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domingo, 25 de febrero de 2018

Todos y todas

Todos tenemos nuestras obsesiones. En mi caso, una muy particular es la del buen hablar y escribir. No es por ser chocante ni esnob, es algo intrínseco de mi persona. Cada vez que veo algo mal escrito o que escucho algo dicho de manera incorrecta, literalmente siento que me da cáncer en los ojos y en los oídos. Siempre he sido partidario de hablar y escribir bien, aunque a veces es un poco frustrante que no todos piensen así. Pero uno no se puede tomar las cosas tan a pecho al respecto, sino aprender a ser más tolerante y entender que no todos somos iguales. He cedido en muchas cosas, pero hay una sola en la que no pienso transigir: la utilización del denominado "lenguaje inclusivo". Se trata de una tendencia que ha ido a la alta en los últimos años y que tal parece, llegó para quedarse. Es un fenómeno que ha crecido exponencialmente y que está ligado íntimamente al feminismo. Es un tema complicado, al igual que hablar de homosexualidad, aborto, etc. Cada persona tiene una idea diferente sobre el tema y se pueden herir muchas susceptibilidades al debatir. Es difícil ser objetivo al momento de dar nuestros puntos de vista. Pero ya nos estamos desviando del tema. Son otras cosas de las cuales escribiré próximamente.

Pero ¿qué es el lenguaje inclusivo? Se trata de un movimiento que busca abolir la discriminación lingüística por medio de la adopción de ciertos cambios en la manera de escribir y hablar. Por ejemplo, si alguien dijera: "Los niños son criaturas vulnerables", podemos estar hablando de niños y niñas. No es necesario decir los niños y las niñas. Si dijéramos: "Las niñas son criaturas vulnerables", ahí sí solamente estaríamos refiriéndonos a las niñas. Para muchas personas es preferible decir: "Los niños y las niñas son criaturas vulnerables". Argumentan que esta frase expresa igualdad entre niños y niñas, a diferencia de solamente emplear la palabra "niños". De igual forma podemos ver esta práctica extendida a otros ámbitos. Por lo tanto ya no es raro escuchar "abogados y abogadas", "maestros y maestras", "ingenieros e ingenieras", etc. Ah, y no podríamos dejar de mencionar al nunca bien ponderado expresidente mexicano Vicente Fox con su "mexicanos y mexicanas". Es un problema que no existe en inglés, ya que no se tiene que diferenciar al masculino del femenino. Así, podemos hablar de doctors, engineers, teachers y no hay controversia al respecto. Los gringos sí que son prácticos.




En gramática española , tenemos el género marcado y el no marcado. El no marcado coincide con el género masculino y por eso es utilizado. Se trata de cumplir con un principio de economía de palabras y guardar un estilo lingüístico limpio, fácil de leer y comprender. No se trata de excluir o discriminar. Pero como ya dije anteriormente, muchas personas pueden argumentar lo contrario y no voy a decir que están equivocadas o que deban cambiar de manera de pensar. Pero si valdría la pena hacer un ejercicio de reflexión de una manera lo más objetiva posible. 

Al principio de esta publicación dije que no pienso transigir en cuanto al lenguaje inclusivo. Fui un poco categórico, pero la verdad es que puedo transigir hasta cierto punto. No me molesta tanto por ejemplo, decir "mexicanos y mexicanas", pero ¿no se han puesto a pensar en el problema que se suscita al momento de querer emplear adjetivos? "Los mexicanos y las mexicanas son guapos y guapas" la verdad no me suena muy bien. Bueno, la verdad sí me molesta. Se me hace un uso innecesario de palabras, algo redundante. Digo, seamos honestos. En aras de progresar en una cosa, estamos retrocediendo en otra.  

Ahora bien, hay otra práctica muy extendida actualmente que consiste en utilizar recursos como el arroba, asteriscos, diagonales o paréntesis para expresar el masculino y femenino. Por lo mismo, ahora vemos por todos lados cosas como: compañeros(as), amig@s, señores/as, etc. Díganme, ¿cómo fregados se lee eso? Lo peor del caso es que hasta profesionistas y personas educadas lo hacen, en mi opinión simplemente por mostrar rebeldía en contra del sistema. Tengo contactos en Facebook y conozco otras personas más que usan estos recursos y la verdad es algo que no llego a entender. Si a esas vamos, ¿qué pasa entonces con palabras como alpinista, lingüista, astronauta, atleta, medallista, maestresala y demás palabras por el estilo? ¿No deberiamos decir alpinisto, lingüisto, astronauto, atleto, medallisto o maestresalo? Aberrante.

Creo que el lenguaje inclusivo es un tema controversial y nunca lograremos ponernos de acuerdo hombres y mujeres. Alguno de los dos tiene que ceder y la verdad lo veo muy difícil. La única solución que se me viene a la cabeza es eliminar el género como es el caso en inglés. Eliminar maestro y maestra y usar algo así como "maestre". La verdad no veo otra solución. Si consideramos que el lenguaje evoluciona constantemente y que el español que hablamos en la actualidad dista mucho del que se empleaba hace 400 años, no es tan descabellada esta idea. Aunque la verdad no me termina de convencer. ¡Cómo nos gusta complicarnos la vida a los hispanohablantes! ¿Verdad? Es la belleza de nuestro idioma. Mientras tanto, si quieren expresar igualdad, por lo menos digan cosas como "compañeros y compañeras" en lugar de usar un arroba o asterisco. Se los agradeceremos profundamente. Ah, y que conste que esta publicación no es ninguna burla con mala intención, crítica sí, pero he tratado de expresar mis ideas con argumentos sustentables. 

Les dejo el enlace de un artículo muy interesante que ahonda en el tema:

Au revoir!


sábado, 27 de enero de 2018

La posmodernidad y la cultura

Hace unos meses terminé de leer un ensayo de Mario Vargas Llosa titulado La civilización del espectáculo. Había querido escribir mi opinión al respecto, pero por una u otra cosa no había sido posible.  A pesar de que no estoy de acuerdo con todo lo expuesto, me parece muy atinada la mayoría de sus comentarios. Se los recomiendo ampliamente. En él se exponen argumentos que nos hacen cuestionar el verdadero significado de la cultura. Ésta ha ido evolucionando, pero no para bien. Ahora todo es cultura o arte, por más vulgar que sea. El significado original se ha ido perdiendo con el tiempo.

Empecemos por definir la palabra cultura. Existe una infinidad de significados. Una de las definiciones más aceptadas es un conjunto de valores y creencias compartidos por un segmento de la población. No es del todo incorrecto, pero debemos agregar que la cultura se deriva de las facultades intelectuales y al cultivo del espíritu, siempre en aras del progreso y la civilización. Es algo más profundo y complejo. La cultura se expresa de diferentes formas: en la literatura, la pintura, el cine, la música, etc. Es cierto que la subjetividad es un factor a considerar, pero existen ciertos cánones de belleza que no podemos ignorar. La cultura es algo que ennoblece, que enaltece al ser humano. No es algo que lo degrade, que lo adormezca. La cultura no está peleada con el entretenimiento, pero el entretenimiento no es la única finalidad de la cultura. Por eso a muchas personas les parece aburrida o insulsa. Si van al cine quieren ver una película de acción con muchos efectos especiales o comedias simplonas. Si leen un libro, quieren algo light, con ilustraciones o con una trama superficial. Si van al teatro, quieren ver bodrios en lugar de la ópera o una obra con una historia profunda y artística. De la música ni se diga. En la actualidad abunda la música burda, vulgar, sin sentido. El reggaetón y la bachata dominan la industria musical. Son sinónimos de la "cultura" latina. 





No me malinterpreten. No digo que solamente debamos leer clásicos de la literatura o escuchar música barroca, pero estamos hablando de un problema serio cuando lo superfluo domina en nuestras vidas. No podemos poner en el mismo nivel a Luis Fonsi que a Beethoven o a Salma Hayek que a María Félix. Simple y sencillamente no existe punto de comparación. Y no se trata de gustos, ya que estos son muy variables. Existen ciertos parámetros que debemos utilizar al momento de evaluar algo desde un punto de vista artístico. Ahora llaman arte a cualquier cosa pintada en la calle o a una película de dos pesos. La nueva denominación es el arte popular. En la era de la inclusión, el arte no podía quedarse atrás. Ahora todos son cultos pero de diferentes maneras. No existe un solo tipo de cultura. Argumentan que el arte es subjetivo, que el hecho de que no nos guste algo no lo demerita. Como ya dije, existe un sesgo en este razonamiento, porque a pesar de que tiene algo de razón, no toma en cuenta el significado original de la cultura. Ésta se ha ido degradando con el tiempo y por eso se ha tenido que separar en la "alta cultura" y la "cultura popular". La cultura debe estar al alcance de todos, pero la manera de hacerlo no es degradándola sino educando a la gente. No se trata de imponerla, sino de ayudar a la gente a sensibilarse, a evaluar, a criticar, a ser más perceptivos. Ya estamos plagados de cultura popular hasta el cuello, y sus promotores lo saben. Para ellos es un negocio como cualquier otro. No les importa el contenido de sus películas, canciones, etc. Si no vende, no sirve.

En la actualidad, el chisme, el morbo y el entretenimiento dominan los espacios en la televisión, en el cine, en el teatro, en las librerías...Por eso abundan programas de espectáculos donde persiguen a los famosos hasta el cansancio e incluso los difaman. Por eso tampoco es raro que un famoso se meta a la política aunque no tengra preparación alguna. Pero la gente vota por ellos por el único hecho de que son famosos. Hasta en países de primer mundo como EE.UU. hemos visto este fenómeno. No existe una división clara entre la política y la industria del entretenimiento. El ejemplo actual más claro lo tenemos con Donald Trump. La polémica vende y bien. A la gente le encanta el chisme, hurgar en las vidas ajenas. La banalidad y superficialidad están a la orden del día. 




Mucha gente ya no lee. Son alarmantes las estadísticas que vemos respecto al tema. En países como México, la media es de un libro por año. Es verdaderamente desastroso. Por otro lado hay gente que lee un poco más, pero estamos hablando de literatura light o basura. Los clásicos poco a poco van quedando en el olvido. "Es aburrido, no tengo tiempo", argumentan. Debemos fomentar el hábito de la lectura, pero lectura de calidad. Más vale una obra de Cervantes o Dickens que cien de Coelho. Se los dejo de tarea. 

El cine también está dominado por películas baratas. Baratas en el sentido de su contenido. ¿Cuántas películas de arte vemos en exhibición en las salas de cine? Muy pocas. La mayoría de la gente prefiere ver la nueva película de superhéroes o la comedia más reciente de x actor. Es la misma historia de siempre, llena de clichés, predecible y sosa. Tal vez le hicieron un cambio, pero entretiene y eso es lo que importa. Como ya lo dije antes, yo también veo este tipo de películas de vez en cuando, pero llega a cansar que todas las películas sean así. Hollywood a veces me parece insufrible y el cine mexicano actual ni se diga. Lejos, muy lejos quedó la época de los grandes actores y directores de cine. El cine comercial está en su apogeo y lo exportan al extranjero como si fuera algo digno de hacerse. Lo peor de todo es que los "críticos" de ahora alaban cualquier churro porque es algo fuera de lo convencional.

La televisión sigue siendo el medio de difusión más importante, en mi opinión, aunque poco a poco está siendo desplazada por el Internet. Pero, ¿qué es lo que transmiten en la televisión? Varias cosas, pero el futbol es de lo que más podemos ver. No solamente partidos sino también programas deportivos. Vemos el futbol hasta en la sopa. Entre semana y en fin de semana, futbol mexicano o internacional, pero siempre futbol. Creo que es una epidemia en la actualidad. Así como lo fueron los realities tipo Big Brother en su tiempo, ahora tenemos al futbol. Bueno, pero hay que ser justos y no solamente señalar al futbol. También abundan los programas de "espectáculos" (chismes) donde en lugar de entrevistar a los famosos por su trabajo, se dedican a ventilar sus vidas privadas. Y los noticieros. Muchos han perdido credibilidad y es que es entendible. Los noticieros se han vuelto parte de los programas de chismes o deportes. Ya no hay una división clara. El periodismo hace mucho tiempo que dejó de ser lo que era; una disciplina respetable. Los titulares de los noticieron no son más que showmen, cuya finalidad es entretener a las masas. Informar de una manera objetiva y profesional quedó en segundo plano.




Los que me conocen saben que me encanta el teatro. Cuando vivía en Monterrey trataba de ir a ver alguna obra que me interesara. No lo hacía tan a menudo como hubiera querido porque la verdad no es barato. Pero además, lamentablemente en Monterrey, al igual que en otras ciudades y países, abundan las obras "basura". Comedias baratas de la Nena Delgado y compañía. No digo que no haya buenas obras, pero honestamente son contadas. La mayoría de las obras de calidad vienen de la Ciudad de México.

El entretenimiento se ha convertido en la única razón que nos motiva a ver una película, leer un libro o asistir a algún lugar. No nos interesa aprender, experimentar, conocer al mundo y a nosotros mismos. Obviamente no puedo generalizar, pero lamentablemente quedan muy pocas personas que se preocupan por cultivarse. La cultura no es sinónimo de inteligencia. Más bien, es un modo de vida. No debe ser un medio para excluir o discriminar a los demás sino todo lo contrario. La cultura nos ayuda a mejorar, a ir más alto. No es fácil la tarea que nos espera, pero tampoco es imposible. Au revoir!

martes, 5 de diciembre de 2017

Un rayo de esperanza

Este año ha sido malo en muchos sentidos. Ha sido un subibaja de emociones, mayoritariamente negativas. Muchas cosas no están en su lugar. No hay una plenitud personal ni profesional. Cada día ha sido una carga, la misma rutina, las mismas cosas, todo y nada. Ya no era una persona sino un autómata. No había tenido tiempo para procesar tantos cambios en mi vida. Literalmente ni tiempo para llorar tenía. Espero que nunca sepan lo que es sentir una frustración tan grande que no cabe dentro de ti. Es algo indescriptible, inefable. Nadar contra la corriente, rechazar la cruz que te tocó, caminar a tientas, vivir con una zozobra constante. Tu mundo se cae a pedazos. Quieres gritar, pero no puedes. Quieres llorar, pero no puedes. Tus lágrimas se han secado. Te has resignado a tu destino, a lo que te tocó vivir. Ya no cuestionas, o por lo menos lo haces menos que antes. Es inútil hacerlo. No hay respuestas. Estás rodeado de silencio. ¿Es un castigo? ¿Estoy pagando algún pecado? ¿Es una cruel broma del destino? ¿Es acaso un mal sueño, una pesadilla de la que pronto despertaré? No lo sé y eso me frustra más. La vida continúa, no se detiene ni un segundo. Estás en un trance. Todo parece tan irreal, todo es tan confuso. ¿Acaso lo que pasa es consecuencia de mis actos u obedece a designios superiores? No todo es blanco o negro, cierto, pero quiero creer que no toda la culpa es mía. Somos seres imperfectos, incapaces de no cometer errores. Pero parece que la vida no distingue esas cosas. Debes pagar con creces tus errores. Pero tal parece que nunca es suficiente.




Así mi año. Entré en una estupefacción, un letargo del cual no me recupero del todo. Olvidé quién era, de lo que era capaz. Me sumergí en la tristeza y la depresión. Mucha gente no cree en eso de la depresión, pero es algo real. Incluso a mí me parecía algo ajeno. No digo que no pensara que no existiera, pero nunca pensé que fuera algo que pudiera pasarme a mí. Pero me pegó y duro. Me atacó por varios frentes. Me dejé embaucar y dejé de creer en mí mismo. Perdí mis ilusiones, las ganas de vivir. Por más dramático que suene, pero así fue. Trataba de darme ánimos, pero todo era momentáneo. La depresión parecía dejarme descansar a ratos, pero no se iba del todo. No me quitaba la mirada de encima. Estaba prisionero en mí mismo. Yo era mi peor enemigo. 

Dicen que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Efectivamente me cansé. No se puede vivir en estas condiciones por mucho tiempo. En pláticas con otras personas, me di cuenta de que no soy el único. Descubrí que hay más gente atravesando por situaciones similares. Personas cercanas a mí. Eso me hizo sentir un poco aliviado. Obviamente no me alegra por lo que están pasando, pero es un aliciente saber que somos varias personas luchando por salir adelante, por no dejarnos vencer en esta cruenta batalla de la vida. Los que me conocen saben que tiendo a ser pesimista o negativo, rayando en el nihilismo. No siempre fui así. Bien dicen que la burra no era arisca sino que los palos la hicieron. No todos reaccionamos de la misma forma ante los golpes que nos da la vida. Algunas personas lo enfrentan todo con un entereza admirable, mientras que otros sucumben ante los ataques. Y es válido, porque aunque todos hayamos sido hechos con el mismo molde, nuestra esencia es distinta. Si dos gemelos idénticos no son exactamente iguales (no me refiero en el sentido físico obviamente), ¿por qué deberíamos serlo los demás?




La semana antepasada pude ir a Monterrey por unos días y pude platicar con dos grandes amigas a las que quiero mucho y estimo. Platicamos de nuestras inquietudes y problemas. Lo necesitaba tanto. Tenemos tantas cosas en común, incluyendo nuestras depresiones. Sin embargo, me hicieron ver que uno es el que debe generar un cambio. No podemos esperar que todo nos caiga del cielo. Nos vamos a caer, pero hay que levantarnos de nuevo, no importa las veces que sea necesario. No todo va a ser de color rosa, pero tampoco tiene por qué ser negro y sombrío todo el tiempo. Pero no puede haber un arco iris sin lluvia. Siempre hay una luz al final del túnel. Fue en ese momento que atisbé un rayo de esperanza. No todo está perdido. Lo hecho, hecho está y no se puede cambiar. Pero el futuro depende de mis acciones presentes. Por eso he decidido que vale la pena intentarlo. Ya estuvo bueno de andarse lamentando, de tristear, de sufrir. Hay que darle vuelta a la página.




Con todo lo anterior, no crean que me he convertido en un Dr. Lozano o Paulo Coelho, Dios me libre. Pero he decidido balancear un poco las cosas. Como hecho adrede inmediatamente después de regresar de mi viaje, parece que la vida decidió ponerme a prueba. Estos días han sido horribles en el trabajo. Llegué a la oficina con la mejor actitud posible y mi jefe me regañó por unas nimiedades. Lo peor de todo fue el miércoles pasado, el mismo día de mi cumpleaños. Ya tengo 3 años trabajando en la empresa y es fecha que mi jefe no recuerda mi cumpleaños. No espero regalo o pastel, es más, ni siquiera espero una felicitación. Honestamente me vale, pero quisiera por lo menos una consideración por ese día. Él quería que me quedara tarde a trabajar ese día y le dije que no podía, que al día siguiente me quedaba hasta la hora que quisiera y se molestó. Le expliqué mis motivos y le bajó 2 rayitas a su intensidad, pero fue un momento muy desagradable. Total, me dejó ir  a regañadientes. Me enojé mucho, pero me puse a reflexionar y decidí que eso no iba a arruinar mi día. Así que me fui a festejar con mi familia y se me pasó. Los días posteriores a mi cumpleaños no han sido mejores. Mi jefe se ha cargado un genio que me dan ganas de pedirle un deseo. No sé qué problemas personales tenga y la verdad no me interesa, pero me ha regañado por cualquier cosa. Supongo que necesita desquitarse con alguien, pero como quiero llevar la fiesta en paz, he optado por no discutir y que todo lo que me diga entre por un oído y salga por el otro. Cierro la boca para evitar problemas, por salud mental y porque me conviene. Lamentablemente, una mala referencia de un exjefe tiene mucho peso, pero eso es tema aparte. Por lo pronto, todos los días antes de llegar a la oficina respiro profundo y me digo a mí mismo que ya pronto no tendré por qué aguantar esta situación. Ya les contaré.

Bueno, amigos, me despido. No pude escribir la semana pasada como lo tenía planeado, pero quise darme el tiempo hoy. Au revoir!

domingo, 12 de noviembre de 2017

Cuando todo se te junta

Jamás te preguntes si las cosas podrían estar peor. La vida es una tramposa a la que le gusta escuchar detrás de las puertas y podría oírte. Ni siquiera te lo preguntes en silencio. Es tentar al destino, es ponerte la soga al cuello. La vida puede sorprenderte de mil y una maneras. Y las sorpresas que te da no siempre son buenas. Justo en el momento en que crees que has tocado fondo, que has caído lo más bajo posible, que te sientes atrapado en un laberinto sin salida y que crees que ya nada malo te puede pasar, es cuando lo peor está por venir. No lo digo yo, lo dice la ciencia. Nada es eterno, sobre todo la felicidad. Aunque pareciera que los problemas sí lo son. Y para mala fortuna nuestra, éstos nunca vienen solos. Les gusta venir acompañados a los desgraciados. Unos más grandes que otros, pero igual de molestos. 





En las últimas semanas he entrado en crisis. Supongo que muchos de ustedes están familiarizados con el concepto de crisis de la mediana edad o por lo menos han escuchado hablar del tema. Pues bien, aunque aún no llego a esa edad, ya los años empiezan a pesar. Estoy a escasos días de cumplir años y la verdad, no es algo que me entusiasme. Inevitablemente llegas a un punto en el que te cuestionas qué has hecho con tu vida. Valoras tus logros y principalmente tus fracasos. Te das cuenta de que ya no eres un adolescente que puede permitirse cometer docenas de errores. Te concientizas más sobre la vida. Te preguntas a dónde quieres ir. Te das cuenta con tristeza de que no te gusta el rumbo que has tomado, que no te sientes satisfecho con tu vida. Quieres cambiar, pero no sabes qué hacer. No encuentras la salida por ninguna parte. Todo es negro a tu alrededor. Te sientes atrapado sin posibilidad de escapar. Tal parece que las personas que te rodean no tienen los mismos problemas que tú. Se les ve felices y plenos y eso te frustra aún más. Sientes que ya no hay marcha atrás. Lo hecho, hecho está. Lo único que puedes hacer es planificar tu futuro. Pensar las cosas dos veces antes de hacerlas. Tus miedos cobran más fuerza que nunca. Entiendes que todo tiene consecuencias, incluso la inacción. Es un círculo vicioso que no se termina.

Con el paso de los años hay muchos cambios tanto físicos como emocionales. Atrás quedaron los tiempos en que anhelaba cumplir años. No tienen idea de como quisiera comenzar a "descumplirlos". Bien dicen que no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después. Físicamente lo veo sobre todo con las desveladas. Me siento fatal cuando no duermo bien y no es necesario haber tomado una copa siquiera la noche anterior. Últimamente no he podido dormir bien por cambios en mi rutina de trabajo y me siento fatigado e irritable. Tengo sueño todo el tiempo, no me puedo concentrar, todo se me hace tan difícil. Nunca en la vida había experimentado algo igual. Me siento como una copa de cristal que se agrita poco a poco y que en cualquier momento se romperá en mil pedazos.





Y hablando del trabajo (qué raro), este año ha habido tantos cambios que no he tenido tiempo de asimilarlos. Me siento abrumado, perplejo, consternado. Si bien es cierto que es imposible que todo permanezca igual siempre, cuando los cambios son muchos y tan repentinos, no puedes evitar sentirte así. Este año mis funciones cambiaron radicalmente y mi vida personal se ha visto seriamente afectada. No solamente han aumentado mis niveles de estrés e incertidumbre, sino que también he tenido que renunciar a otras cosas para hacer algo que no me gusta. Si ya de por sí me sentía estancado en mi trabajo, ahora la situación está peor. Me siento estancado y frustrado. Cada día en la mañana tengo que repetir el mantra de que tengo que aguantar un poco más, pero honestamente cada vez es más difícil. Tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para sacar fuerzas de flaqueza.





No conforme con las crisis de la edad y plano profesional, también tengo que lidiar con todo el papeleo requerido para recibir asistencia financiera debido a los destrozos causados por el mil veces maldito huracán Harvey. Los que me conocen saben cuánto odio a la burocracia. Pues bien, ahora me tengo que enfrentar a ella irremediablemente. Lo detesto con toda mi alma. Es un verdadero suplicio todo este proceso. Tal parece que el gobierno se esfuerza para hacer las cosas tan complicadas. Ve a tal lugar, habla a tal número. Unos te dicen una cosa, mientras que otros te dicen otra totalmente diferente. Creen que uno tiene todo el tiempo y paciencia del mundo. Y como yo soy el único que habla inglés en la casa, pues a mí me toca todo el paquete. Todavía falta hacer reparaciones en la casa y reemplazar los vehículos dañados. Dudo mucho que la situación cambie antes de que empiece el 2018.

También hay uncas cuestiones legales por ahí que se supone ya se deberían haber resuelto, pero no. Lo cual hace que odie más a la burocracia y a los abogados en general. Es un mafia que debería desaparecer. La justicia es ciega, pero no porque sea impacial sino porque sus ejecutores son unos hijos de su madre que se hacen de la vista gorda a como más les convenga.

Sientes que el mundo se te viene encima. Ya no sientes lo duro sino lo tupido. Es inevitable preguntarte qué nuevos golpes te dará la vida. Ésta es un adversario cruel y despiadado. Solamente está esperando la oportunidad para darte la estocada final y la infeliz es muy certera. Con tantas cosas en la cabeza a veces es imposible estar en guardia para defenderse de la embestida. Lo único que uno puede hacer es volverse a levantar. La función debe continuar. Au revoir!

domingo, 5 de noviembre de 2017

Aquí también

Esta semana hubo un alboroto en Houston por la victoria de los Astros. Hasta cierto punto es natural ya que nunca en toda su historia habían ganado un campeonato. Todos estos días la gente estuvo a la expectativa. Yo la verdad pensé que la iban a "cruzazulear" (como decimos en México cuando un equipo llega a la final y pierde, haciendo alusión al equipo de futbol Cruz Azul). Los boletos para entrar estaban carísimos, pero aún así el estadio se llenaba. Muchos bares y restaurantes hicieron su agosto. Los juegos eran el tema de conversación en reuniones familiares y en el trabajo. Me llegué a hartar honestamente. En el trabajo siempre me preguntaban si había visto el juego y yo les decía que no, a lo cual me preguntaban que cómo era posible. Qué suplicio. 




Tan pronto como ganaron los Astros, mucha gente fue a las tiendas deportivas a comprarse la camiseta. Afuera del Academy por mi casa había una larga fila a las 3 a.m. A mucha gente no le importó que en unas horas tenían que ir a trabajar o llevar a los escuincles a la escuela. La verdad desconozco si inflaron los precios de los artículos deportivos, pero en todo caso fue un negocio redondo para todos los involucrados. Me asombra la cantidad de gente afanada por comprar entradas a los juegos, camisetas y demás cosas. No digo que yo no lo haya hecho nunca, pero era más joven y se me hizo fácil. A estas alturas de mi vida ya no hago esas cosas. Pero cada quien. 

El jueves hubo un desfile en el centro de la ciudad y dicen que se abarrotó. No me sorprende. Hubo gente que faltó a trabajar o pidió la salida temprano para ir a ver a los Astros. Yo estaba trabajando a esas horas, pero no habría ido de todas maneras si hubiera podido. No, no soy amargado, solamente no soy fan de hueso colorado. Me gusta el béisbol, incluso iba a los juegos en Monterrey de vez en cuando, pero hasta ahí.

Estoy feliz de que todo haya terminado. Ya estaba harto de las publicaciones en Facebook y de que solamente hablaran de eso en eventos sociales. Ahora sí puedo descansar en paz. Se sigue hablando del tema, pero las cosas poco a poco regresan a la normalidad. Los jugadores hasta tuvieron apariciones en el show de Jimmy Fallon y Saturday Night Live. Y dicen que todavía falta que los inviten a la Casa Blanca. 

Aunque debo reconocer que hay ciertas diferencias sobre el ambiente en Houston durante los playoffs comparado con el que se vive en Monterrey cuando un equipo local está en la liguilla. Mi papá me comentaba que no sentía que los Astros estuvieran en la final. Bueno, por principio de cuentas, mi papá no tiene una vida social muy activa, así que eso contribuyó en parte a su percepción. Pero sí tiene algo de razón en lo que me dijo. Recuerdo cuando vivía en Monterrey y el alboroto que se hacía cuando un equipo estaba en la final. Se respiraba en el aire. Por todos lados veías gente con playeras de su equipo, carros con banderas, gente vendiendo souvenirs en la calle, escuchabas el himno del equipo en la calle, en todos los programas de tv locales hablaban sobre el tema, en redes sociales no se hablaba de otra cosa, en fin. Aunque no fueras fan, aunque no siguieras las noticias del equipo, sabías que el equipo en cuestión estaba en la final. Y qué decir del mero día de la final. Ese día la ciudad literalmente se paralizaba. Era muy notorio el escaso tráfico en la calle. La mayoría de la gente se encontraba en sus casas o en algún otro lugar viendo el juego por televisión. En cambio, aquí en Houston no se ve nada de eso, o más bien, no al nivel al que uno está acostumbrado, lo cual se agradece en todo caso. Aquí todo se vivía de manera más aislada. Obviamente si ibas a un bar o restaurante se sentía el ambiente festivo, pero en la calle no era tan marcado, a excepción del día del desfile claro está. No sé si se deba a que la gente esté más dispersa aquí, a las grandes distancias o la diversidad étnica/cultural, pero aquí se vive de manera diferente. 

Pensaba que solamente en México inflaban los precios de los boletos en las finales, pero ya vi que no es así. Se justifican con el argumento de la oferta y la demanda. Patrañas. Pero es inevitable ya que hay mercado para ello. Lo hacen porque pueden y sobre todo porque hay gente que está dispuesta a pagar sumas exorbitantes. Todo se resume al dinero. Al final de cuentas no se trata más que de un negocio. Mucha gente se desvive por ir a los juegos, por comprar los artículos del equipo, por seguir sus pasos, etc. y los jugadores ni los hacen en la vida. Ellos cobran sus millones ganen o pierdan y los únicos que llegan a perder son los fans. Por lo pronto tengo un año para descansar de estos bodrios. Au revoir!

lunes, 30 de octubre de 2017

A fuerza ni los zapatos entran

Hay cosas que uno no puede cambiar: sus padres, su lugar de nacimiento, el día en que uno nació, entre otras cosas. Los conocemos como "los inalterables". Por otro lado, hay cosas que uno sí puede cambiar, pero que no siempre es conveniente hacerlo. Y hay cosas que uno de plano no puede cambiar. No importa cuantas veces lo intentes, no importa que tengas la mejor actitud o las mejores intenciones, a veces es imposible alcanzar un cambio. Y es en estos momentos cuando debe uno aprender a resignarse y no luchar contra la naturaleza propia. Nos ponemos con Sansón a las patadas, siendo que ya era una batalla perdida desde el principio.




Pongamos por ejemplo la comida. Hace unos meses que he estado experimentado con platillos exóticos (bueno, decir que algo es exótico es muy subjetivo, pero en este caso hablo de lo que es exótico para mí) debido a que el círculo social en el que me muevo actualmente tiene un gusto particular por ellos. Específicamente me refiero a la cocina oriental, más específicamente la de Medio y Lejano Oriente. No importa cuantas veces lo intente, no he logrado desarrollar un gusto por esa cocina. Ya sea comida china, japonesa, vietnamita, india o de cualquier otro país del sudeste de Asia, no me gusta. Tolero un poco más la comida turca o iraní, pero si soy honesto no es algo que se me antoje nunca. Obviamente no he probado todos los platillos que existen porque estoy seguro de que la cocina de esos países es muy diversa, pero no me ha gustado ninguna de las cosas que he probado hasta el momento. Lo cual ya es mucho decir. La gente con la que me junto se burla de mí por esto e incluso dicen que soy muy quisquilloso para comer. Y yo les respondo que mis gustos son más occidentales. Es verdad que sufro cuando vamos a comer a un restaurante de este tipo, pero ya a estas alturas lo único que hago es ordenar algo más afín a mis preferencias, lo cual no siempre es posible. Para mí es muy importante que me gusten tanto el olor, como la apariencia y obviamente el sabor de la comida. Y para mí estos elementos son mutuamente incluyentes.

Otra cosa a la que no he podido forzarme es a hacer ejercicio. Me pueden recitar la eterna letanía de que es necesario para la salud y que tiene un millón de beneficios, pero ni aun así pueden convencerme. Odio ir al gimnasio, odio tener que lidiar con toda la gente en el gimnasio, odio todo lo relacionado a ello. Ya no trato de que me guste el ejercicio, simplemente trato de hacer lo que tolero más. Debería cancelar mi membresía en el gimnasio, pero no lo hago porque pienso que el día de mañana voy a ir. Me siento como Chandler de Friends.

Las emociones fuertes. Siempre he sido una persona tranquila y no me llevo con montañas rusas, bungees, etc. A muchos de mis amigos, sino es que a la mayoría, les gusta todo esto. Por algún tiempo intenté que me gustara, pero nunca lo logré. No me gusta y ya me resigné. Lo mismo sucede con el baile. Tengo dos pies izquierdos. Siempre que iba a una fiesta mis amigas me sacaban a bailar. Te tachan de aburrido si no lo haces, pero mucha gente no entiende que todos somos diferentes y que hay gente a la que no le gusta bailar. En lo personal, no es que no me guste bailar, pero me molesta que me insistan cuando ya dije que no. 

Hay tantas cosas que podría enumerar en esta entrada que no terminaría. Hay cosas que podrían parecer insignificantes, pero que no lo son para otras personas. El punto es que debemos entender que no todos somos iguales. Hay cosas que a unos les gusta y que a otros no; hay cosas en las que unos son buenos y otros no y así sucesivamente. No podemos forzarnos a que algo nos guste así como no podemos forzar a que alguien nos ame. Son cosas que se dan naturalmente. A veces nos frustramos porque no encajamos en el molde, porque no somos "normales" como los demás. Renunciamos a nuestra esencia, a nuestra identidad para encajar en un círculo social determinado o la sociedad en general. Queremos hacer las cosas que los demás hacen aunque a nosotros no nos gusten o no sean nuestro fuerte. Uno debe conocer sus limitaciones. Nos han metido en la cabeza esa gran mentira de que todo depende de tu actitud. Nada más falso que eso. Tu actitud podrá ayudarte a hacer más llevadera alguna situación, pero no es una solución definitiva. Ya basta de usar zapatos que no nos quedan. Usemos los que son de nuestra medida.


domingo, 22 de octubre de 2017

Juntos pero no revueltos

A raíz de un suceso ocurrido hace unas semanas me di cuenta de algo que no imaginaba. Si bien lo que pasó pudiera ser trivial, reflexionando más detenidamente me convencí de que no importa que haya sido trivial o no, sino que simplemente fue algo que pasó y que me hizo abrir los ojos. Fue una revelación, un momento de verdad, de esas verdades amargas que uno preferiría ignorar. A veces uno construye castillos en el aire, pero todo es destruido en un abrir y cerrar de ojos cuando uno menos se lo imagina. 

Hoy más que nunca recuerdo con añoranza y nostalgia mi vida en Monterrey. Sobre todo extraño a mis amigos con quienes compartía tantas cosas y tantos momentos gratos. Extraño la convivencia, las confidencias, todo lo que conlleva una verdadera amistad y no una superficial. Porque a veces uno puede estar rodeado de personas, de "amigos", pero sentirse más solo que nunca. En lo personal, es preferible tener uno o dos amigos en los que puedas confiar, que estar rodeado de personas con las que tienes una relación vacía, hueca. 

A estas alturas deben estarse preguntando qué fue lo que entendí (y si no se lo están preguntando, me vale, lo voy a decir de todas maneras). Cuando me mudé a Houston, batallé mucho para adaptarme. Todo es tan diferente de lo que yo estoy acostumbrado. No tenía amigos aquí y los que me conocen saben que mi personalidad es un poco introvertida, lo cual no me ayuda mucho a hacer amigos. Al principio esta situación era llevadera porque salía con mis primos de vez en cuando, pero el gusto me duró poco ya que se casaron e incluso uno de ellos se mudó a otra ciudad. Así que me quedé como al principio. Ya no tenía vida social. Como nunca he trabajado en una empresa grande en Houston, no he tenido oportunidad de conocer más gente y como no estudié aquí tampoco, obviamente no tengo excompañeros a quienes contactar. 

Por mucho tiempo solamente me dediqué a trabajar y a llevar una vida aburrida. Los fines de semana lo único que hacía era ver televisión, dormir o cualquier otra actividad dentro de la casa. Así transcurrió mi vida hasta que conocí a un grupo de personas interesadas en los idiomas. Nos reunimos relativamente seguido y realizamos diversas actividades juntos. Tenemos muchos intereses afines, pero no he logrado establecer una conexión profunda, un lazo sólido de amistad. Me di cuenta de que no son personas en las que pueda confiar, no porque sean malas personas sino porque no hay algo fuerte que nos una. Tal vez haga mal en comparar mi amistad aquí con la de mis amigos en México. Para mí la amistad es algo muy importante. Es muy importante que exista la confianza, saber que tienes alguien en quien apoyarte o a quien apoyar cuando lo necesite. Si bien los amigos no se ven todos los días, existe la comunicación y el lazo de amistad permanece intacto. No sólo se trata de pasarla bien o pasar tiempo juntos, sino también de compartir los malos momentos y todo lo que la vida conlleva.




Con todo lo anterior, no quiero decir que todo sea malo. La paso bien con la gente que he conocido. Vamos a comer, jugamos juegos de mesa, intercambiamos puntos de vista, bromeamos, pero todo de una manera superficial. Me encantaría encontrar una verdadera amistad, como todo lo que ya he descrito arriba. Tal vez idealizo mucho la amistad, pero es lo que siento. A veces uno se cansa de realizar actividades sin sentido, o mejor dicho, que puedes realizar con cualquier persona y que carecen de un significado profundo. Un amigo es un hermano, es alguien más de tu familia. No importa que no lleven la misma sangre porque eso sí es algo superficial. 

Bueno, amigos, es todo por hoy. Espero haberlos hecho reflexionar aunque sea un poco. Au revoir!