. Porque para todo esto, ya nos habían ganado algunas opciones. Encontramos una opción y hasta la separaron, le escribieron al dueño y todo, pero decidimos que no nos convenía porque solamente había un baño. Y como podrán imaginarse, sería una situación un poco caótica. Así que les dije que mejor cada quien buscara por su lado. Hasta me enojé con mi primo porque dio a entender que éramos tacaños. 

Finalmente se llegó la fecha del viaje. La noche previa me la pasé metiendo y sacando cosas de la maleta como siempre me sucede cuando viajo. Que si llevo esto para dormir, esto otro por si hace frío, esto por si no sé qué. A la mañana siguiente nos levantamos a las 5 de la mañana para bañarnos y tomar nuestro tiempo para ir al aeropuerto. Llamamos a un Uber y nos fuimos. Al llegar al aeropuerto nos dirigimos al mostrador para registrarnos y documentar nuestro equipaje. Mi mamá y yo ibamos a documentar dos maletas y mi papá se iba a llevar la suya con él. Pero en el mostrador querían que mi papá la documentara. Afortunadamente nos dieron chance y nos dirigimos al área de revisión. De ahí en adelante no tuvimos ningún contratiempo. Casi cuatro horas después llegamos a Canadá. El aeropuerto de Montréal está grandísimo, o al menos, esa fue la impresión que tuve. En el área de inmigración, el agente corrigió una forma que yo había llenado. En la forma tenía que poner los datos de las personas que viajábamos juntas. Solamente nos pedía el primer nombre y apellido de cada quien y como mi papá y yo nos llamamos iguales, el agente pareció confundido por un momento y tuve que explicarle. Nos dio el pase y nos dirigimos a la banda donde recoge uno su equipaje. A mis tíos los iba a recoger mi primo y mis papás y yo íbamos a pedir un Uber. Pero no sabíamos en donde podía recogernos. Después de buscar en Internet y preguntar en el aeropuerto, nos dirigimos a la puerta 6. Hicimos como 25 minutos al apartamento que rentamos en el centro. Al llegar al edificio de apartamentos, no podíamos entrar porque necesitaba una tarjeta de acceso. Mi anfitriona me había dicho que en el intercom podía marcar 22 y me iba a contestar alguien. Pero no hubo necesidad porque del otro lado había un chavo hablando por teléfono y como nos vio batallando, nos abrió por dentro. Subimos en el elevador hasta el piso no. 19 y nos instalamos. Y ahora sí, ¡que comiencen las vacaciones! Ese día que llegamos no hicimos mucho. Nos la pasamos buscando un lugar para comer y una casa de cambio. Una vez hecho esto, compramos unos helados y nos sentamos en una placita. Ah, también fuimos a un supermercado a comprar unas cosas para cocinar en el apartamento y no comer todo el tiempo afuera.

Ya había yo buscado itinerarios en Internet para saber qué hacer, a dónde ir y demás. El primer día fuimos al Viejo Montréal. Nos fuimos en metro. En Montréal puedes ir prácticamente a cualquier parte de la ciudad en metro o camión. Te venden pases de un día, tres días, una semana y los puedes usar ilimitadamente durante ese perído ya sea el metro o camión. Los dos pasan muy rápido y el servicio es eficiente. El metro es muy fácil de usar. En las estaciones y en los vagones se encuentran mapas para que te orientes. El problema es en el camión. Cuando tomamos el camión, lo tomamos del lado equivocado. Empecé a desconocer las paradas, porque yo tenía idea del recorrido que debíamos hacer y me di cuenta de que nos estábamos alejando de nuestro destino. Así que nos bajamos en la parada más cercana y tomamos otro camión en la dirección correcta.




Bueno, regresando al itinerario, el segundo día no turisteamos porque era el día de la boda. Yo me tuve que ir un poco más temprano para tomarnos fotos con los novios y amigos. Ese día nos la pasamos genial. La familia política de mi primo se ve que es de ambiente, al igual que los amigos de su ahora esposa. La ceremonia estuvo muy emotiva. El menú fue de 5 tiempos. La música fue variada. Hasta llevaron mariachi para que se sintiera el espíritu mexicano. Al final pusieron una mesa de bocadillos y dulces y todo lo que comí me gustó. Le dimos hasta las 2 de la mañana y ahora sí a dormir. La boda fue en el área metropolitana de Montréal, por lo que llamamos otro Uber para que nos llevara al apartamento en el centro.

Día 3. Nos levantamos un poco tarde porque estábamos cansados de la noche anterior. En esta ocasión fuimos al Mont Royal, algo así como Chipinque en Monterrey. Nos fuimos en camión y esta vez no nos perdimos jeje. Fuimos al mirador y tomamos varias fotos. La vista es impresionante. Puedes ver toda la ciudad desde ahí. Compramos unas paletas heladas y nos fuimos cuesta arriba a donde se encuentra una cruz. Ahí definitivamente es ir mejor de noche. Bajamos y nos fuimos al Lago de los Castores. Nos sentamos un rato a descansar y contemplar el paisaje. Quería ir al Obsertario St. Joseph, pero ya nos estábamos muriendo de hambre y mejor nos regresamos al centro a comer. Rodeamos bastante porque mi papá estaba empecinado en que debíamos tomar el camión donde nos habíamos bajado siendo que yo le decía que fuéramos para el otro lado. Total, tomamos el camión y nos fuimos al centro. Nos detuvimos en un restaurant de comida "mexicana" a comer. La verdad no nos gustaron ni la comida ni el servicio, pero bueno. Barriga llena, corazón contento. A descansar.

Día 4. Hay un pueblo muy bonito estilo europeo a 3 horas de Montréal que se llama Québec. Mis papás y yo teníamos planeado irnos en autobús porque el tren salía muy caro, pero mi primo me llamó y me preguntó si no queríamos ir con ellos. Habían rentado dos camionetas y había lugar para nosotros. Nos cayó como anillo al dedo. Se nos hizo un poco tarde porque se nos había perdido la llave del apartamento. No la encontramos y tuvimos que irnos así. Llegamos al hotel de mis tíos y nos fuimos. El clima comenzaba a refrescar y ya me estaba preocupando que nos fuera a dar frío. Nosotros íbamos en manga corta, mi papá hasta en shorts. Afortunadamente el clima no fue ningún problema a la mera hora. Primero fuimos a la cascada Montmorency que se encuentra a 15 minutos de Québec. Subimos en teleférico. Estuvimos un rato y nos fuimos a Québec. Llegamos directo a comer. Pedí un plato con pollo que me encantó. Dice mi mamá que era el hambre. Después nos fuimos a caminar por la Ciudadela y las calles del pueblito. Tomamos bastantes fotos y compramos recuerditos. Se vino la lluvia y tuvimos que refugiarnos en un local. Probé la Cola de Castor, algo así como una crepa. Me gustó mucho. Se quitó la lluvia y seguimos con nuestro recorrido. Por último fuimos al hotel Le Château Frontenac, que más bien parece un castillo y la verdad está impresionante. Sobre todo en la noche, la vista es magnífica. Ya cansados nos regresamos hasta las camionetas que habíamos estacionado a la entrada del pueblito y nos regresamos a Montréal.

Día 5. Prácticamente este fue nuestro último día porque nos regresábamos el miércoles muy temprano. Fuimos al Museo de Bellas Artes y nos pasamos más de dos horas ahí. Había una exposición temporal de Jean Paul Gaultier y otra sobre los años 60. Después nos dirigimos a tomar fotos en el centro, específicamente la Universidad McGill, la Basílica-Catedral María Reina del Mundo y el eficio más alto de Montréal, el 1000 de La Gauchetière. En seguida tomamos el metro para ir al mercado Jean Talon en la Pequeña Italia. Anduvimos un rato viendo los puestos y comimos ahí. Era nuestro último día y todavía no había probado el mentado poutine. Lo venden en todos lados, pero según dicen el mejor lugar para probarlo es La Banquise en el barrio Mont Royal-Le Plateau. Llegamos al lugar y estaba atestado de gente. La verdad ni hambre tenía, pero no podía irme de Montréal sin haberlo probado. No me pareció cosa del otro mundo, pero estuvo bien. Mi mamá quería comprar más recuerditos así que nos dirigimos de vuelta al centro. Ya estaba cansado de caminar, así que pedí un Uber. Compramos los últimos recuerditos y ahora sí, al apartamento a empacar. Pero antes un helado. Ahora sí, otro Uber y de vuelta al apartamento.




El día de regreso. Dormimos unas pocas horas. Nos levantamos tempranísimo para bañarnos y que no nos agarraran las prisas. Pedí un Uber y nos fuimos. No nos tocó tráfico. Llegamos al aeropuerto y a registrarse. Una empleada de la aerolínea nos ayudó a registrarnos en el kiosko. Después tuvimos que hacer fila para pagar por el equipaje documentado. Por delante había una familia como de 7 personas y no sé qué problema había que se tardaban demasiado. Tocó nuestro turno, pagamos y dejamos el equipaje en la banda. Pasamos por el área de revisión y después por ¡inmigración de EE.UU.! La verdad me sorpendió toparme con esto en el aeropuerto en Canadá. Yo esperaba verlos en EE.UU. En fin. Pasamos sin mayor problema y regresamos a Houston.

Hay varias cosas que me llamaron la atención:

1.- En Montréal es mucha caminata. Aunque tomes el transporte público, tienes que caminar buenos tramos. Aunque no es mucho problema porque el clima está superagradable, por lo menos en el verano. Supongo que por eso mismo casi no se ve gente gorda en las calles. Eso sí, ves bastante gente caminando o en bicicleta. Por eso lleva calzado cómodo, no como yo que me llevé unos tenis superincómodos y terminé con los pies todos ampollados.

2.- En la mayoría de los restaurantes no hay refill de bebidas. A menos que vayas a restaurantes de comida rápida, pero de ahí en fuera, modérate con las bebidas si no quieres pagar mucho.

3.- En casi todos lados te cobran una comisión por cambiar divisas. No solamente ganan con el tipo de cambio sino también con comisiones que te cobran por cada transacción.

4.- La mayoría de la gente habla inglés y francés. Fue un poco frustrante que la mayoría de la gente me contestara en inglés cuando les hablaba en francés. Sólo unas cuantas personas me contestaron en francés. A pesar de que me entendían, no sé por qué no me hablaban en francés. Me había preparado durante casi un año para poder comunicarme en francés y luego me salen con esto. 

5.- En todos los recibos veía por lo menos dos tipos de impuestos. Supongo que uno es local y otro federal o algo por el estilo. 

6.- Air Canada te cobra por todo: por documentar equipaje, por seleccionar asientos antes de que falten 24 horas para el despegue y hasta por el WiFi.

En resumen, fue una experiencia muy grata. Montréal es una ciudad hermosísima. Hay muchas cosas que ver y hacer. El transporte público es rápido y eficiente y te lleva prácticamente a cualquier parte de la ciudad. Como último recurso puedes usar Uber, lo cual es una maravilla. La oferta gastronómica es muy amplia ya que es una ciudad multicultural. Hay mucho indio, árabe y chino. Me topé con muchos españoles, pero según me contaron son turistas y no inmigrantes.

Espero regresar algún día y esta vez con más tiempo. Me faltaron muchas cosas por ver. Por lo pronto, tengo que empezar a ahorrar. Au revoir!


domingo, 6 de agosto de 2017

Los insultos suenan mejor en español

Hace 3 meses que fui al doctor porque no me sentía bien. Detesto ir al doctor, sobre todo en EE.UU.. Puede representar una verdadera odisea. En fin, les comentaba que fui al doctor, pero no fui con el de cabecera. Era domingo y aquí los doctores solamente trabajan de lunes a viernes; uno que otro trabaja algunas horas en sábado. No era un caso de vida o muerte, por eso no fui a emergencias de un hospital. Pero sí era muy molesto y necesitaba consultar. Ir a Monterrey estaba totalmente descartado. Por lo tanto, me puse a investigar en el sitio web de mi aseguradora en dónde podía consultar. Resulta que en este país hay unos lugares denominados urgent care centers, en los cuales brindan atención médica en casos que no soy muy graves. Así que especifiqué en los criterios de búsqueda de la página web de mi aseguradora que solamente se me mostrara este tipo de establecimientos y sobre todo, que aceptaran mi seguro médico. Encontré unos cuantos, pero todos a excepción de uno estaban cerrados. Lo corroboré llamando a cada uno de ellos. El único que estaba abierto se encontraba a 40 km de mi casa. Qué remedio. No tenía que hacer cita ni nada, así que me fui porque ya no aguantaba. Llegué a la dirección y ¡oh, sorpresa! No era ninguna clínica ni nada que se le pareciera. Era un mugroso cuarto de 3 x 3 dentro de una farmacia. No le di importancia, porque realmente estaba más preocupado porque me atendieran. Me registré en el kiosko y esperé mi turno. Había solamente una persona por delante. Llega mi turno y me pasan. La doctora me hizo mil preguntas, puso la información en la computadora, me hizo un examen rápido y dijo que era todo. Me quedé un poco confundido porque se supone que mi copago era de USD 30, pero ella me dijo que el sistema no le marcara que yo debiera hacer algún pago. Dijo que la factura llegaría a mi casa a los pocos días. Nunca me imaginé lo que sucedería después. Efectivamente la factura llegó a mi casa y me estaban cobrando el 100%. Fue aquí donde comenzó un viacrucis que duraría 2 meses.




De entrada, mi aseguradora se negó a pagar argumentando que necesitaba haber sido referido por mi médico de cabecera. Se supone que tu médico te refiere con alguien más cuando se trata de un especialista, pero éste no fue el caso. Pero según ellos, cualquier médico que me atienda y que no sea el de cabecera es considerado un especialista. Con la compañía proveedora de servicios médicos no logré nada. Tenía que arreglar esto con mi aseguradora. Les llamé por teléfono, expliqué mi situación y me dijeron lo mismo que ya sabía: que se negaron a pagar porque no había sido referido. Me dijeron que podía apelar la decisión y obviamente les dije que sí. Me dijeron que en los próximos días me llegaría un formulario que tendría que llenar y enviarlo de vuelta. Pasaron los días, me llegó el mentado formulario y se los envié de vuelta. Días después me llega una carta diciendo que iban a estudiar mi caso y que debería tener una respuesta dentro de 30 días. Ya casi se cumplía el plazo cuando recibo otra carta diciendo que habían denegado mi apelación. Vuelvo a llamarles, me atiende otra persona y tengo que explicar todo de nuevo. Al final, me dice que puedo poner una queja para que vuelvan a revisar mi caso. Accedí. Días después me llega otra carta donde dice que recibieron mi solicitud y que dentro de 30 días me tendrían una respuesta. Exactamente 30 días después recibo otra carta en la cual me dicen que definitivamente ellos no van a pagar. La última instancia a la que podía acudir era a la Comisión de Seguros de Texas. Pero eso implicaría más papelería, más llamadas y todo lo demás. Sabía que era inútil llamar a mi aseguradora porque ya me habían dado una resolución final e inapelable, pero lo hice de todos modos. Me contestó una cubana y por enésima vez tuve que explicar mi situación. Me puso más de una vez en espera porque según tenía que revisar unas cosas. Yo ya sabía lo que me iba a decir, pero quería ver su nivel de cinismo. Me dijo lo mismo, que no iban a pagar porque no tenía la recomendación de mi médico de cabecera, pero también me dijo otras cosas que nadie me había dicho. Me dijo que ellos no tienen contrato vigente con la compañía que me proveyó los servicios médicos. Que sí aparece en su sistema, pero no hay contrato. Y entonces le reclamo que cómo es posible que los tengan en su sitio web si no tienen contrato con ellos. Están malinformando a la gente. La verdad no recuerdo lo que me dijo porque yo estaba empezando a encolerizarme. Y todavía se atrevió la fulana a insinuar que fue mi culpa porque debí haberles llamado antes para corroborar la información. ¡Si ellos solamente trabajan de lunes a viernes! Se lo dije con todas sus letras. Me enojé aún más porque no me dejaba hablar. Nunca he trabajado en servicio al cliente, pero es obvio que son estrategias que emplean los agentes para darte largas y desanimarte. Fue en ese momento que exploté (que conste que me había propuesto mantener la calma antes de llamar). Le dije a la agente hasta de lo que se iba a morir (para los que no conocen esta expresión, no es una amenaza sino una serie de insultos) y la muy descarada se atrevió a decirme que cancelara mi servicio si no estaba a gusto. Todavía me da coraje nada más de acordarme. De lo rescatable fue que como nuestra conversación fue en español, me pude desahogar sin ningún problema. No me faltaron las palabras. No es mi estilo insultar a las demás personas, denigrarlas ni mucho menos...a menos que me saquen de mis casillas, claro está. Ya estaba cansado de tantas cartas, de tantas llamadas, de tantas mentiras. Porque si para algo son buenos los agentes de servicio al cliente es para darte largas. Me desgasté escribiéndoles y llamándoles tantas veces que perdí la cuenta, para que al final no sirviera de nada. Ni siquiera con evidencias accedieron a mi solicitud. Les envié capturas de pantalla en donde se comprobaba todo lo que yo les decía, pero todo fue inútil. Yo tenía que pagar.




Ya que no pude resolver nada con mi aseguradora, solamente me quedaban 2 opciones: iniciar una queja con la Comisión o pagar. La verdad lo único que quería era que ya terminara todo. Porque eso sí, en todo ese tiempo que mi aseguradora me tuvo esperando, la "clínica" me seguía cobrando. Ya estaba harto. No sé cuánto tiempo debe pasar antes de que vendan la deuda a un despacho de cobranza, pero no quise arriesgarme. Pagué el 100% de algo que no me correspondía. Lamentablemente uno es el único perjudicado si no paga. Te boletinan y tu crédito se ve seriamente afectado. A ellos no les importa que estés esperando una resolución de tu aseguradora ni nada. No dejan de molestar hasta que les pagues. Por eso odio a los cobradores así como odio a las aseguradoras y a los doctores. Todos ellos conforman una mafia que lo único que hace es robarle su dinero a la gente. Lo hacen porque la ley se los permite. Injusticias de la vida. 

Hubiera querido escribir antes sobre esto, pero he estado muy ocupado. Pero no quería dejar pasar la oportunidad para desahogarme de nuevo. Y a ustedes, ¿les ha pasado algo similar? ¡Cuéntenme! Au revoir! 

domingo, 16 de julio de 2017

C'est la vie

Como en las últimas semanas me la he pasado escribiendo sobre mi trabajo, esta vez quiero hacer algo diferente. Quiero hablar sobre mi pasatiempo favorito actual: los idiomas, particularmente el francés. El cual, como lo he dicho en ocasiones anteriores, se ha convertido en mi tabla de salvación. Lo que comenzó como algo trivial, se convirtió en algo más que una afición. Me he propuesto dominar el idioma aunque debo confesar que no es nada fácil (a pesar de que digan que es muy fácil para los que hablamos español como primer idioma). Lo anterior dista mucho de la realidad. Por eso he tomado varias medidas para conseguir mi objetivo. Es una disciplina, como el gimnasio, la dieta, en fin.

Comencé tomando clases particulares por Skype una vez a la semana (la $ituación no da para más por el momento). De veras que es una maravilla todo lo que puede uno hacer en la red. Antes de que existiera Internet, si uno quería estudiar con un instructor tenía que buscarlo y tomar las clases en persona. Ahora eso ya no es necesario. Gracias al Internet uno tiene miles de opciones de donde escoger. Puedo contactar a personas del otro lado del mundo e interactuar con ellos sin ningún problema (excepto como cuando he batallado con mi computadora, pero ése es otro tema). Puedo escoger el día y la hora que más se adecuen a mi horario. Y lo más importante, puedo hacerlo todo desde la comodidad de mi casa o dondequiera que me encuentre.




Me encantaba el método del primer maestro que contraté. Se nota que tiene experiencia y que le gusta su profesión (muy importante). Sus clases eran muy amenas, aprendí mucho y me divertí mucho también. El problema con él era que nuestros horarios no empataban. Entre semana yo solamente podía estudiar después de las 7 p.m., pero por la diferencia de horario eran las 2 a.m. en Europa. Así que era imposible entre semana. Los domingos no trabaja, así que el único día disponible era el sábado. Pero como es padre soltero/viudo/divorciado (nuncá le pregunté), a veces ni siquiera podíamos tener clase el sábado porque tenía que atender a sus hijos. Así que tuve que buscar otro maestro y empezar de nuevo. Bueno, empezar en el sentido de tener que acostumbrarse al ritmo de trabajo de otra persona. Mi maestro actual me corrige demasiado, pero es algo que agradezco (aunque a veces sí frustra ¡jajajaja!). Pero podemos hablar de muchas cosas que me gustan, entre ellas el cine francés. Lo cual es un plus para mí. Y hay más facilidad de comunicarnos por Skype o Whatsapp. Supongo que la edad tiene que ver. Con mi primer maestro, el cual es de mediana edad, era toda una odisea que me contestara un mensaje solicitando un cambio de hora. Pero bueno, no puedo generalizar. Hay gente joven y madura por igual que maneja las nuevas tecnologías a la perfección.

Como una clase semanal no es suficiente, decidí asistir a un grupo de conversación en francés aquí en Houston. Es un grupo que encontré en una aplicación que se llama Meetup, la cual me encanta por cierto. Va gente de todas partes: franceses, canadienses, estadounidenses, mexicanos, venezolanos, brasileños, africanos, etc. Algunos obviamente dominan el idioma a la perfección ya que es su lengua materna, mientras que otros son desde nivel principiante hasta avanzado. Dudaba mucho para integrarme, pero decidí que era necesario. La verdad me ha ayudado mucho. Durante 2.5 horas hablamos en francés...nada de inglés o español. Esto me ha obligado a tener que ser creativo al momento de expresarme. A veces es un poco difícil seguir la conversación debido a que algunos de los asistentes hablan muy rápido, pero eso le pone más sabor al caldo. Me encantan estas reuniones porque siempre aprendo algo nuevo. Además de que es una oportunidad de socializar con personas de otras culturas. Es un win-win.

Como quise dar un paso más, me puse a indagar en Internet y encontré sitios donde se inscribe gente de todo el mundo que busca un compañero para intercambiar idiomas. Así que creé un perfil especificando que buscaba a alguien que me quisiera ayudar con el francés y yo a cambio ofrecía ayudar con español o inglés. No fue nada fácil. Primeramente por las zonas horarias. La mayoría de la gente que habla francés vive del otro lado del mundo, por lo cual la diferencia de horario siempre es de 7 horas o más. De este lado del hemisferio, solamente tengo a Québec, aunque debo confesar que no me gusta su acento. Pero de todas formas es difícil encontrar a alguien porque no te contestan los mensajes o nunca logra uno ponerse de acuerdo en el día/hora para conectarse. O te dicen que ya tienen muchos contactos y que ya no están aceptando más. O algunos solamente quieren ligar por lo que solamente aceptan solicitudes del sexo opuesto. Y las mujeres son algo paranoicas. Total, seguí enviando solicitudes hasta que encontré 3 personas disponibles. Una es francesa, otra belga y otra canadiense. Con mis contactos francés y belga hablo por Skype. Con el francés comencé hablando los domingos en la mañana. Ahora hablamos domingo y martes. Se presta el horario porque vive en Guayana Francesa, así que solamente son 2 horas de diferencia. Con el belga sí es un poco más difícil. El único día que podemos hablar es el sábado. Y con el canadiense el problema es que no tiene Skype ni Internet, así que hablamos por teléfono. Afortunadamente muchas compañías de teléfono en EE.UU. incluyen llamadas a Canadá en sus paquetes, así que no es problema. El problema es ponerse de acuerdo para el día/hora para hablar. Actualmente estoy en standby porque mis contactos andan de vacaciones y ellos sí que se toman vacaciones largas (un mes). He estado buscando más contactos, pero como ya escribí arriba, es muy difícil encontrar gente a pesar de que hay muchísimas personas inscritas en estos sitios de intercambio de idiomas. He probado con otras aplicaciones como Tandem, iTalki y WeSpeke pero no tuve éxito. La decepción.




Otro medio que he utilizado para aprender francés ha sido el cine. Me encanta el cine francés. Antes solía ver los filmes con subtítulos en inglés o español, pero mi maestro me regañó y me dijo que debo verlos con subtítulos en francés si realmente quiero aprender. Empecé a implantar esta estrategia hace poco y honestamente es difícil. Trato de no leer los subtítulos para poder entender lo que dicen, pero al mismo tiempo no me quiero perder dentro de la historia. Por lo cual tengo que ver algunas escenas más de una vez: primero sin subtítulos y después con subtítulos. En fin, no se puede tener todo en la vida, ¿verdad? Actualmente es de los pocos medios con los que cuento por el momento para practicar. Así que a hacer de tripas corazón.

Estoy algo nervioso porque se acerca mi viaje a Montréal. ¡Por fin! Ésa fue la excusa que utilicé para comenzar a estudiar francés. Espero con ansias la oportunidad de poder practicar mi francés durante una semana entera. Sé que allá hablan inglés también, pero haré lo posible por comunicarme en francés solamente. Sé que el acento es muy diferente del europeo, pero bueno, ya habrá oportunidad para ir a Francia en el futuro. Au revoir!


domingo, 9 de julio de 2017

Cómo he logrado mantenerme cuerdo

En francés existe una expresión que dice "metro, boulot, dodo", la cual quiere decir algo así como "trabajo, trabajo, trabajo". Es un poco irónico y hasta gracioso que una expresión que viene de mi idioma favorito refleje a la perfección mi realidad actual. Los últimos meses han sido muy difíciles laboralmente y me he visto obligado a enfrentar situaciones francamente insoportables. Mi trabajo me ha afectado de tal manera que mi apetito, mis patrones de sueño y otras áreas de mi vida se han vuelto un caos. No exagero cuando digo que hasta pesadillas he tenido con mi trabajo. Antes existía una clara división entre mi vida laboral y mi vida personal. Eso es historia ya. Ahora aunque no esté en la oficina tengo que estar disponible por teléfono o email. No puedo estar a gusto en una reunión o descansando en mi casa porque ya me están llamando por teléfono o escribiendo por Whatsapp. Las funciones de mi puesto cambiaron de la noche a la mañana sin darme cuenta y sin haber sido consultado siquiera. No encuentro la manera de revertir esta situación. Siempre uno queda como villano cuando protesta, pero la verdad es que ya no puedo más. Siento que uno de estos días voy a explotar por estar guardándome tantas cosas con el objeto de evitar más conflictos aún. Odio los lunes más que nunca. Las horas se me hacen eternas durante la semana laboral. El viernes ya ni siquiera es un consuelo. No veo la hora de irme de vacaciones. Espero con ansias mi viaje a Canadá. Me voy a desconectar del trabajo por completo y me vale un comino si la empresa quiebra.




A últimas fechas, el francés ha sido lo único que me ha mantenido a flote. Mis clases privadas, mis reuniones con el grupo de conversación y mis conversaciones con mis amigos francohablantes por Skype son mi escape de la amarga realidad que me aqueja. En esos momentos me siento libre, lejos de mis problemas, feliz. Lo malo es que a veces me siento tan cansado y estresado que no tengo ni ganas ni energía para hacer lo anterior. Por ejemplo, mi grupo de conversación se reúne los miércoles a las 7:30 p.m. Esos días prácticamente llego a la casa, me doy un baño, ceno algo y me voy rápidamente. Llego raspando porque la reunión es a casi 40 minutos de mi casa. A veces me he visto tentado a faltar, pero yo solo me doy valor y me fuerzo a ir. Al final de la reunión, me siento con la pila recargada y el humor por las nubes. Aunque todo vuelve a su estado anterior al día siguiente.

También me esfuerzo por ver videos en YouTube, mis películas, leer, estudiar, en fin. Ha sido mi terapia para no volverme loco, mi catarsis. Gracias al francés he descubierto cosas nuevas, he conocido gente maravillosa. No sólo ejercito mi cerebro sino que también alimento mi espíritu. Siento que si dejara todo eso perdería la razón. Tampoco digo que lo hago las 24 horas del día (no soy robot), pero es vital para seguir viviendo. No concibo mi vida como era antes. A veces me frustro porque no puedo avanzar tanto como quisiera, pero después recuerdo que no sólo estudio francés por necesidad sino por gusto. He pensado en estudiar otra cosa, pero por el momento quiero enfocarme en el francés. 

No es sano vivir todo el tiempo estresado. Pero para algunas personas es inevitable. Recuerdo que desde niño me sucedía. Es parte de mi naturaleza. Pero siempre de una u otra manera he logrado salir airoso. Mi situación actual es insostenible. Por azares del destino tengo que sacar fuerzas de flaqueza hasta que llegue el momento de poder actuar. A veces no quiero ni levantarme en la mañana. No quiero ni pensar en todo lo que tengo que hacer cada día. Por lo pronto, no me queda más que aferrarme a lo único que me mantiene cuerdo. Porque estoy cuerdo...todavía.

martes, 4 de julio de 2017

Zapatero a tus zapatos

De acuerdo con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner existen ocho tipos de inteligencia: lingüístico-verbal, lógico-matematica, visual-espacial, musical, corporal-cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista. Lo cual quiere decir que dependiendo del tipo o tipos de inteligencia que poseamos va a hacer que sobresalgamos en ciertas áreas. No todos somos iguales, por eso a algunos les gustan las matemáticas, mientras que a otros les gustan las artes u otras cosas. Obviamente cuando uno está en la escuela no tiene muchas opciones de desechar lo que no te gusta. Te tienes que aguantar y tratar de aprobar todas las materias. Pero cuando llega el momento de elegir una carrera, es muy importante considerar las habilidades y gustos que uno tiene. Lo lógico es escoger algo en lo que eres bueno. Zapatero a tus zapatos. Aunque hay excepciones, dependiendo de las prioridades que tenga una persona, otros factores pueden incidir sobre sus decisiones (el dinero, tiempo libre u otros beneficios). Pero partamos de la premisa de que soy bueno en algo y voy a seguir el camino conducente. Dios, la vida, el destino o quien prefieran me dotó de capacidades específicas con las que voy a contribuir a la humanidad y buscar la felicidad al mismo tiempo. Tarea nada fácil, pero eso es otro tema.




Antes de entrar a la universidad tenía unas ideas muy diferentes respecto a mi carrera, hasta inocentes diría yo. Ahora que estoy en el mundo laboral veo todo de manera muy diferente. Todo dista mucho de ser color rosa. Por ejemplo, en mi trabajo actual me las he visto negras desde que un compañero renunció. Bueno, no recuerdo si ya lo he comentado en otra publicación, pero en la oficina éramos tres personas solamente: mi jefe, su sobrino y yo. Hace unos meses el sobrino renunció y desde entonces la carga de trabajo es más pesada para mí. El problema estriba en que sus funciones son muy diferentes de las mías. Yo siempre he estado más orientado a lo administrativo (de hecho todos o casi todos mis trabajos han sido así). Siempre he trabajado dentro de una estructura. Me gusta el orden, odio la ambigüedad. Mi personalidad también es un poco huraña. Prefiero tratar con las personas por teléfono o correo electrónico (sobre todo este último). No me gusta tener que hacer visitas de trabajo. No me gusta trabajar a deshoras, tener que estar siempre disponible aunque no esté en la oficina. Para mi desgracia, todo lo anterior representa mis funciones ahora. Ya no tengo un horario fijo (antes lo era relativamente). Tengo que estar disponible por teléfono, Whatsapp, correo electrónico, etc. Es la naturaleza del trabajo. Trabajo en una empresa de marketing. Hacemos un poco de todo desde dotación de personal para conciertos hasta transportación de artistas. Bueno, pues las últimas semanas han sido horribles. He tenido que buscar personal para conciertos y promociones. Pero no cualquier tipo de gente. Trabajamos principalmente con mujeres y la imagen es muy importante. Así que tengo que buscar muchachas guapas, bilingües, sin tatuajes, entre otras cosas. Y no solamente debo buscar gente para eventos en Houston sino también para otras ciudades en Texas. Lo único que me dijeron fue: "Llama a fulanita y pregúntale si puede trabajar o si conoce a alguien". Y así me la he llevado, llamando y preguntando a medio mundo. Lo peor de todo es que muchas veces no contestan el teléfono, o no están intere$adas o no están disponibles. Y si a eso añadimos que son vacaciones y muchas salen de la ciudad, pues baja el cero y no contiene. A causa de eso tuve un disgusto con mi jefe ayer. Me da la impresión de que cree que no hago lo suficiente. Le dije que estoy haciendo lo mejor que puedo. Debí haberle dicho también que esto no es lo mío y que de haber sabido que iba a tener que hacer estas cosas, no habría aceptado el trabajo. Porque todo tiene un límite. Las empresas se justifican diciendo que hay que "ponerse la camiseta". Pero eso no quiere decir que tenga que realizar funciones diametralmente opuestas a las mías. La personalidad es muy importante y la mía no encaja en ese perfil. No tengo la paciencia ni la tolerancia para desempeñar este trabajo. Por eso no me metí de vendedor ni de reclutador, porque mi personalidad no es así. Pero por azares del destino tengo que hacer todas estas cosas que me disgustan enormemente.




En unos días tengo que ir a Dallas para arrancar una promoción. Eso implica irme desde muy temprano para aprovechar el tiempo y regresar ese mismo día en la noche. Voy con mi jefe y él va a conducir, posiblemente me toque conducir un tramo. Lo que más me molesta es que tengo que modificar mis planes, mi estilo de vida. Mi jefe me pregunta a veces que para qué quiero irme a mi casa y yo con ganas de decirle que qué le importa, pero tengo que resistir ese impulso. Tal vez si así como me aumentan las responsabilidades me aumentaran el sueldo...Cada vez me convenzo más de que debo cambiar de trabajo. Hacer algo que me guste, algo en lo que sea bueno, que vaya de acorde con mi personalidad. Hace tiempo descubrí que estoy orientado hacia las artes, así que tal vez ésa sea la solución. Aunque debo confesar que me da algo de miedo todo lo que dicen respecto a la vida de una persona que trabaja de eso y que no tiene ni para vivir. Y también me pregunto si no me pasará lo mismo que en los demás trabajos y termine haciendo cosas que no me gusten o para las que no fui contratado. La única manera de evitar esto sería emprender un negocio. lo cual de hecho es una idea que vengo albergando desde hace tiempo.

Bueno, pues me retiro para aprovechar las últimas horas que quedan de mi día libre. En contra de todo pronóstico me dieron el día. Pero ahí les encargo el resto de la semana. Me dan náuseas solamente de pensar en ello. Au revoir!

domingo, 25 de junio de 2017

Cuando de fregar se trata

A últimas fechas, me he convencido de que la teoría darwiniana de la supervivencia del más fuerte está directamente relacionada con el capitalismo. Los dueños de los bienes (los ricos) devoran como aves de rapiña a la clase trabajadora (los pobres) a fin de sobrevivir. Se valen de cualquier medio para engordar sus arcas aún más. No les importan los medios para conseguirlo. El fin justifica los medios. No existen la amistad, el amor, ni siquiera el más mínimo sentido de humanidad. Dinero, dinero, dinero. La ley de Herodes...o te ch"#$@s o te jodes. Amoralidad total.

Esta semana tuve dos disgustos enormes. Todo se resume a dinero. Primero, mi compañía de cable. Es increíble la cantidad de veces que he tenido que llamar por cobros injustificados que me están haciendo. De entrada, te amarran con contratos de uno o dos años. Si quieres cancelarlo, tienes que pagar una penalidad. Pero estos imberbes (por no decir otra cosa) siempre ven para su lado solamente. Me habían prometido que mi factura iba a ser de $104 (precios en dólares) mensuales aproximadamente. Al final del primer año, mi factura subiría $20 más. ¿Pues qué creen que pasó? Efectivamente estuve pagando $104 mensuales, pero al poco tiempo mi factura comenzó a subir. Los incrementos fueron graduales. Comenzaron siendo de $3, después de $5 y finalmente de $10. Fue aquí cuando empecé a quejarme. La compañía de cable alegó que son "ajustes" que se hacen por incremento en las rentas de los equipos, impuestos, etc. Pero me dijeron que ya no iba a aumentar. Así fue por otro corto perído, pero la gota que derramó el vaso fue cuando me aumentaron $32. ¡$32! ¡Eso ya era una burla! Y lo peor de todo es que ni siquiera se había cumplido el primer año. Esta vez sí estaba decidido a cancelar el servicio. Llamé y como era de esperar, me transfirieron de un lugar a otro y me la hicieron larga. Me echaron en cara el contrato. Tendría que pagar una penalidad por cancelar antes de tiempo. Yo les dije que ni siquiera ellos lo habían respetado y me salieron con explicaciones estúpidas. Total, a final de cuentas me ofrecieron respetar el precio. No pasaron ni dos meses, cuando me volvieron a aumentar el cobro. Esta vez me están cobrando $135. Llamé de nuevo, tuve que explicar mi situación más de una vez y tuve que fletarme casi una hora al teléfono. De nuevo pensé seriamente en cancelar, pero si lo hago en este momento tendría que pagar $120 y empezar todo el proceso con otra compañía. Había pensado en AT&T, aunque dicen que es la misma gata. Regresando al tema, Comcast (la compañía de cable con la que estoy y que es el mismísimo demonio) me ofreció otra oferta. Tengo que pagar $115 al mes, pero van a reducir la velocidad de mi Internet. Acepté y supuestamente iban a hacer el ajuste en mi factura actual para que en lugar de pagar $135 pague $115. Dijeron que lo harían dentro de 24 horas. Pues ya se cumplió el plazo y acabo de revisar y como lo imaginé, no han hecho el ajuste. Me dan náuseas solamente de pensar que tengo que llamar otra vez. 





Otra compañía que se ha dedicado a robarme la tranquilidad es Molina, la compañía con quien tengo mi póliza de seguro médico. Como todos saben, en EE.UU. no existe un sistema de salud pública. Todo es privado. Es puro negocio. Regresando al tema, hace unas semanas no me sentía bien y decidí ir con el médico. Era domingo y mi médico de cabecera no trabaja ese día. Mi malestar no ameritaba ir a emergencias de un hospital, pero sí necesitaba ver a un médico pronto. Viajar a Monterrey estaba totalmente descartado por cuestiones de tiempo y dinero. Así que la única opción que me quedaba era esperarme hasta el lunes, llamar al consultorio y ver si era posible que me atendieran ese día o ir a otro lado. En EE.UU. existen unos lugares que se llaman urgent care centers, algo así como centros de cuidado urgente. Se trata de lugares donde proporcionan atención médica en casos que no son muy graves. La ventaja es que tienen horarios más flexibles que un médico regular. Muchos de estos centros están abiertos hasta tarde o incluso fines de semana. Así que ingresé al portal de Molina y busqué uno de estos lugares. El único que encontré que estaba abierto en domingo estaba retirado de mi casa, pero fui porque ya no soportaba mi malestar. Al finalizar la consulta, le pregunté a la doctora cuánto le debía y me dijo que nada, que la factura me llegaría a mi casa. Yo esperaba pagar $30 porque se supone que ése es el copago que me corresponde. Me pareció extraño, pero no le di importancia. Pues bien, semanas después me llega una factura por la cantidad de $164. Ah, y venía un mensaje que decía que mi aseguradora se negó a pagar porque no tenía la recomendación correspondiente de mi médico de cabecera. Así que llamé a servicio al cliente para quejarme. Me volvieron a decir lo mismo, que necesitaba que mi médico me refiriera. Les dije que eso solamente aplica cuando uno quiere ver a un especialista y éste no fue el caso. Me dijeron que me iban a enviar una carta con unas formas que tenía que llenar para apelar. A los pocos días me llegó la mentada carta. Llené la forma de apelación y tuve que escribir todo lo que pasó y adjuntar facturas y demás. Pasan unas semanas y recibo otra carta de Molina donde explican que mi apelación fue denegada y que yo y solamente yo soy responsable de cubrir el monto adeudado. Llamé para quejarme, pero no contaba con que solamente trabajan de lunes a viernes de 8 a 5. Ya podrán imaginarse mi rabia. Son una bola de mentirosos. Ponen información falsa en su página web. Sí acudí a ese centro de salud es porque venía en su lista de lugares autorizados. Incluso tengo la captura de pantalla que lo demuestra. Tal parece que mi último recurso es acudir a la Comisión de Seguros de Texas e iniciar un reclamo. Más papeleo, más burocracia, con lo que me gusta. Lo peor de todo es que yo soy el único afectado porque ese centro de salud me sigue cobrando. De hecho me volvió a caer otro cobro este fin de semana. Si no pago, tarde o temprano van a pasar mi deuda a un despacho de cobranza y me van a reportar a buró de crédito. La verdad no sé qué hacer. 

Para que vean que no todo es miel sobre hojuelas en EE.UU. En México nunca tuve problemas con Cablevisión de la dimensión que los tengo con Comcast. Este último es una de las máquinas de joder más efectivas que existe. Te enganchan con precios promocionales, te amarran con contratos, te aumentan tu tarifa de la nada, no respetan contratos y después ya no hallas cómo zafarte. Y todo lo hacen porque pueden, porque la ley se los permite. Igual como la ley permite a las aerolíneas modificar sus tarifas a su antojo, igual que muchas otras cosas más.

Y la salud es puro negocio aquí. Por eso muchas personas quieren trabajar en estas áreas, porque se gana muy bien. Claro, ¿cómo no va a ser así si aquí por cualquier cosa te quieren cobrar un ojo de la cara? Y las aseguradoras son todas unas buenas para nada. Son unos usureros, unos aprovechados de lo peor. Pero volvemos a lo mismo, lo hacen porque la ley se los permite. Las leyes están diseñadas para beneficiar a las corporaciones, a los ricos, a los poderosos. A los demás mortales que nos parta un rayo.

Y ustedes, amigos, ¿qué experiencias han tenido al respecto? Au revoir!


domingo, 11 de junio de 2017

Eso no estaba en mi contrato

"Deberías agradecer que tienes un trabajo" me parece una frase demasiado simplista y hueca. Sobre todo, porque quien la dice muchas veces habla sin conocimiento de causa o lo hace porque considera que exageras cuando hablas sobre tu trabajo. Puede que haya un dejo de verdad, considerando que actualmente es muy difícil encontrar un empleo. La población mundial ha aumentado mucho desde la segunda mitad del siglo pasado, la esperanza de vida es mayor, hay más facilidad de acceso a la universidad, hay más competencia en el mercado laboral, etc. Antes, tener una carrera universitaria era muy útil para encontrar un empleo. Ahora no es garantía. De ahí que muchos profesionistas tengan que subemplearse para sobrevivir en un mundo que querían comerse cuando se graduaron de la universidad. Muy bien decían mis profesores que el mundo real estaba allá afuera, que nos toparíamos con cosas nuevas en las empresas en las que fuéramos a laborar. Vaya que es verdad. Son golpes que te da la vida. Es frustrante darse cuenta que muchas veces más que una preparación profesional lo que verdaderamente importa es "tener palancas" o "hacer favores personales" (por no decir otra cosa). Vale un comino que te hayas graduado con honores, que seas una persona preparada, etc. Las empresas ahora buscan a recién egresados que estén dispuestos a ganar una miseria a cambio de venderle su alma al diablo. Adiós prestaciones, adiós estabilidad laboral. Y todo es culpa de los millennials. Qué conveniente.




Estás a merced de tus superiores. Parece que no entienden que uno tiene una vida fuera de la empresa. Olvidan que antes que empleados somos personas que desempeñamos otros roles. Pero la mayoría de las veces sólo ven lo que les conviene. Si llegas temprano y te vas tarde no pasa nada, pero intenta irte a la hora que se supone es la hora de salida y eres un villano. Eres un pecador de lo peor. Hay mucho trabajo, muchos pendientes que sacar. Uno no puede (o no debe, según ellos) darse ese lujo. El tiempo es dinero (para ellos). Porque hasta eso, en muchos empleos ni siquiera pagan tiempo extra, argumentado que eres "empleado de confianza". Así que jódete. Agradece que tienes un empleo y cierra la boca. Tienes que traer la camiseta bien puesta y esto implica sacrificar tiempo personal, soportar situaciones más que difíciles y demás peripecias inefables. Aprende a ver y callar. Si te quejas, eres un inconforme, un revoltoso. Te arriesgas a que no te den una carta de recomendación cuando la solicites. Por eso las cartas de recomendación me parecen muy arbitrarias. Cuando solicitas un nuevo empleo, es común que te pidan una. El problema es que si a tu jefe anterior no le caíste bien o no le agradó algo que hiciste, no va a hablar bien de ti. Porque para esas cosas sí que tienen buena memoria. No importa que tu desempeño haya sido bueno. Créanme.

En mi caso, me las he visto negras en los últimos meses, principalmente las últimas semanas. La empresa en la que trabajo es pequeña. Yo me encargo prácticamente de todas las cuestiones administrativas. El sobrino de mi jefe se encargaba de las cuestiones operativas. Pero él renunció hace tiempo y ahora tengo que hacer su trabajo. La verdad no me doy abasto. Ahora encima de hacer mi trabajo, tengo que hacer muchas llamadas telefónicas, contestar más emails, supervisar a más gente, salir de la oficina a hacer otras cosas, en fin. Ah, y trabajar a deshoras, porque tengo que contestar si me hablan aunque esté fuera de la oficina. Es en estos momentos que maldigo la tecnología. Gracias al Internet y los celulares difícilmente estamos ilocalizables. Tengo que partirme en mil pedazos y gestionar mi tiempo magistralmente. Si antes tenía que priorizar actividades, ahora tengo que hacerlo mucho mejor que antes. El estrés está a mil, vivo tensionado y hasta he tenido pesadillas con mi trabajo (aunque no lo crean). He tenido que desempeñar roles que son totalmente opuestos a mi personalidad. Sí he aprendido algunas cosas, no lo voy a negar. Pero cuando me habían entrevistado me habían dicho una cosa y ahora la situación es totalmente diferente. De haber sabido, posiblemente no habría aceptado el empleo. Yo soy una persona de oficina. No me gustan esos empleos en los que uno tiene que andar saliendo y hacer y recibir llamadas a cada rato. No me gusta tener que lidiar con tanta gente, al menos no en la posición en la que me encuentro.




Lo malo de todo es que no ha habido un aumento de sueldo. Todo mundo me ha dicho que lo pida y sí lo he contemplado. Pero para ser honestos, me da un poco de miedo hacerlo. Conozco a mi jefe. Es buena persona, pero tiene un carácter algo difícil. Y ya me sé de memoria lo que me va a decir. Y tampoco puedo cambiarme de trabajo por el momento. Me he visto tentado a hacerlo, pero he aprendido a no ser tan impulsivo. Como esta semana por ejemplo, que tuve roces (más que eso) con una tipa de una empresa con la que estamos trabajando en un proyecto conjunto. Según es jefa de proyectos o algo así (aunque si la ves con un rebozo en una esquina, pasa desapercibida) y toda esta semana se ha dedicado a fastidiarme. Es de esas personas que no desaprovechan la más mínima oportunidad para hacerte ver mal. Copian a medio mundo en los mails para que sean testigos de lo que hiciste. Y todo se debió a unos reportes que le envié. En esos reportes debo incluir datos y fotos sobre la promoción que estamos trabajando. Pero según esta tipa, "mi reporte era deficiente". Así que tuvo a bien enviarme un ejemplo de un "reporte competitivo" para que lo tome como referencia (copiando a medio mundo, claro está). No encuentro las palabras para describir el reporte que recibí. No sé qué entiende esa mujer por competitivo. Todo el meollo del asunto era que quería más fotos. Su reporte no contenía datos y el formato era tan básico que lo puede hacer cualquier niño de primaria. Quería decirle hasta de lo que se iba a morir, pero no debo ponerme al tú por tú. Así que a practicar la tolerancia y diplomacia. Lo que más coraje me da es que todo esto pasa porque nos falta gente, no por incompetencia de parte mía. Yo no puedo con todo. Trato de hacer lo mejor que puedo, pero aún así no es suficiente. Y yo soy el que queda mal, no mi jefe. Y él como que minimiza la situación y me dice que les dé por su lado, pero no se trata de eso.  Quiere abarcar todo, pero aprieta poco por lo mismo. Tenemos 3 proyectos muy demandantes, el cliente quiere una cosa, mi jefe lo hace a su manera y yo soy el que sale perjudicado.




No conforme con todo lo anterior, mi jefe (también dueño de la empresa) quiere abrir un negocio totalmente diferente a nuestro giro. No pudo haber escogido peor momento. Si tuviéramos más gente, no diría nada. Pero éste no es el caso. A mí me toca todo el paquete y las horas no son suficientes. Aunado a esto, ya me dijo que tendré que trabajar en fines de semana por lo cual tendremos que modificar mi horario. Además, tendré que trabajar más en campo, lo cual ya dije anteriormente, me desagrada bastante. Entiendo que los cambios son parte normal de cualquier empresa, pero esto es muy radical. Tengo que desempeñar funciones para las cuales no fui contratado y que no van conmigo. 

Por lo pronto, tengo que "hacer de tripas, corazón" y dar mi mejor esfuerzo. Hay muchas cosas desagradables, sobre todo personas con las que tengo que lidiar, pero es inevitable. Y ustedes, ¿cuáles han sido sus experiencias? Au revoir!