Buscar este blog

domingo, 26 de junio de 2016

Un día sin niños

¿Qué tal, amigos? ¿Cómo los ha tratado la vida? Espero que bien. Yo he estado un poco deprimido por unas cuestiones de salud, pero espero que todo se solucione pronto. Mientras tanto, opté por ponerme a escribir porque esto es como una catarsis para mí. 

Hace como un mes viajé a Monterrey. Aproveché que era puente aquí en EE.UU. y siempre que me es posible viajo a mi tierra. Esta vez viajé con mis padres y lo hicimos en avión. Mis padres estaban un poco reticentes al respecto, pero los convencí de que era lo más conveniente. A pesar de que antes disfrutaba los viajes por carretera, ya no dispongo de tanto tiempo y además ya no los soporto. Los años no pasan en balde. Es un poco más costoso viajar en avión, pero para mí lo vale.

Bueno, regresando al tema...estábamos en la fila de revisión esperando nuestro turno. Como era puente, mucha gente decidió viajar. Y mucha de esa gente estaba constituida por familias con niños. Muchísimos escuincles, ya se imaginarán. Un niño llorando por aquí, otro gritando por allá, otro más haciendo berrinches, caos total...Los guardias comenzaron a darles el paso a las familias sin importar que estuvieran detrás de nosotros. ¡Nos brincaron sin ninguna contemplación! Un señor se quejó al respecto y el guardia de muy mala gana le contestó que las familias con niños o adultos mayores tenían prioridad. O sea, que nos jodamos los demás mortales. Puedo entender que quieran agilizar el proceso para los adultos mayores que no pueden estar mucho tiempo de pie o a las mujeres embarazadas por las mismas razones, pero la gente que tiene niños no debería gozar de ese privilegio. Los niños se pueden sentar en el suelo o sobre una maleta. ¿De qué sirve que los demás lleguemos temprano si de todas maneras no van a respetar nuestro turno?

No solamente tuvimos que soportar los numeritos de los niños en la fila de revisión, también tuvimos que hacerlo durante el vuelo. Y para mi mala fortuna, siempre me toca un niño chiflado al lado, adelante o detrás de mí. Aunque me ponga audífonos y escuche música, los gritos y llantos de esos niños son imposible de ignorar. Hasta parece que tienen micrófono integrado. Un verdadero suplicio. Todavía más que los numeritos de los niños, lo que me exaspera es la pasividad de los padres y su actitud arrogante exigiéndonos a los demás que nos aguantemos.




Además de los aeropuertos, también he tenido experiencias desagradables en restaurantes. Recuerdo una vez que fui a cenar y había unos cuantos niños presentes. De entrada, no era tan temprano, de hecho ya era hora de que esos niños estuvieran durmiendo. El caso es que detrás de nuestra mesa estaba una familia cenando y un niño nunca se calló. Estuvo gritando, llorando y correteando todo el rato y los padres no fueron para llamarle la atención o si acaso lo harían una vez pero como si no lo hubieran hecho. Esa cena fue indescriptiblemente desagradable. También me ha pasado que voy a un restaurant donde tienen buffet y se supone que los niños deben estar siempre acompañados de un adulto al ir a servirse comida, pero me ha tocado ver niños solos y que nada más están estorbando el paso porque uno tropieza con ellos.




Los cines. Estamos de acuerdo en que hay películas para todo tipo de público, incluídos los niños. Pero los problemas comienzan cuando una película tiene clasificación de sólo adultos y luego te topas con que una pareja entra con un bebé a la sala donde se exhibe la película. Como era de esperarse, el bebé se la pasó llorando durante gran parte de la función. No sé si tendría hambre o necesitaría que le cambiaran el pañal, pero ninguno de los padres se salió en algún momento para calmar al bebé. De entrada, no los debieron haber dejado entrar con un bebé a dicha sala. Ahora bien, comprendo que los padres necesiten salir y divertirse, pero que nos respeten a los demás. Si van a ver una película dirigida a adultos, no vayan con niños por favor. Sentido común.




Los supermercados. Si ya de por sí es engorroso ir al súper, lo es todavía más cuando ya sabes que tendrás que soportar berrinches, gritos, llantos, que te golpee un niño con un carrito, en fin. Por la misma razón trato de ir cuando sé que no va a estar infestado de niños. De los males, el menor.

He tenido muchas malas experiencias en otros lugares, pero nunca terminaría de escribir. Además, hay lugares que por naturaleza siempre van a ser frecuentados por niños. Qué remedio. Las únicas opciones en estos casos es no ir o ir y aguantarse.

A últimas fechas han surgido controversias entre la gente que tiene niños y los que no tienen. Se ha hablado de prohibir niños en ciertos vuelos, restaurantes y otro tipo de lugares. Por ejemplo, en Houston hay un restaurante donde está prohibida la entrada a menores de 6 años después de las 7 p.m., lo cual me parece excelente. Uno tiene derecho a disfrutar tranquilamente de una cena sin niños escandalosos. Esta decisión por parte de los dueños del restaurante dio mucho de que hablar. Por un lado, los padres indignados reclamando discriminación y por otro aquéllos que no tienen hijos y que argumentan que tienen derecho a estar en un lugar sin niños. Me uno al último grupo. Sé que es imposible prohibirles la entrada a niños a todos los lugares, pero creo que es necesario establecer más controles. Necesitamos más restaurantes childfree y si fuera posible, vuelos y cines, para comenzar. O por lo menos establecer horarios, no prohibir la entrada tajantemente a cualquier hora.

Leí en muchos foros la indignación de los padres por la actitud de los que no tenemos hijos. Dicen que nosotros alguna vez también fuimos niños y nos comportamos igual que sus hijos. Pero están equivocados. No todos fuimos malportados. Mi mamá me podía llevar a una reunión donde había adultos solamente y yo me quedaba tranquilo coloreando o leyendo. Pero los niños de ahora no se pueden quedar quietos en un solo lugar. No pueden vivir sin sus videojuegos. Y no pueden estar tranquilos si no nos ponen los pelos de punta a los demás. 

No me malentiendan, no odio a los niños. Pero tampoco me desvivo por ellos. Yo no soy como aquella gente que se enternece con los niños. Podrán decir que pienso así porque no tengo hijos. No sé, puede ser. Pero mientras tanto, ése es mi pensar. Si me dijeran que pidiera un deseo y me aseguraran que se me cumpliría, sin pensarlo pediría un día sin niños.




Sé que nunca podremos estar de acuerdo los que son padres y los que no lo somos, pero debemos ser conscientes y encontrar un punto medio que satisfaga a ambas partes. Respeto a los que son padres y reconozco su derecho de salir, pero que no nos hagan a los demás pagar las consecuencias. ¿Y ustedes qué opinan? Au revoir!

sábado, 4 de junio de 2016

Frustración a 40 000 pies de altura, parte 2

¿Qué tal, amigos? ¿Cómo han estado? Tengo tantas cosas que hacer y que pensar, he estado algo ocupado investigando unos asuntos, leyendo mucho, en fin...Había estado pensando en qué podría escribir y no se me ocurría nada, pero me inspiré en mi último viaje.

Bueno, en mi última publicación escribí sobre la frustración que me produce comprar boletos de avión. Pues ahora, les cuento sobre las peripecias a las que me tuve que enfrentar tanto en mi viaje de ida como en el de vuelta. De entrada, ya saben que cuando vas a volar a un destino internacional, tienes que estar en el aeropuerto con un mínimo de 2 horas antes de la hora programada del vuelo. Esto se debe en gran parte a que las malditas aerolíneas sobrevenden los vuelos, así que el llega primero "agandalla" (expresión mexicana para decir que uno se aprovecha de la situación) los boletos. Como ya sabía esto, quise tomar tiempo de más para que no me agarraran las prisas. También lo hice porque estaba lloviendo horriblemente y la visibilidad era nula, así que no podía conducir a prisa. Por lo regular cuando voy al aeropuerto tomo taxi o alguien me lleva, pero como en esta ocasión viajaba acompañado, decidí llevarme mi auto y dejarlo en el estacionamiento del aeropuerto. Mi vuelo estaba programado a las 20:50. Normalmente hago 30 minutos al aeropuerto, pero debido al clima, quise prevenir contratiempos. Salimos a las 5 en punto y llegamos al aeropuerto como pudimos, el clima estaba fatal. Dejé a mis acompañantes en la terminal y me fui a estacionar el auto. Tomé el shuttle que te lleva a la terminal y nos dirigimos a hacer el check-in. Si no han viajado internacionalmente, no tienen ni idea de lo engorroso que es el proceso desde la entrada hasta que llegas a la sala de abordar. En todos lados te piden el pasaporte, visa y luego que pesa el equipaje para ver si no te pasaste...nada más falta que te pidan la fe de bautismo. Una vez que hicimos el check-in y documentamos nuestro equipaje, tenemos que pasar por el filtro de revisión para comprobar que no somos terroristas. Actualmente en EE.UU. se están tardando las horas para revisar. Estoy seguro de que si pudieran abrirte la piel lo harían sin ninguna contemplación. Ya mi jefe me había comentado de la tardanza en la revisión del TSA, pero no pensé que fuera a tardarme tanto y ya me doy cuenta del por qué. Cuando estábamos haciendo fila les daban el pase a los que llevaban adultos de la tercera edad y/o niños. Ahora bien, no me malinterpreten, yo entiendo que los adultos mayores no pueden estar mucho tiempo de pie y se les dificulta caminar. No lo discuto. Pero lo que no me parece justo es que les dieran el pase a las personas que llevaban niños. Mientras no sean niños de brazos o las mujeres no estén embarazadas, deben hacer fila y aguantarse como los demás simples mortales. Que si los escuincles se ponen necios y lloran y hacen sus berrinches, ni modo, debieron haber previsto que era algo que podría ocurrir. Que se sienten en el piso o sobre una maleta. Y como hecho adrede, eran muchas familias que iban a viajar, así que a los que no llevábamos adultos mayores o niños, nos brincaron sin importar que hubiéramos llegado mil horas antes. Un pasajero se molestó y reclamó, y el guardia molesto dijo que las familias tenían prioridad. Qué conveniente.
Finalmente, nos tocó llegar al frente, pusimos nuestras cosas en las bandejas (hasta los zapatos, neta que los gringos se pasan) y pasamos por el escáner. Algo les pareció extraño de mi mochila y tuvieron que inspeccionarla. Resultó que era una bolsita con monedas que llevaba. Una vez comprobada mi inocencia, proseguimos a continuar nuestro camino hacia la sala de abordar. Para esto, ya habíamos perdido ¡hora y media! ¡Háganme el favor!


Llegamos a la sala de abordar y nos sentamos. Como tenía mucha hambre porque no había comido y todavía faltaba una cantidad de tiempo considerable para llegar a mi destino, fui a comprar algo de comer a la tienda. ¡Casi 15 dólares por un sandwich horrible, unos fritos y un refresco! Casi me infarto.
Se llegó la hora y abordamos el avión. Tuvimos que esperar una hora a bordo con la zozobra de que fueran a cancelar el vuelo como había escuchado que sucedió con otros. Afortunadamente, no fue nuestro caso.
Pues bien, llegamos a nuestro destino con una hora de retraso. Había pedido una silla de ruedas para uno de mis acompañantes porque no puede caminar grandes distancias. Pasamos por inmigración y fue muy rápido todo porque todos los pasajeros iban a pedir permiso y nosotros fuimos a la fila de mexicanos. Aquí sí que es ventaja ser mexicano. Bueno, después fuimos a recoger nuestras maletas y finalmente nos dirigimos a la fila de aduanas. Fila aquí, fila allá...mis tíos habían ido a recogernos al aeropuerto y ya estaban todos desesperados.
Estuvimos tres días en Monterrey y no me quería regresar (¡que novedad!). De nueva cuenta, mis tíos nos hicieron el favor de llevarnos al aeropuerto. En esta ocasión nuestro vuelo estaba programado a las 18:20. Mis tíos llegaron un poco tarde por nosotros, ya se me hacía que no íbamos a llegar. Afortunadamente, llegamos a tiempo. Directo a hacer el check-in. La empleada que nos atendió no sé si era nueva, floja o qué, pero se tardó demasiado con nosotros. Tenía que estar pidiendo ayuda a sus compañeros que estaban ocupados porque la fila estaba larguísima...imagínense, el vuelo estaba lleno. Finalmente, nos dieron nuestros pases de abordar (ah, olvidé mencionar esas malditas formas migratorias que te dan...me equivoqué al llenar una y tuve que llenar otra). Pedí una silla de ruedas y la empleada me preguntó que cuándo habían operado a mi acompañante, que si podía caminar...total, no tenía intención de mandar a alguien por una silla de ruedas, pero me afiancé en mi posición y no tuvo más remedio que ceder a mi solicitud. Tuvimos que esperar un rato sentados a que viniera el muchacho con la silla de ruedas. Pasamos por el filtro de revisión y no nos tardamos mucho. Llegamos a la sala de abordar y nos sentamos a esperar a que nos llamaran. Nos llamaron, hicimos fila, tomamos el camioncito que te lleva al avión y abordamos. Gracias a Dios no hubo ningún contratiempo y despegamos a la hora programada.  
Llegamos a Houston y ya estaba una persona esperándonos con una silla de ruedas a la puerta del avión. Si no han volado a Houston desde otros país, la caminata desde que te bajas del avión hasta que llegas a la puerta donde te van a recoger es larguísima. Llegamos a unos quioscos donde ingresamos nuestra información, nos tomaron las huellas y fotos y nos dirigimos con el agente de inmigración. El agente fue muy cordial y nos dio el pase. Posteriormente fuimos a recoger nuestro equipaje y finalmente pasamos por aduanas sin ningún problema. Les dije a mis acompañantes que me esperaran en la terminal mientras yo iba por el auto al estacionamiento. Tomé el shuttle, me dejaron en el estacionamiento y ya fui por mis acompañantes. Llegamos a nuestro destino sanos y salvos.

Como pueden apreciar, fue toda una odisea. Viajar en avión tiene sus ventajas y desventajas. Para que se den una idea más clara: salí de mi casa a las 5 en punto y llegué a mi destino pasada la medianoche. Si me fuera por tierra, normalmente hago 10 horas. Claro que viajar por avión es más cómodo, pero también tiene sus inconvenientes. Lo que verdaderamente me molesta es el trato por parte del personal de las aerolíneas. Si ya de por sí es una tarea titánica conseguir boletos y todo el proceso de abordaje es un suplicio, es inaceptable que los empleados de la aerolínea te hagan las cosas más difíciles. Y lo peor del asunto es que fue en mi país. Es curioso que mi experiencia sea más grata en el extranjero (en cuestión de viajar). Ésta ha sido por mucho la peor experiencia que he tenido hasta la fecha. Viva Aerobus nunca ha sido santo de mi devoción, pero me he visto obligado a viajar con ellos por cuestión de precios u horarios. Muy a mi pesar, sigue siendo la opción más económica para viajar, así que creo que no tendré más opción que resignarme.

Y ustedes, ¿cuáles han sido sus experiencias al viajar en avión? Au revoir!

sábado, 30 de abril de 2016

Frustración a 40 000 pies de altura

¿Qué tal, amigos? ¿Cómo han estado? Les ofrezco mil disculpas por tenerlos tan abandonados. Han sucedido tantas cosas y no sé ni dónde tengo la cabeza. Aunque para ser justos, deben saber que ya había publicado una entrada en el transcurso de esta semana. Bueno, en realidad era un borrador y según yo había guardado los cambios para terminarlo después y publicarlo. Según yo, todo estaba bien, pero resultó que no se guardaron los cambios y no sé qué demonios hice que borré la publicación por completo y heme aquí de nuevo. Después de hacer un coraje mayúsculo, decidí reescribir hoy porque ya no quiero que pase más tiempo y pierda mi inspiración, ¡jajaja!

Bien, entrando en materia, ustedes recordarán que yo no vivo en mi tierra natal (y si no lo recuerdan, ya lo saben) al igual que muchas otras personas. No es fácil vivir en un país diferente, con otra cultura, otras costumbres, en fin. Si por mí fuera, iría a Monterrey cada fin de semana. A pesar de que no vivo del otro lado del mundo, tampoco vivo a la vuelta de la esquina y, lamentablemente, no puedo darme el lujo de gastar en ello tan seguido. Porque viajar implica un gasto. Por menos que quiera gastar, tengo que planificar mi presupuesto para no verme en apuros.

Regularmente viajaba en autobús porque aunque no es lo más cómodo, es lo más económico. Pero considerando que salía el viernes en la noche y me regresaba el domingo en la noche para trabajar el lunes en la mañana, decidí que tenía que buscar algo más práctico. Es muy cansado viajar de noche y llegar todo desvelado a mi destino. No podía dormir al llegar porque sino perdía el poco tiempo valioso del que disponía. Así que a buscar vuelos.




Volar tiene sus desventajas y conseguir un boleto puede ser una tarea titánica. No encuentro las palabras para expresar mi frustración al respecto. En estos días pasados viví unas peripecias que no le deseo a nadie, ni siquiera a mi peor enemigo. Y todo, para comprar unos boletos de avión.

Para que se den una idea:
Por lo regular utilizo www.kayak.com para reservar mis vuelos. Es un buscador muy práctico que cuenta con parámetros para buscar diferentes vuelos. Pero como puede que la información no siempre esté actualizada, siempre tiene uno que verificar directamente con la aerolínea.
Encontré un vuelo redondo económico con VivaAerobus por USD 154. Cabe recalcar que estaba usando mi smartphone en ese momento. Ingresé todos mis datos y al estar en la última página para pagar, el sistema me marcaba error. Me aparecía un mensaje que decía que el número de teléfono solamente debía contener dígitos, ningún otro caracter. El problema era que al ingresar mi teléfono, automáticamente aparecían unos paréntesis encerrando el código de área y un guión antes de los últimos cuatro dígitos y no había manera de borrarlos. Así que decidí cambiarme a la computadora. ¡Oh, sorpresa! Las cosas resultaron peores. En la computadora el vuelo más barato me salía en USD 200, aproximadamente USD 50 más caro que lo que había visto en el mismo día. De lo que me dí cuenta es de que el portal de la aerolínea automáticamente me asignaba el paquete más caro (VivaAerobus cuenta con diferentes modalidades donde el precio varía según los beneficios), pero por más que busqué no encontré manera de escoger un paquete más barato.


Como uno de mis propósitos de este año es tomar las cosas con calma, casi me resignaba a tener que viajar por tierra. Pero recordé que todavía había un recurso que había pasado por alto: hablar al centro de atención al cliente de la aerolínea. Así que busqué el número y llamé. Me contestaron en inglés y no sé por cuál razón no le pedí al agente que hablaramos en español ya que era obvio que el español era nuestro idioma natal. Posteriormente, el agente me hizo un sinfín de preguntas y después de contestar todo, de deletrear mi nombre, dirección y demás datos y de hacer malabares mientras hablaba por teléfono, pude comprar mi boleto. El agente me dio el número de confirmación y me envió todos los datos a mi correo electrónico. ¡Ya por fin pude conseguir mi boleto!

Como se habrán imaginado, fue toda una odisea. Por lo mismo, he tratado de investigar el proceso de venta de boletos de avión. Pero los dioses han decretado que yo no entienda ese proceso misterioso. Encontré algunos datos que dicen que para vuelos internacionales debes reservar por lo menos con 45 días de anticipación, que es más barato comprar vuelos por separado o con escalas y no sé qué tantas cosas más, pero toda la información es muy confusa y ni siquiera los expertos logran ponerse de acuerdo. Es inevitable sentirse abrumado.

Francamente no entiendo por qué no existen restricciones para que las aerolíneas fijen sus precios. Es posible que el vuelo que viste a cierto precio haya aumentado el mismo día. Y si te fijas en el desglose del precio, te darás cuenta de que gran parte o, más bien la mayor parte, es por concepto de impuestos. Nuestro querido gobierno jodiéndonos unas vez más.

Uno pensaría que con los avances de la tecnología y del Internet, sería mucho más sencillo reservar un vuelo. Pero ya me he dado cuenta de que no es así. Las aerolíneas monitorean las ventas, rastrean a cada una de las personas que buscan vuelos y suben los precios a su antojo. Siempre hay lugares disponibles (según un exprofesor universitario es raro que un vuelo sea vendido en su totalidad) que las aerolíneas tienen bajo reserva para aquellas personas que compran boleto de último minuto. Como esas personas están dispuestas a pagar lo que sea, las aerolíneas se aprovechan de ello e inflan los precios. Si les preguntaras a todas las personas que van en un vuelo, te darás cuenta de que todos pagaron cantidades diferentes. 




Las aerolíneas argumentan que el combustible ha aumentado mucho, que los impuestos, que la competencia, que los márgenes de ganancia son cada vez menores y tantas y tantas excusas más, pero la verdad es que uno siempre sale perdiendo. Deberían imponer más controles para revertir esta situación. No es posible que las aerolíneas hagan lo que les venga en gana. 

Por lo pronto ya tengo mi boleto y espero con ansias el día de mi vuelo. Espero que no pase nada imprevisto. Ahora a preocuparme por el equipaje.

¿Y ustedes qué experiencias han tenido al reservar vuelos? Au revoir!

sábado, 19 de marzo de 2016

El principio del fin

Cuando concebí la idea de este blog, jamás pasó por mi cabeza escribir sobre política. Había pensado en incluir cosas triviales, algunas profundas y otras tantas moderadas, pero no política. Odio la política. Los políticos me parecen los seres más patéticos del universo, al menos creo que son de lo peor de lo que tenemos. No dudo que haya unas cuantas honrosas excepciones, pero les aseguro que son muy pocas. Los políticos son seres mezquinos, egoístas, corruptos, maquiavélicos, insensibles, intolerantes...y después tenemos a Donald Trump.

Por mucho tiempo me rehusé a escribir acerca de ese tipejo (por no decir otra palabra), pero sabía en el fondo que escribir acerca del tema sería inevitable. Todos los días vemos o leemos noticias/chismes acerca de ese "señor" en la radio, la TV o el Internet. No hay un solo día que pase que no nos enteremos de lo que ese tipo hizo o dijo. Es todo un showman, sabe cómo llamar la atención, no lo puedo negar, pero de ahí a que aspire a convertirse en el presidente de los EE.UU. hay un abismo de diferencia.
Tendrá mucho dinero y empresas, pero es tan pobre de espíritu además de carecer de clase y educación. En diversas ocasiones ha demostrado ser un xenófobo, racista, misógino, ególatra y demás cosas negativas. No se cansa de atacarnos a los latinos (específicamente a los mexicanos), diciendo que somos unos asesinos, violadores, secuestradores y no sé cuántas cosas más. Su discurso se basa en el odio, la intolerancia y la provocación. Y lamentablemente muchos están cayendo en sus provocaciones, lo cual lo único que hace es darle más armas para atacarnos.





Cuando Trump hizo públicas sus aspiraciones presidenciales, los medios fueron tajantes al afirmar que no tenía ninguna posibilidad de ganar. Mucha gente lo pensó así también, yo mismo me incluyo. Pero conforme transcurre el tiempo, con terror me he dado cuenta de que se perfila como un favorito del público. Es casi un hecho de que se convertirá en el candidato que represente al Partido Republicano. Y tal parece que ya no es tan descabellada la idea de que resulte vencedor en las elecciones. Hillary no la va a tener fácil.

Ese mequetrefe realmente me desconcierta. No sé si es estúpido, idiota, descerebrado o si en realidad es un personaje muy bien orquestado por una mente perversa. No sé siquiera si tiene personalidad propia. Los psicólogos que han analizado los discursos de Trump aseguran que se expresa como un niño de cuarto grado (yo diría que de kinder). Y es que ¿han escuchado uno de sus discursos? Son tan simples y sosos, no te dicen nada. Dice tantas cosas de diferentes maneras que al final no dice nada.




A ese señor deberían prohibirle hablar con micrófono...y sobre todo frente a una audiencia. ¿Recuerdan cuando le preguntó en un debate a la exprecandidata Carly Fiorina que quién iba a votar por alguien con esa cara (refiriéndose con tono burlón sobre su persona)? ¿O cuando se refirió a su miembro dando a entender que está bien dotado? ¿O cuando dijo que va a hacer que México pague por el muro que va a mandar construir entre México y EE.UU.?  ¿O cuando dijo que va a modificar las leyes para controlar a los medios de información? ¿O cuando dijo que él podría dispararle a un hombre en plena calle y no pasaría nada? ¿O cuando se burló del periodista incapacitado? Intolerancia en su máxima expresión, narcisismo enfermizo.
Ese hombre no conoce ni la prudencia ni la mesura. ¿Cómo es posible que alguien así sea presidente? Si los mexicanos nos quejamos de Peña Nieto, Trump no se quiere quedar atrás.

Nadie tiene el ego más grande que ese tipo. Se cree el centro del universo, el número uno. Será muy buen empresario, pero como político no vale un solo peso. Se necesita personalidad e inteligencia, entre muchas otras cosas. No basta con creerse capaz. Recuerden que el camino hacia el Infierno está empedrado de buenas intenciones. Querer no siempre es poder.

Muchos asociábamos a Trump con Hitler y el nazismo, aunque según los historiadores su ideología sigue los principios del fascismo. Totalitarismo, contradicciones, nacionalismo extremo...principios del fascismo promovidos por Trump. No por nada es apoyado por seres tan despreciables como el sheriff Joe Arpaio o el KKK.

Sus contradicciones son incontables. Ataca a los inmigrantes cuando sus ancestros lo fueron en su tiempo. Su apellido ni siquiera es Trump, es una versión modificada del apellido original. Su esposa es inmigrante también.
Critica a México y a China porque según él le roban empleos a los ciudadanos estadounidenses, siendo que él mismo tiene fábricas allá.

Trump conoce a la perfección el dicho que reza: "Divide y vencerás". Es un componente imprescindible de su campaña. ¿Por qué razón creen que de lo que más habla este tipo es sobre la inmigración? Sabe cómo llegarle al corazón a los blancos que temen ser desplazados, aquéllos que temen que los blancos dejen de ser la raza predominante de EE.UU. Pero lo más alarmante del caso es que muchos latinos lo están apoyando...aquellos latinos que se sienten gringos, que no aceptan sus orígenes. Trump se ha encargado de dividir a la población, de crear dudas, contiendas, disensión y confusión. Siempre ha existido el racismo en este país, pero de lo que sí podemos culpar indiscutiblemente a Trump es de despertar ese sentimiento que estaba dormido y de avivarlo para convertirse en un fuego abrasador. Hace que los prejuicios cobren más fuerza y que aflore lo peor de la gente.

Sinceramente, me asombra la estupidez de la gente que apoya a este tipo. Denotan un pobre nivel de inteligencia y cultura. Muchos no conocen sus propuestas en cuanto a otros temas, solamente sobre la inmigración y la convicción que tienen de que él puede "hacer a EE.UU. grande de nuevo". Pobres idiotas.

No sé si los que controlan todo el movimiento del mundo estén apoyando a Trump o si no esté contemplado en sus planes (me inclino por lo segundo). Trump como presidente sería una desgracia no sólo para EE.UU. sino para el mundo entero. Si hay alguien capaz de detonar una tercera guerra mundial, es él. Con esa lengua larga que tiene, no le es difícil hacerse de enemigos. No tiene muy contentos a Rusia, China y Medio Oriente con sus comentarios mordaces.

Me pregunto si habrán deportado al estudiante egipcio que dijo que él mataría a Trump y el mundo se lo agradecería. Bien dicen que el miedo no anda en burro. De lo que sí estoy seguro es de que la mujer que parió a Trump debe estar revolcándose en su tumba al ver los disparates de su hijo.
Si gana, no quiero ni imaginar qué pasará. Sería el principio del fin, sin exagerar. Representa una verdadera amenaza. Espero que los estadounidenses sean lo suficientemente inteligentes para no votar por él. De lo contrario...

domingo, 6 de marzo de 2016

Cicatrices

Hay cosas que simple y sencillamente no se pueden olvidar. Hay quienes dicen que las cosas malas que nos pasan no se olvidan sino que se superan. Sin embargo, no estoy tan seguro de esto último. Hago referencia a ello porque hace poco me enfermé y ya saben...cuando vas a ver al médico, se pone a preguntarte toda tu vida, te regaña y demás. Cuando me estuvo interrogando, me hizo una pregunta que me hizo recordar algo muy desagradable de mi vida, algo que he tratado de olvidar, de borrar de mi memoria, de convencerme de que fue solamente un mal sueño o pesadilla. Pero recordé y me dolió mucho. Me di cuenta de que esa herida sigue abierta y que no ha cicatrizado. El tiempo no lo cura todo y para muestra basta un botón. No voy a ventilar mi vida privada por aquí, pero lo que sí les puedo decir es que hay cosas que simplemente no se olvidan y tal vez ni se superan. Las personas más allegadas a mí probablemente podrán comprenderme.




Llegas a un punto en tu vida en el que te sientes con el deber de hacer un balance de tus aciertos y desaciertos, de las cosas buenas y malas que te han pasado. Y es cuando salen a relucir los sinsabores, las tristezas, las amarguras, las desilusiones...Te das cuenta de que no todo es miel sobre hojuelas, de que te has equivocado, de que tomaste malas decisiones. Te arrepientes pero ya es demasiado tarde. Quisieras regresar el tiempo y evitar tanto dolor. Hay cosas que pudimos haber evitado, pero también hay cosas que son inevitables, que no dependen de nosotros. Tal fue el caso que me acongoja. Fue una situación muy difícil, que me marcó para siempre. Lo que más coraje me da es la impotencia, la imposibilidad de haber evitado ese sufrimiento. Realmente no tuve otra opción y tuve que ceder. Pero eso no quiere decir que me resigne.

Hay sueños rotos, metas no alcanzadas, ilusiones destruidas. Dicen que no se puede tener todo en esta vida. Tal vez sea cierto. Lo he vivido en carne propia. No importa que seas una buena persona, la vida parece no discriminar entre buenos y malos. No digo que uno sea perfecto, pero tratas de ser una buena persona y, cuando te equivocas, cuando haces algo malo, la vida te lo cobra con creces. Tarde o temprano tendremos que pagar, aunque a veces la factura llega muy temprano y muy cara.

Muchos dirán que soy muy joven para pensar así. Permítanme discrepar. A veces la vida nos hace madurar con los golpes que nos da. No les voy a negar que lo más fácil es hacerse la víctima y culpar a los demás por todo lo malo que nos pasa. Pero es inevitable no hacerlo. Para los que creemos en Dios es a veces imposible no sentirnos como marionetas que son manipuladas por unos hilos invisibles y que por más que intentes, no puedes liberarte. Sientes que te pones con Sansón a las patadas. Sientes que aunque nades contra la corriente, no puedes avanzar ni un milímetro.

He aprendido muchas cosas. Día a día me esfuerzo por hacer frente a mis problemas y asumir la responsabilidad que me toca. Trato de olvidar las cosas malas, tristes y, aunque no lo he conseguido, quiero vivir. Quiero experimentar las cosas buenas de la vida, porque estoy seguro de que no todo es amargo u obscuro.

Lo que les quiero decir es que tal vez haya cosas que son inolvidables o insuperables, pero la vida sigue. El mundo no se detiene. Duele, pero ultimadamente no nos vamos a morir de eso. A veces hacemos una tormenta en un vaso de agua. No siempre es así, pero lo que importa es que aprendamos a sobreponernos y a continuar con el rol que nos fue asignado en esta obra de teatro llamada vida.

Bueno, ya me desahogué. ¿Y ustedes qué opinan?

sábado, 27 de febrero de 2016

La idealización de lo extranjero

Esta semana se anunció el lanzamiento de la plataforma digital de Televisa, Blim. No tardaron las redes sociales en inundarse de memes burlándose del acontecimiento, haciendo alusión a su ingenuidad al querer competir en el mercado con empresas ya establecidas como Netflix.

Y hablando de Netflix, en mi opinión no es la quintaesencia del streaming. El contenido es algo limitado, pero pues tampoco se puede pedir mucho por 10 dólares al mes. Si bien cuentan con series muy buenas, la variedad de películas deja un sabor de boca agridulce. Se agradece que cuenten con películas francesas, japonesas, españolas...pero obviamente las que predominan son las gringas. Qué remedio.

Entre los comentarios de la gente que criticaba a Blim, vi que decían que esa plataforma estaría llena de telenovelas y otros programas de ínfima categoría, producto de Televisa. Decían que mientras Netflix cuenta con películas de talla internacional, Blim tendría lo propio con películas de Pedro Fernández y Lola la trailera. Lo que ignoran o de plano pasaron por alto intencionalmente, es que Netflix incluye programación de Televisa en su contenido. Ejemplo de ello son: Vecinos, XH Derbez, El Chavo del Ocho, El Chapulín Colorado y algunas telenovelas. Y para desgracia también están las abominables narcoseries: La reina del sur, Señora Acero, El señor de los cielos...aunque estas últimas son de Telemundo.




Contraté Netflix hace unos meses, solamente para quitarme la espinita, vaya, me ganó la curiosidad por las maravillas que escuchaba. He visto algunas películas y series, pero siento que quedan a deber. La selección de películas mexicanas es muy precaria. En cuanto a series, ¿cómo es posible que no tengan Desperate Housewives? Simple y sencillamente no lo puedo concebir. 

Me gusta Netflix, pero no podría cancelar mi servicio de TV de paga. Los dos se complementan el uno al otro. Netflix está bueno para cuando tienes ganas y tiempo de aventarte un maratón de una serie o un sábado de flojera para tirarte en el sillón y ver películas.

Pero, ¿qué pasaría si Netflix fuera mexicano? ¿Tendría el mismo auge y aceptación? ¿O sería duramente criticado y rechazado como Blim? Creo que sería muy interesante plantear esta situación. El panorama sería totalmente diferente, se los aseguro.

Con todo lo anterior, no quiero decir que deban contratar Blim, tal vez ni yo mismo lo haría. Mi punto es que muchas o la mayoría de las veces, preferimos algo simplemente porque viene del extranjero. Ya sea Netflix, ropa, coches, aparatos eléctricos, etc., nos gustan más porque vienen de otro país y por lo tanto deben estar bien hechos...es la realidad, no queramos tapar el sol con un dedo. Pero no me malentiendan. No porque algo sea hecho en nuestro país significa que deba gustarnos, para muestra pídanme mi opinión sobre el cine mexicano contemporáneo. Debemos ser selectivos, inteligentes...no basar nuestra opinión en el lugar de procedencia de un producto o servicio. Tomemos lo mejor de cada país; no son elementos mutuamente excluyentes.

En el caso de Blim, el problema principal es el sentimiento anti-Televisa que ha crecido recientemente. Pero ése es otro tema que probablemente aborde en otra publicación. Hablando en términos generales, el problema principal estriba en que idealizamos lo extranjero. Todo lo que viene de afuera está bien. En cambio, lo que hacen en México (o en el país de donde seas originario) está mal hecho, no sirve, es deficiente, no está a la altura de lo hecho en países de primer mundo. Nada más alejado de la realidad.

No dudemos de las capacidades de nuestros compatriotas. El ingenio y la creatividad no conocen de raza, religión o nacionalidad. Cuando podamos comprender esto, habremos dado un paso importante hacia nuestro progreso. Los prejuicios solamente nos estorban en el camino que debemos andar. En todos lados hay cosas buenas y malas, no todo puede ser perfecto.

¿Y ustedes qué opinan, amigos? Au revoir!


sábado, 13 de febrero de 2016

1-800-MUÉ-LETE

¿Qué tal, amigos? ¿Cómo los ha tratado la vida? Yo he estado un poco más desahogado con respecto al trabajo, pero los últimos días me la he pasado fatal. Fiebre, escalofríos, dolor de garganta, cuerpo cortado...no se lo deseo a nadie. En parte por eso los he tenido tan abandonados. No he tenido ganas de hacer nada.

¿A quiénes de ustedes les ha tocado llamar a un número de atención al cliente? A mí, lamentablemente una infinidad de veces. De hecho, esta mañana tuve que hablar al centro de atención a clientes del mercado de seguros (Obamacare en EE.UU., del cual probablemente escriba en un futuro) y para no perder la costumbre, el servicio fue pésimo. Me tuvieron media hora al teléfono para que al final no me resolvieran nada. Media hora que pude haber aprovechado para dormir o para cualquier otra cosa más productiva. Para que vean que acá en EE.UU. también se cuecen habas.


Regresando al tema de la atención al cliente por teléfono...Es un verdadero suplicio llamar a esos números. Yo realmente no lo hago a menos que sea estrictamente necesario. De entrada, te encuentras con esos malditos menús telefónicos: "Si desea hacer una queja, marque 1", "Si desea hacer un pago, marque 2", "Si desea hablar con un representante de atención al cliente, marque 0"...eso sin contar la musiquita tan irritante que te ponen mientras esperas y todo el rollo que te tiran agradeciéndote por ser cliente de ellos y pidiéndote paciencia. Verdaderamente no entiendo para que hacen eso de los menús si de todos modos te van a preguntar lo mismo. Y esa tonada que tienen los representantes al hablar es tan molesta, ¿no creen?




Una vez superado el paso de los menús, te encuentras con que el agente que te atiende es nuevo o de plano no sabe nada porque se la pasan poniéndote en espera o te transfieren de departamento en departamento. No importa si se trata de un banco, una dependencia de gobierno (éstos son de los peores), agencia de seguros, televisión por cable, Internet, etc., siempre te toparás con situaciones desagradables. Claro que hay unas pocas excepciones, pero la norma prácticamente es generalizada.




Recuerdo cuando era cliente de Cablevisión (compañía en México que ofrece servicios de televisión por cable, Internet y teléfono) hace unos años. Del cable realmente no tuve problemas, pero el Internet era pésimo. ¡Hubo incluso una ocasión que estuve tres días sin Internet! Obviamente antes de hablar a su distinguido centro de atención hacía todo lo que decía el manual del módem. Pero todo era inútil. Así que me veía obligado a hablarles y siempre que lo hacía era una hora lo que me tardaba (el 80%-90% era esperando a que me contestara un agente) para que lo único que hicieran fuera levantar uno de sus famosos reportes que no servían para nada. Así que tenía que volver a llamar y era un cuento de nunca acabar.

Mi experiencia con los bancos no ha sido mejor. Tienen tantas opciones al llamar que no sabes cuál escoger. Así que escoges la opción que crees es la correcta para que después el agente te diga que ahí no te pueden ayudar, que te tienen que transferir. Y cruza los dedos para que la llamada no se "corte" accidentalmente porque sino tienes que volver a llamar y explicar todo de nuevo.

Otra cosa que odio de estos números es que muchas veces los agentes están ubicados en otros países. Por ejemplo, si aquí en EE.UU. hablas a un centro abominable de ésos, es probable que te conteste un indio o puertorriqueño. Incluso en México recuerdo que cuando hablaba a un número de ésos, me contestaba una colombiana a la que en ocasiones no le entendía y eso que hablamos el mismo idioma.




También odio el hecho de que te hagan hablar después porque tienes que explicar todo desde el principio. Te preguntan con quién hablaste y pues uno no se acuerda, tenemos cosas más importantes de que ocuparnos que recordar a Hilario, Carlos o como se llame. Se supone que dejan notas en el sistema para evitar todo el interrogatorio al que te someten cada vez que hablas, pero esas notas o no están claras o son inexistentes. Como consecuencia, por enésima vez tienes que explicar tu problema desde el principio.

No crean que es un problema exclusivo de México o de otros países en desarrollo, aquí en EE.UU. también sucede. En el tiempo que llevo viviendo aquí, ya he tenido mis malas experiencias con Chase, Xoom, Ebay, PayPal, Equifax, T Mobile, EZ Contacts, Molina Healthcare, Blue Cross Blue Shield, la FTC, el departamento del Seguro Social y la más reciente, el mercado de seguros. Esta última me ha dado verdaderos dolores de cabeza. He tenido que hablar como tres veces en una semana, cada vez que hablo tengo que explicar mi problema, me transiferen de departamento en departamento y me tienen esperando las horas. Al final, no me resolvieron nada. Ahora por ejemplo, estoy esperando a que me llamen porque según están investigando mi caso, pero resulta que se pueden tardar hasta un mes en resolverlo...lo cual nunca me dijeron las veces anteriores que llamé. Como consecuencia no he podido hacer mi declaración de impuestos porque necesito una forma que ellos tienen que enviarme. En fin, ya veremos qué pasa...

Trato de ponerme en el lugar de los agentes. No debe ser fácil lidiar con tanta gente distinta: algunos prepotentes, otros indecisos, los que no se saben dar a entender, los que te dicen hasta de lo que te vas a morir...pero si no quieren exponerse a eso, no trabajen en eso. Son gajes del oficio.
Como cliente, es frustrante que te tengan esperando tanto tiempo, que te transfieran de un lado a otro, que no resuelvan tus dudas, que se "corte" la llamada, en fin... Francamente así no se puede.

Para terminar, les dejo algunas recomendaciones para cuando tengan que llamar a estos centros de Satanás:
1.- Llamar temprano, evitar las horas pico en la medida de lo posible ya que será más probable que te toque esperar más tiempo de lo normal.
2.- No llamar cuando estés de mal humor. Por lo mismo, no es recomendable hablar cuando sales del trabajo todo estresado y con ganas de estrangular a medio mundo.
3.- Pedir hablar con un supervisor cuando el agente no te sea de utilidad.

Es inevitable no llamar a estos números. Para nuestra desgracia, tarde o temprano todos tenemos que hacerlo. Ya sea porque necesitas cancelar una tarjeta de crédito extraviada o necesitas asistencia técnica con tu Internet, tendrás que enfrentarte a estas situaciones y tienes que aprender a lidiar con ellas.

¿Y ustedes qué opinan? Espero estar pronto de regreso. Au revoir!