Buscar este blog

domingo, 15 de julio de 2018

A la defensiva

Cuando uno aprende a conducir, te dicen que debes "conducir a la defensiva". En un mundo ideal, saber conducir y conocer los señalamientos viales deberían ser suficientes. Pero en la vida real es muy diferente. Gracias a tanto descerebrado que anda por las calles, uno tiene que cuidarse de los demás. Mucha gente no respeta los señalamientos viales y son un peligro en la calle. Son los causantes de tantos accidentes que pudieron ser evitados. Para desgracia nuestra, esta gente abunda y si no tienes cuidado con ellos, te llevan entre las patas. Lo mismo aplica para muchas cosas más en la vida diaria.

Estoy seguro de que muchos de nosotros hemos escuchado que antes la palabra bastaba para cerrar un trato. Una promesa era un compromiso formal e irrompible. La gente cumplía su palabra sin necesidad de firmar papeles. En la actualidad es todo lo contrario. Ahora dicen que papelito habla. Para todo es imprescindible firmar un papel. Si no lo haces, estás a expensas de que te pasen a perjudicar. Se aprovechan de tu nobleza, como decía el Chapulín Colorado. La verdad es que mucha gente es aprovechada; les ofreces la mano y te agarran el pie. Uno por querer ser "buena gente" deja pasar muchas cosas. Ya no puedes confiar en nadie. Bueno, todavía queda gente decente, pero son menos que los otros lamentablemente. Por eso tienes que aprender a defenderte.

Dicen que las reglas se hicieron para romperse. No, se equivocan. Las reglas se hicieron para protegernos, para mantener un orden. Las reglas y las leyes son indispensables en un mundo en el que si no friegas, te friegan. Si nos metemos en rollos filosóficos, tenemos dos posturas opuestas: la de Rousseau y la de Hobbes. Para el primero, el hombre es bueno por naturaleza, mientras que para el segundo es todo lo contrario. En lo particular, concuerdo con Rousseau. El hombre es malo por naturaleza. La bondad, la generosidad y todas las cosas buenas se deben aprender, pero muchos no lo hacen. Por el contrario, esta gente se mueve por intereses, es egoísta, ambiciosa, envidiosa, mentirosa. No todos están al mismo nivel, pero todos lo padecen de una u otra forma. 




Desde que somos niños somos expuestos a la maldad. El aborto, la violencia intrafamiliar, el abandono de hogar son tan sólo unas de las formas de maldad infligidas sobre los pequeños. Y cuando entras a la escuela las cosas no mejoran. Ahí te enfrentas al bullying o acoso escolar. Gracias a los niños desadaptados provenientes de familias disfuncionales, los demás tienen que aprender a defenderse para sobrevivir en la jungla escolar. Lo peor del caso es que todo comienza desde el kinder y continúa en la primaria, la secundaria, la preparatoria e incluso la universidad. La gente simplemente no aprende. Eso solo nos demuestra que la edad no es sinónimo de madurez. La madurez, la verdadera madurez no conoce edad. Hay niños más maduros que un joven de 18 años o un adulto de más edad. 

Como muchas personas, sufrí de abuso escolar por mucho tiempo. Tuve que aprender a sobrevivir. Solamente los que lo hemos padecido sabemos el infierno que es. A veces optaba por ignorar, por cerrar oídos a palabras necias, pero esto no siempre es posible. Una vez sí llegué a golpear a uno o dos niños que me colmaron el plato. No dudaría en volver a hacerlo si fuera necesario. Y contrario a lo que muchos piensan, eso me ayudó mucho. Esos niños ya no se metieron conmigo. Ya después tuve que contenerme porque me cambiaron a una escuela cristiana y ahí me habrían expulsado si hubiera golpeado a los que se dedicaban a molestarme. Pero sobreviví.




Cuando terminas tus estudios, te enfrentas al mundo laboral. Es un mundo despiadado y cruel. Tienes que aprender a "ponerte la camiseta parcialmente" sin perder tu dignidad, sin venderle tu alma al diablo. Porque antes que empleado, antes que cualquier otra cosa, eres una persona que se debe respeto a sí misma, que debe mantener su dignidad. Debes tener mucho cuidado tanto con tu jefe como con tus compañeros. No puedo generalizar, pero a muchos no les importaría perjudicarte si con ello se benefician. Es la naturaleza humana. El hombre es un egoísta innato. Es algo que se debe desaprender. 

En la publicación anterior comenté que estoy en una disputa con mi aseguradora porque no quieren pagar una cuenta médica. No es algo legal, por el momento. Honestamente, espero no llegar a esas instancias. Los asuntos legales me parecen tan vulgares. Son tan tediosos y desgastantes. Pero a veces no hay más remedio. No sería la primera vez que me veo envuelto en uno. La primera vez fue cuando demandé a un expatrón por una canallada que nos hicieron. La segunda vez no fui yo directamente el implicado sino mi mamá. Tuvo un accidente en su trabajo y esos desgraciados se portaron muy mal con ella. Tuvimos que demandarlos y fue un proceso largo y complicado. Llegamos a un arreglo, no del todo favorable, pero no tuvimos más opción. La llevábamos de perder contra una empresa grande que tiene los medio$. El dinero, siempre el maldito dinero. La gente que lo tiene hace y deshace a su antojo y uno lo único que puede hacer es defenderse como puede contra tanta injusticia. A veces sabemos o estamos casi seguros de que nuestra lucha es una causa perdida, pero no debemos de darnos por vencidos sin haber luchado. Debemos luchar por lo que es justo, hacerle frente a tanta maldad, suciedad, corrupción, inmoralidad.




A veces ni sabes de dónde viene el golpe. Lo más triste es cuando se trata de tu familia o amigos cercanos. Confías tanto en ellos que no tomas tus precauciones. Con los demás uno aprende a defenderse y prevenir un mal en la medida de lo posible. No así con la gente cercana a ti. La burra no era arisca; la hicieron. Tal vez parezca muy pesimista de mi parte, pero son cosas que aprendes con los golpes que te da la vida. Aprendes a desconfiar de la gente y a pensar mal de ellos. Piensa mal y acertarás. Pero ten cuidado, porque al defenderte caes en el peligro de convertirte en lo mismo contra lo que peleaste. Lo que sí es innegable es que debes defenderte. De no hacerlo, la pasarás muy mal en esta vida. Y no siempre hay segundas oportunidades.




domingo, 8 de julio de 2018

Divide y vencerás

Siempre he odiado la política. Tal vez porque siempre consciente o inconscientemente la he asociado con corrupción, suciedad, mezquindad, inmoralidad, podredumbre. No me gusta hablar sobre el tema y menos caer en discusiones baratas. Me parece vulgar, patético. Y a pesar de eso, hay mucha gente que se pelea con los demás por defender a su político predilecto. Promesas y más promesas. Siempre es lo mismo en la política, lo único que cambian son las caras. Ha sido tanto tiempo que hemos padecido esto que ya todo esto nos parece normal. Los políticos saben hablar muy bien y todavía logran envolver a la gente. Cambian de partido con frecuencia, se lanzan candidatos "independientes" y volvemos a caer en sus trampas. Es un cuento de nunca acabar.

No soy experto en política y no pretendo serlo. Esta publicación es solamente para expresar mi punto de vista. Por más que me disguste la política, no puedo mantenerme al margen. Bueno, como todos sabemos, las elecciones en México tuvieron lugar la semana pasada, aunque hasta pareciera que ya pasaron muchas más semanas o incluso meses. Esto debido a que es de lo único que se habla. Y con el Internet y las redes sociales, es prácticamente imposible no enterarse de los acontecimientos. Sí, ya sabemos que ganó AMLO. No me sorprende, ya se veía venir. Si hubiera perdido ahí sí me habría sorprendido. Era evidente el hastío de la gente respecto al PRI y PAN. Y eso es precisamente lo que me pone a pensar: ¿realmente votaron concienzudamente o lo hicieron de manera impulsiva? Mucha gente visualiza a AMLO como un salvador, la única posibilidad de cambio. Tanto famosos como no famosos lo apoyan. Y los resultados lo avalan: una victoria arrolladora. Les ganó por una margen significativo a sus contrincantes. Todos los medios lo resaltaron, fue un hecho histórico sin precedentes. Se terminó la hegemonía priísta/panista, a pesar que estos últimos estuvieron en el poder mucho menos tiempo que el PRI.





Ahora bien, cabe aclarar que no soy anti-AMLO, pero esto de ninguna manera significa que lo apoye abiertamente. Aún tengo mis reservas al respecto. Por un lado, veo que hay gente a la que no le simpatiza para nada, pero por el otro veo a un gran número de "AMLOvers". Y este último grupo creo que es más numeroso que el primero. Se dedican a publicar cosas en las redes sociales expresando su apoyo incondicional al otrora jefe de gobierno del Distrito Federal. Y los memes y comentarios irónicos abundan al por mayor. "A tidis lis qui dijirin qui si ginibi AMLO yi si puidin ir". Francamente ya aburren con eso. Sí, ya sabemos que ganó AMLO. También ya sabemos que votaste por él. No es necesario que nos lo recuerdes cada cinco minutos. No puedo generalizar, pero hay muchos que están cayendo en lo mismo que tanto criticaban de los demás. Se quejaban de los comentarios de la gente que apoyaba la derecha y ahora que la izquierda ha ganado, están igual o peor. No bajan de ignorantes (por no decir otras palabras) a la gente que no votó por AMLO. Independientemente de que el tabasqueño no es santo de mi devoción, espero sinceramente que cumpla lo que prometió y que no defraude a sus millones de seguidores. 

No me he dado a la tarea de investigar el tema a fondo, porque como ya dije antes, la política nunca me ha interesado. Se han dicho tantas cosas que uno ya no sabe que creer. Ya sabemos que no podemos creer todo lo que dicen los medios, pero tampoco podemos cerrarnos a todo argumento contrario. Por ahí he leído y escuchado sobre varias personas que dan testimonio de lo que fue vivir en el Distrito Federal durante la gestión de AMLO y sus comentarios son poco alentadores. Con eso de que ahorita todo mundo es experto en el tema y se creen dueños de la verdad absoluta...No les puedes decir otra cosa porque no te bajan de clasista, prejuicioso, entre otros apelativos. Como el caso del diputado o candidato a diputado por Morena en SLP. Que si tiene o no antecedentes penales, que tiene infinidad de tatuajes, que no se viste apropiadamente, que no sé qué. Sean congruentes por favor. Si para cualquier trabajo profesional se necesita vestir bien, no veo por qué no debería serlo para un político. No estoy hablando de que usen ropa de alta costura sino de que tengan una imagen pulcra, cuidada, que vaya acorde con su puesto. No sé qué tan cierto sea eso de que tiene antecedentes penales, espero que sea falso. Pero seamos honestos, ustedes dudarían en contratar a alguien con antecedentes, no creo que alguien en sus cabales lo haría. En caso de que fuera cierto, claro está.
 




Regresando al presidente electo, por ahí leí que durante su gestión como jefe de gobierno del Distrito Federal hubo mejoras en rubros como la seguridad pública y la inversión extranjera, pero no así en los índices de extorsiones, desempleo y deuda pública. Lo cual quiere decir que no todo fue miel sobre hojuelas. Hay claroscuros que vale la pena considerar. Si quieren ver el artículo completo lo pueden consultar aquí: http://www.nacion321.com. Siempre en cualquier situación uno debe ver las cosas buenas y malas. No podemos cegarnos y cerrar nuestros ojos y oídos a las cosas que van contra nuestra opinión. 

Ahora pasemos a hablar sobre su imagen. No sé que tan cierto sea eso de que se tardó diez años en terminar su licenciatura, pero creo que su desempeño en los debates y otras entrevistas nos puede dar una idea. El señor necesita pulirse, si va a representar a una nación entera es imperativo que lo haga. Criticaban hasta el cansancio a EPN porque no sabe sobre literatura y porque su inglés es muy malo. Pero AMLO ni siquiera habla inglés. ¿Cómo le va a hacer cuando se reúna con algún mandatario o asista a alguna cumbre internacional? Obviamente siempre tendrá un intérprete al lado, pero si a un ciudadano cualquiera nos exigen el inglés para titularnos y obtener un empleo, no entiendo por qué esto no aplica para la persona con el cargo más alto en México. Congruencia, señores, congruencia. No es clasismo, es simple y pura lógica. Este señor debe no solamente esforzarse con el inglés sino también con su habilidad para hablar en público y aceptar la crítica. No se la puede pasar justificándose y demeritando a sus detractores. Son gajes del oficio y si no puede hacerlo, no tiene nada que estar haciendo ahí. 




También leí por ahí que la esposa de AMLO será la primera dama con doctorado. Y que además considera clasista el término de "primera dama". Tal pareciera que ella está mas preparada que su esposo. Tal vez ella debería haberse postulado como candidata a la presidencia en lugar de su esposo. Tal vez lo haga en un futuro, sobre todo si AMLO hace buen papel.

La victoria del tabasqueño me recuerda en mayor o menor medida a la de Trump el año pasado. Con esto no estoy equiparando a AMLO con Trump, me refiero más bien al sentido en el que los dos llegan en un momento en sus respectivos países en un ambiente tenso, con una división muy marcada entre la población. Así como Trump tienen sus ciegos seguidores, AMLO tiene los suyos. Pero también tiene detractores. Mucha gente tiene miedo de que sus ideologías populistas conviertan a México en lo que es Venezuela en la actualidad. No sé qué tan válidos sean estos temores, y aunque no vivamos en Suiza o Japón, como se burlan los "AMLOvers", sigo teniendo mis reservas. Digamos que le voy a dar el beneficio de la duda. Por más burda que me parezca la política, debo reconocer que es un mal necesario. 

Nunca me ha gustado poner mis esperanzas en lo más alto porque mientras más alto las pongas, más dura será la caída. Pero quiero pensar que este señor hará un buen papel y habrá un cambio en México. También quiero pensar que todos los que votaron por él no lo hicieron simplemente por resentimiento social, sin haber considerado todo en su conjunto. Aunque honestamente me da la impresión que muchos, sobre todo los jóvenes, votaron por él simplemente por llevar la contraria. Espero estar equivocado. Sólo el tiempo lo dirá. 





   

sábado, 23 de junio de 2018

La maldad del sistema de salud estadounidense

Hace algunos meses escribí una publicación sobre la realidad de vivir en EE. UU. Y es que todavía hay gente que cree que vivir aquí es lo máximo, pero lo cierto es que la vida acá dista mucho de ser perfecta. Hay muchas ventajas, pero también hay muchas desventajas. No todo es miel sobre hojuelas. Por un lado o por otro, pero siempre buscan fregarte. Y lo peor de todo es que es inevitable.  Suena feo, pero tal parece que o friegas o te friegan. O estás de un lado o estás del otro; no hay medias tintas. Vivimos en una selva urbana donde tenemos que estarnos cuidando las espaldas constantemente. No puedes bajar la guardia porque el ataque puede venir de donde menos lo esperas. Y a pesar de que hay leyes estrictas en este país, lo cierto es que en la práctica existen muchas lagunas de las cuales se aprovecha la gente mala para hacer de las suyas. No solamente individuos sino también corporaciones. Se valen de argucias y lagunas legales para aplastar, para avasallar, para destruir a los que están abajo. Y todo por dinero. Siempre el maldito dinero. Pero hay una entidad en particular que sobresale entre todas: la industria de la salud.




Como muchos de ustedes saben, EE. UU. es el único país desarrollado donde no existe un sistema de salud universal, dicho en otras palabras, el "sistema" que existe aquí está en manos privadas. Es un sistema perverso controlado por una mafia compuesta de doctores, farmacéuticas y aseguradoras. Lo que menos les importa a estos tipejos es la salud de las personas. Para ellos, las personas son objetos que pueden explotar y que botan cuando ya no les pueden sacar provecho. Cada uno de los integrantes de esta deleznable mafia trata de beneficiarse lo más que puede a costillas de la gente que busca algún servicio médico. Los médicos, por ejemplo, te quieren hacer exámenes a más no poder u operar, aunque no sea necesario hacerlo, porque quieren cobrar una buena cantidad a las aseguradoras. Éstas a su vez siempre harán lo posible por no pagar algún reclamo y te ponen trabas hasta que te des por vencido. Son buenos para cobrar pero no para pagar. Y las farmacéuticas hacen medicamentos carísimos que muchas veces la gente tiene que pagar de sus bolsillos. Y los únicos afectados son las personas enfermas que tienen que pagar las consecuencias de la ambición desmedida de estas entidades que componen el sistema de salud. Lo hacen porque pueden, porque la ley se los permite, porque este sistema está tan arraigado aquí que no se ha podido erradicar. Varias veces se ha propuesto en el Congreso la implementación de un sistema de salud universal, pero la moción siempre ha sido denegada. Tal parece que esto no les conviene a los intereses de ciertas personas influyentes. 





Recibir atención médica en EE. UU. es un lujo. En muchos países se entiende y hasta lo indican sus leyes, que la salud es un derecho de sus ciudadanos, pero no así en este país. La industria de la salud aquí es como cualquier otra industria. No importan los sentimientos, la humanidad más elemental, nada, solamente el dinero. Si algo no les reditúa ganancias, lo desechan. Por eso los hospitales aquí cobran un dineral por más sencillo que sea el servicio brindado. Ya no hablemos de si fue necesaria una ambulancia, hacer exámenes o realizar alguna operación porque ahí ya estaríamos hablando de miles de dólares en cuentas médicas. Por eso también los médicos ganan cantidades exorbitantes. Por eso hay muchos doctores sin vocación, porque muchos solamente buscan el dinero y les importa un comino servir a la gente. Todo es un maldito círculo vicioso. 

Otros cómplices de los doctores son las farmacéuticas. No es raro que se saquen enfermedades de la manga, lo cual se traduce en nuevos medicamentos, lo que a su vez significa más ganancias para estos zánganos. A ellos les conviene que la gente esté en tratamiento constante porque eso significa una demanda constante de sus productos. Por eso no me sorprende cuando dicen que ya existe la cura para el sida, pero que no lo han querido decir porque eso les haría perder millones de millones a estos malnacidos. No es difícil de creer. 

Y qué decir de las aseguradoras. Son unos entes malignos que lo único que buscan es enriquecerse a costa de sus clientes. Son muy buenos para cobrarte, pero cuando los necesitas harán hasta lo imposible por no pagar los servicios médicos que recibas o los medicamentos que necesites. Una de las estrategias que utilizan estos entes es una forma mejor conocida como preautorización. Las aseguradoras tienen una lista de medicamentos que deben ser aprobados por su departamento de farmacia. El simple hecho de que tu médico lo haya prescrito no es suficiente para que puedas surtir la receta en la farmacia. Ah, porque eso es otra cosa que también detesto. Aquí hay mucha burocracia en el proceso médico. Vas a ver a tu médico y él no te va a dar una receta para que la surtas sino que la va a enviar por medio de fax a una farmacia asignada (es increíble que sigan utilizando esos aparatos en pleno siglo XXI) y después tú vas a la farmacia a recoger tus medicamentos. El problema está en que a veces tu médico te receta un medicamento que se encuentra en la maldita lista de medicamentos que necesitan preautorización. Hay medicamentos por los que simplemente vas a la farmacia y los recoges y se acabó. Pero no es raro que a veces te salgan en la farmacia con que tu aseguradora no aprobó un medicamento a pesar de que tu médico lo prescribió. Las cosas empeoran si es de noche o fin de semana porque en ese caso te tienes que esperar hasta el siguiente día hábil para contactar a tu aseguradora y tratar de resolver la situación. La lógica dicta que un departamento de este tipo debería trabajar las 24 horas los 7 días de la semana, pero tal parece que ellos no conocen la lógica ni el sentido de urgencia. Te puedes estar muriendo y es probable que necesites un medicamento de ya, pero los niños están descansando. Creen que todo puede esperar. Y cuando los contactas, ármate de paciencia porque esas llamadas fácilmente duran una hora para que al final no te resuelvan nada. Te dicen que llames a tu doctor, que te tienes que hacer unos exámenes, que faltó no sé qué. Le llamas a tu doctor y te dicen que ya mandaron las cosas, pero los de la aseguradora dicen que no recibieron nada. Qué conveniente. Y así te la llevas...llamadas y faxes, más llamadas y más faxes. Es inútil explicarles que necesitas un medicamento urgentemente porque te van a salir con estupideces. Según tengo entendido, los medicamentos de esta perversa lista son medicamentos caros de los cuales no existen versiones genéricas y las aseguradoras como son tacañas, pues no quieren pagar y harán hasta lo imposible por hacerte desistir. Te van a mandar cartas a tu casa con información confusa, te van a decir que puedes apelar por escrito, pero todo es inútil. Lo único que harás es hacer corajes, desgastarte y perder tiempo. 




No entiendo por qué es tan caro atenderte acá. Recuerdo que hace unos años fui al médico porque tenía una gripe muy fuerte. En ese entonces no tenía seguro. Total, me consultaron, me hicieron un "examen de influenza" y otro de no sé qué y cuando voy a pagar me salen con que debía ¡¡USD 270!! Y luego para los medicamentos fueron como USD 30 más. Me gasté USD 300 en una mugre gripa. Difícil de creer, ¿verdad? Y ruégale a Dios no necesitar ambulancia o cosas más caras, porque ahí se complica la cosa. Solamente para que se den una idea, por ahí leí que si la industria de la salud estadounidense fuera un país, sería la quinta economía más grande del mundo. Les debo el dato completo, pero no me es difícil de creer en lo absoluto. En esta industria se mueve muchísimo dinero.





Los que vivimos cerca de México por esa misma razón vamos a atendernos allá. Aquí la salud es un vil negocio, carísimo no me cansaré de decir. El gobierno debería cambiar esto. Es inaceptable que los médicos, las farmacéuticas y las aseguradoras lucren con la salud o mejor dicho, las enfermedades de la gente. También se debería eliminar tanta burocracia. Todo el proceso es una verdadera pesadilla. Desde el momento en que vas al médico, luego que tu aseguradora no quiere pagar un examen o un medicamento y comienzan las llamadas, los faxes, las cartas, en fin. Es un cuento de nunca acabar. 

Actualmente estoy peleando con mi aseguradora por unas cuentas que no quieren pagar. Ya me cansé de hablarles y escribirles, pero haré hasta lo imposible por no claudicar. Ya me la hicieron una vez y una segunda sería inaceptable. Por más grande o pequeña que sea la cantidad, ellos deben pagar lo que les corresponde. Ya basta de dejar que abusen de nosotros los ricos y poderosos. Tengo la firme convicción de que uno debe luchar por lo que es justo. Y no es justo que esta gentuza se siga enriqueciendo a nuestras costillas. La maldad existe y solamente nosotros podemos hacerle frente. 

sábado, 2 de junio de 2018

Vulgaridades del mercado laboral

Hace poco más de un mes que me cambié de trabajo. Ahora estoy un poco más relajado a pesar de que tengo más trato con clientes, comparado con mi trabajo anterior. Lo bueno es que mi interacción con ellos se limita al teléfono y en menor medida, al correo electrónico. Aunque debo confesar que la mayoría de los clientes son personas amables, no puedo dramatizar y englobarlos a todos como engorrosos. Lamentablemente, no todo es miel sobre hojuelas. Ahora tengo que levantarme más temprano y enfrentar al tráfico todos los días. Mi trabajo anterior estaba muy cerca de mi casa, a unos 17 minutos aproximadamente y no había trafico. En cambio, para llegar a mi trabajo actual tengo que pasar por una zona congestionada donde voy a vuelta de rueda por un buen tramo. Ahora me toma entre 30 y 33 minutos llegar y eso que tengo el EZ Tag (una calcomanía que le ponen a los carros en Houston y que recargas cada cierto tiempo para evitarte las luces rojas de las laterales). Si no lo tuviera, fácilmente creo que me tomaría 10 minutos más. El tráfico se pone horrible por las laterales. Pero bueno, dicen que no se puede tener todo en la vida. 

Buscar trabajo puede ser algo frustrante. La situación era ya insostenible en mi trabajo anterior y decidí cambiarme de trabajo. Pero no podía darme el lujo de renunciar sin haber conseguido otro trabajo primero. Así que comencé mi búsqueda a finales de enero de este año. En el caso de los empleos profesionales, prácticamente todo se maneja por Internet. No es de que te presentes a las puertas de una empresa y les digas que estás buscando trabajo y te entrevisten ipso facto. Bueno, el caso es que estuve mandando mi CV a diestra y siniestra sin ningún éxito. Me registré en páginas como Monster, Indeed y Career Builder, actualicé mi cuenta de LinkedIn y hasta fui a una agencia de empleo, pero todo fue en vano. Me cansé de leer artículos buscando ayuda de cómo formatear mi CV y qué estragias tomar para encontrar trabajo. Desde llamar por teléfono hasta dar con la persona encargada de tomar las decisiones de contratación, pero nada funcionó. Unos dicen una cosa y otros otra, pero la verdad es que todo el proceso es algo caótico. 




En EE. UU. existen unas plataformas abominables que se conocen como ATS (Automatic Tracking System, por sus siglas en inglés), las cuales lo que hacen es filtrar los currículos que reciben las empresas electrónicamente. Por medio de algoritmos avanzados , estos sistemas buscan palabras clave en los currículos, desechando gran parte de ellos en el proceso. Así que muchas veces es posible que ni siquiera un reclutador haya visto tu CV. Si es que llegas a pasar esos filtros, según los expertos cada reclutador lee un CV durante segundos o un par de minutos a lo sumo, así que no tienes mucho tiempo para causar una buena impresión. Lo peor del caso es que estos malditos sistemas son muy populares aquí principalmente con las medianas y grandes empresas. No hay manera de enviar tu CV directamente a alguien de RH y si es que llegas a hacerlo, la mayoría de las veces te dirán que debes postularte por medio de la execrable plataforma de la empresa. Así que estamos de vuelta a primera base.

Por teléfono la cosa no pinta mejor. De entrada, tienes que pasar el filtro de la secretaria/asistente, aquellas guardianas celosas de sus jefes. Te dirán que su jefe está ocupado (en una junta, les encanta esta excusa), que no está o te inventarán cualquier cosa. En el remoto caso de que les hayas caído bien, te comunicarán con su jefe, pero esto no te garantiza nada ya que muy probablemente el mandamás te dirá que te postules por medio de la plataforma. De vuelta al principio. Y ni sueñes en plantarte a la entrada de la oficina, esperando hablar en persona con el mero mero. Esa estrategia solamente funciona en la televisión y en las películas, si tratas de hacerlo en la vida real lo más probable es que te manden sacar con seguridad.

Lo que verdaderamente me enerva es que las malditas empresas no se tomen la molestia de avisarte que no fuiste seleccionado para el puesto. Muchas veces ni siquiera importa que hayas seguido las instrucciones al pie de la letra. Les vale un comino que te esté comiendo la incertidumbre. En mi caso, recibí unas cuantas negativas y eso después de varias semanas, aunque haciendo un balance fueron muy pocas respuestas. Bueno, si las comparo con las respuestas que recibí hace unos años cuando me mudé a este país, sí son más, pero aun así son pocas. Me imagino que influye el hecho de que ahora tengo referencias de este lado del charco y antes no, la verdad no sé qué pensar. O tal vez influyó el hecho de que en mi último empleo tuve más responsabilidades, fue un puesto más versátil, puedo ser eso. El caso es de que muchas de las empresas en las que me postulé ni siquiera me dieron las gracias por mi tiempo y mucho menos me avisaron que no fui seleccionado. De entrevistas ya ni hablamos. No sé por qué fregados es tan difícil conseguir una entrevista. Ni siquiera te dan la oportunidad de presentarte en persona, de causar una buena impresión, nada, cero. 




También son irrisorias algunas de las negativas que te dan, si es que te las dan obviamente. Es entendible que te pueda faltar experiencia, pero que te digan que estás sobrecalificado...por favor, a otro perro con ese hueso. Verdaderamente no entiendo la lógica de las empresas y de las personas encargadas de contratar gente nueva. Son reverendas estupideces. Por eso tienen esa fama los de RH, no es gratuita. 

Acá muchas veces no importa un título universitario, sino la experiencia. No es raro ver gente en puestos para los cuales uno pensaría que se necesita título. En México hasta para ser cajero te piden uno. De lo que también me he dado cuenta es de que un título extranjero no tiene el mismo peso que uno de aquí. Recuerdo que alguna vez leí que varios reclutadores descartaban contactar a alguien simplemente porque su apellido era latino. Basado en esta lógica, no me sorprendería que te descarten simplemente porque no estudiaste en EE. UU. Puede que me equivoque, pero al menos en mi experiencia ha sido así. Me he tenido que abrir camino por mí mismo. Cuando llegué a este país, le pedí a una prima si me podía ayudar a encontrar trabajo (ella trabajaba en RH en una empresa en aquel entonces) y se negó, me bateó literalmente. Aquí no tengo amigos ni excompañeros que pudieran tenderme la mano como en Monterrey. Además de que acá la gente es más individualista, egoísta diría yo. 

Es frustrante darte cuenta de que te sacrificaste por años en estudiar y prepararte para luego enfrentarte ante un mundo laboral hostil y despiadado. Muchas veces no tienes más opción que subemplearte porque simple y sencillamente no encontraste trabajo de lo que estudiaste. No es que uno se ponga sus moños, pero uno no va a la universidad con la mentalidad de convertirse en cajero de banco o cualquier otro puesto parecido, con el respeto que me merecen esas personas. Se entiende que no vas a empezar siendo jefe, que tienes que picar piedra, escalar, pero que no se vayan al otro extremo. Por eso se aprovechan de la necesidad de la gente, pagando sueldos miserables y sometiéndolos a largas jornadas de trabajo porque "nadie es indispensable". El día de mañana te dan una patada en el trasero y ni siquiera te dan las gracias. 




Los empleados del día de hoy nos enfrentamos a retos que nuestros padres no tuvieron que sortear. Las empresas son cada vez más exigentes. Un título universitario muchas veces no es suficiente. Tienes que estar al tanto de las nuevas tecnologías, dominar el inglés e incluso un tercer idioma y adaptarte a un entorno laboral extremadamente volátil. Trabajar bajo presión, trabajar a deshoras y tantas y tantas condiciones realmente deleznables.

Por eso ahora comprendo muchas cosas. Alguna gente roba o recurre a medidas extremas debido a su desesperación por no encontrar trabajo. No todo es blanco o negro. Uno trata de hacer las cosas bien, de prepararse, encontrar un buen empleo, ser una persona productiva, un digno miembro de la sociedad, pero muchas veces no se puede. No te dan la oportunidad. Vivimos en un círculo vicioso en el que no te contratan porque no tienes experiencia y no tienes experiencia porque nadie te contrata. A las empresas ya nada más les falta pedirte la luna y las estrellas. 

En esta última ocasión, me tardé más de 2 meses en encontrar trabajo. En otras ocasiones ha sido más.  Mi trabajo actual no es exactamente lo que buscaba, pero no hubo de otra. Lo que sí es un hecho es que no es fácil encontrar trabajo en estos días. Hay mucha competencia y las empresas son cada vez más exigentes. Trabajar, trabajar, trabajar. Hasta que te retires, hasta que te mueras. Sólo entonces podremos descansar. Qué vulgaridad.


domingo, 6 de mayo de 2018

México: Un lugar mágico

¡Hola, amigos! ¿Cómo han estado? Mil disculpas por tenerlos tan abandonados. En estas últimas semanas han sucedido cambios importantes en mi vida y me he dedicado a hacer otras cosas, pero ya estoy de regreso. Hace dos semanas que cambié de trabajo y, aunque no es precisamente lo que buscaba, me siento más tranquilo, más relajado, con energía y buenas vibras. Pero ya les hablaré de eso en otra publicación. Déjenme contarles. Mi plan original era descansar una semana antes de comenzar mi nuevo trabajo y ya mero no se me hacía, pero afortunadamente las cosas se arreglaron. Así que aproveché para irme una semanita a mi México lindo y querido. Pasé un par de días en Monterrey, el lugar que me vio nacer. Siempre que tengo la oportunidad, trato de ir. Me gusta la ciudad, además de que tengo amigos muy queridos a los que siempre procuro ver. En esta ocasión fui a comer unos tacos a los que ya les tenía ganas desde hace un buen tiempo, se les conoce como Tacos del muerto (están enfrente de un panteón). También fui a ver la exposición de María Félix en el MUNE y me encantó, aunque debo confesar que esperaba más. Pero me doy por bien servido porque María es mi actriz favorita y es un agasajo ver su vestuario de cine y aprender cosas nuevas sobre la diva. Si están en Monterrey, les recomiendo que no se la pierdan. La exposición estará hasta el 29 de julio, para que tomen nota. 

Solamente pude estar un par de días en Monterrey porque tenía un viaje programado para Chiapas. Originalmente mi idea era ir a Veracruz, pero mis papás se me pegaron a la última hora y hubo cambio de planes. De todas maneras Chiapas era un destino que estaba en mi lista de destinos mexicanos por conocer (sí, tengo una lista como un nerd y qué). Me he propuesto conocer mi país, así que cada vez que tengo vacaciones, procuro ir a algún lugar de mi lista. Gracias a Dios he tenido la oportunidad de visitar varios lugares, aunque no he viajado tanto como quisiera. No siempre es posible hacerlo por cuestiones económicas o de tiempo, pero se hace lo que se puede. Cada viaje es una grata experiencia, una oportunidad de reencontrarte contigo mismo, de conocer el mundo, de aprender, de enriquecerte, de soñar. Viajar es una de las mejores inversiones que puedes hacer en ti mismo. El retorno sobre la inversión es grande, si bien no es algo tangible, es algo invaluable, y más cuando se trata de tu propio país. 





Pues bien, como les contaba, nos fuimos a Chiapas por unos cuantos días. Hubo algunos contratiempos con el trabajo de mi papá y tuvimos que cambiar su vuelo, lo cual fue un verdadero caos. Pero fuera de eso, nuestro viaje a Chiapas fue superagradable. Nos quedamos en un hotel en el centro de Tuxtla Gutiérrez por recomendación de viajeros de Trip Advisor. Muy buen hotel, con habitaciones limpias, wifi y desayuno incluídos. Aunque permítanme recomendarles que si llegan a ir a Chiapas, es mejor hospedarse en San Cristóbal de las Casas y de ahí desplazarse a donde sea que vayan. Tuxtla a pesar de ser la capital del estado no tiene gran atractivo turístico, y no lo digo yo solamente sino también los habitantes locales. Entre los pocos atractivos de Tuxtla se encuentran la Catedral de San Marcos cuya particularidad es que se ve desfilar a los doce apóstoles cada hora (lamentablemente por cuestiones desconocidas no nos tocó presenciarlo) y el Parque de la Marimba donde se reúne gente de todas las edades a partir de las 6 p.m. a bailar y escuchar las marimbas. De ahí en fuera, Tuxtla es una ciudad moderna, pero bueno, son pecados de viajeros que uno comete de vez en cuando. Yo ya había planificado mi viaje a Veracruz, ya sabía lo que iba a hacer y tenía todo el itinerario, pero con los cambios de última hora no hubo mucho tiempo para hacer otro itinerario. A mí siempre me gusta planificar, la verdad no se me da mucho lo de la improvisación al viajar.








En cambio, San Cristóbal es otra cosa. Es un pueblito encantador con calles estrechas llenas de gente, casonas antiguas, plazas, portales, se respira un ambiente muy agradable y en mi opinión hay más cosas que hacer y ver ahí que en Tuxtla, además de que dicen que hay mucha vida nocturna. Me sorprendió ver tanto turista extranjero, pero sobre todo que fueran europeos. Creo que es la primera vez que me toca ir a algún lado en México y que haya más turistas europeos que gringos (obviamente no contando Cancún). Pero puedo comprender por qué un lugar así les atrae. Les recomiendo mucho que si pueden, se queden ahí un par de días por lo menos, no se arrepentirán.






Entre Tuxtla y San Cristóbal se encuentra el Cañón del Sumidero, un punto imperdible si vas a Chiapas. Hay un recorrido en lancha que te lleva por el río Grijalva y si tienes suerte, puedes ver algunos animales en el trayecto. Puedes llevar agua, refresco, un tradicional pozol o hasta cerveza para beber en el camino. Eso sí, asegúrate de ponerte bloqueador porque el sol quema y mucho. Y si llevas sombrero, cómprale una correa para que te lo ates al cuello porque si no se te vuela. Y por supuesto, no olvides llevar tu cámara para tomar muchas fotos. El recorrido dura 1.5 horas aproximadamente. ¡Recomendadísimo!

También tuve la oportunidad de visitar una comunidad tzotzil en Zinacantán y ver cómo manejan el telar de cintura, de veras que fue impresionante. Compramos unos recuerditos y hasta nos dieron a probar unas ricas tortillas de maíz negro con queso de la región. Deli, deli. Lo que verdaderamente me dejó pasmado fue mi visita a San Juan Chamula. Hay una iglesia muy visitada, hasta medio tenebrosa se podría decir, donde la gente realiza sacrificios de animales, principalmente gallinas. Reverberaban por toda la iglesia los gritos agónicos de los pobres animales. La gente que asiste a la iglesia también lleva velas y, dependiendo de la necesidad de cada persona es el tamaño de las velas. Las personas no se marchan hasta que se hayan consumido las velas. Ah, y todo el tiempo permanecen de rodillas. Había velas por todos lados, ya hasta me estaba mareando. El guía nos explicó que no hay cura en el pueblo desde que los lugareños expulsaron uno hace muchos años. Y su religión es una mezcla muy particular entre catolicismo y brujería. De hecho hasta podías ver chamanes en el interior de la iglesia. Pero lo que más pena me dio fue escuchar que la mujer en Chamula literalmente no vale nada, no tiene voz, ni derechos ni nada. Las venden o las intercambian como cualquier objeto. No hay tolerancia religiosa ni hay ley tampoco. El gobierno ahí no se mete ni para bien ni para mal. Los habitantes del pueblo son quienes hacen y aplican sus propias leyes, a veces incluso quemando gente, como fue el caso de dos muchachos que habían robado un automóvil. Es difícil de creer que en pleno siglo XXI sigan ocurriendo estas cosas y por eso no es de extrañarse que vaya mucho extranjero a este lugar para constatar por ellos mismos las historias que escuchan sobre Chamula. Si piensan ir ahí, no se espanten. Lo único que deben tener en cuenta es que está prohibido tomar fotos dentro de la iglesia (ni siquiera sin flash) así como está prohibido tomarle fotos a los habitantes del lugar ya que ellos creen que les robas el alma al hacerlo. Ver para creer.






Algo que me llama mucho la atención es la arquelogía. Siempre que voy a un lugar y sé que hay ruinas cerca, hago todo lo posible por ir, sean estas mayas, aztecas o de alguna otra civilización prehispánica. Es algo que me fascina como no tienen idea. En esta ocasión tuve la oportunidad de ir a Palenque. La verdad me quedé sin palabras. Todavía queda mucho por descubrir. Si no me equivoco, aproximadamente el 90 % de las ruinas están perdidas en la selva. Si les gusta todo este rollo de las ruinas arqueológicas, no pueden dejar de visitar este lugar. Eso sí, está un poco retirado tanto de Tuxtla como de San Cristóbal. Estamos hablando de unas 5 a 6 horas por tierra. Según nos dijeron, si piensas visitar Palenque es mejor volar a Villahermosa y de ahí son 2 horas aproximadamente.




Chiapas es sinónimo de naturaleza. No te puedes perder tampoco las cascadas de Agua Azul. Si tienes la oportunidad de quedarte un día entero, hazlo. Puedes nadar en las hermosas aguas que hay ahí, tomar muchas fotos o simplemente relajarte con la vista espectacular. Y si lo tuyo es comprar recuerditos, ahí hay mucho de donde escoger. O cómete unas ricas empanaditas. Las puedes encontrar por todos lados.



Y si te gusta "pueblear" como a mí, además de San Cristóbal puedes ir a Chiapa de Corzo. Es un pueblo muy bonito donde puedes comer muy rico, comprar recuerditos y pasear por la plaza principal y sus calles. Ah, de ahí es de donde sale la lancha que te lleva por el Cañón del Sumidero. 

El tiempo se me pasó muy rápidamente, pero disfruté cada instante. De eso se tratan los viajes...y la vida también. Como escribí más arriba, me he propuesto visitar tantos lugares en México como me sea posible. México es un país que lo reúne todo: hermosos paisajes, playas, montañas, ciudades modernas y coloniales, ruinas arqueológicas, deliciosa gastronomía, folclor, una cultura mestiza muy rica, gente amable y hospitalaria... No por nada está en el listado de los 10 países más visitados del mundo. Estadounidenses, canadienses, sudamericanos, europeos, asiáticos, vienen de todas partes del mundo a conocer nuestro país. 

Aun así hay gente que tiene miedo de visitar México. Es cierto que hay muchas cosas que mejorar en materia de seguridad, economía, salud y otras cuestiones. No todo es miel sobre hojuelas. Pero eso no le quita su belleza a México. Muchas personas prejuzgan o se cierran totalmente a la posibilidad de viajar ahí porque vieron o escucharon x cosa en la tele o en Internet. Pero no siempre deben creer lo que dicen los medios. Incluso mucha gente exagera. No se los digo por zalamería o ingenuidad. Tal vez soy un poco parcial, pero lo que escribo y hablo lo hago con conocimiento de causa. Ahora bien, algunos de ustedes podrían decir que yo no sé nada porque vivo en EE. UU. y demás cosas por el estilo. Eso no tiene nada que ver. Viví gran parte de mi vida en México y sé de lo que hablo. Nunca he dejado de sentirme mexicano. Lo digo con orgullo. No me avergüenzo de mis raíces. Siempre llevo a mi país en mi pensamiento. Por azares del destino tuve que emigrar, pero nunca he descartado regresar a mi país un día. Uno siempre regresa a la tierra que te vio nacer, tarde o temprano.

México es verdaderamente un país mágico. Hay muchas cosas que ver y hacer. Es un país sumamente rico en cultura y otras cosas. Mucha gente cuando piensa en viajar, piensa en EE. UU., Europa o el sudeste asiático. No digo que esté mal. Si tienen la posibilidad de hacerlo, ¡qué bien! Pero a veces no conocemos nuestro propio país. Zacatecas, Querétaro, Guanajuato, Puebla, Mérida, San Luis Potosí, Oaxaca, Veracruz, Aguascalientes, Durango, sólo por nombrar algunos sitios maravillosos que vale la pena visitar. Los invito a que conozcan su país para que luego no se los cuente un extranjero. Y a los extranjeros que lean esta publicación, si no han visitado México, ¿qué esperan? Mis paisanos los esperan con los brazos abiertos. ¡Hasta pronto!

domingo, 8 de abril de 2018

Todos vamos para allá

Hace unos días fui a una tienda de ropa a comprar algunas cosas y al entrar estaba una viejita sentada en la entrada. Me sorprendí al verla porque no andaba de compras sino trabajando. Estaba cuidando una mesita con joyería de fantasía, pero de vez en cuando se paraba para levantar algo del suelo o acomodar la ropa que la gente siempre desordena. Me dio pena ver que una persona de su edad todavía tenga que trabajar, en lugar de descansar y disfrutar de su vejez. Pero la vida rara vez es justa y eso lo he podido ver más de una vez. Desconozco el caso específico de esta viejecita, pero así como ella hay mucha gente que lamentablemente tiene que trabajar y seguir esforzándose para salir adelante porque no cuentan con los zánganos de sus hijos. Hay tantos casos así y lo digo con conocimiento de causa. Toda una vida sacrificándose por los hijos para que éstos se olviden de ti. No es justo. Tal vez por eso a veces le pienso para tener hijos. No lo sé.





Fue inevitable pensar en mi abuelita paterna. Siempre estuve muy cerca de ella, en gran parte porque vivíamos juntos. Se podría decir que fue mi segunda madre. Recuerdo su voz, su postura al caminar, sus consejos, sus enseñanzas, sus regaños... Recuerdo que siempre era la primera persona en levantarse. Se tomaba una taza de café con leche, encendía el radio y se iba al jardín a ver a sus "matitas". Siempre me despedía antes de irme a la escuela. Ella fue mi primera maestra. Fue quien me enseñó a leer y escribir antes de entrar a la primaria. También me enseñó a colorear y me recitaba poemas o cantaba canciones antiguas. Me gustaba mucho platicar con ella y que me contara cosas de cuando era joven: de sus padres, la vida en sus tiempos, su primer pretendiente... tantas cosas tan interesantes y que yo me imaginaba cuando las escuchaba. También recuerdo que le gustaba guardar retazos de tela para después hacer sábanas con ellos. A veces se ponía muy regañona, pero era muy noble. Y me hacía reír con cada cosa que se le ocurría. Todo esto se me vino a la mente de golpe cuando vi a la viejecita de la tienda. Fue como volver a ver a mi abuelita y me puse triste y melancólico. Porque me di cuenta de que todo quedó en el pasado, que no son más que recuerdos. Ya hace más de 5 años que mi abuelita se nos fue y tal parece que hubiera sido ayer cuando todavía estaba con nosotros. Su muerte fue un duro golpe, hasta se podría decir que repentino, a pesar de que estaba enferma y sabíamos que iba a morir. Uno nunca se hace a la idea y siempre alberga la esperanza de que las cosas mejorarán. Es la naturaleza humana, la resistencia a la muerte corre por nuestras venas.

Pero no sólo recordé a mi abuelita. También recordé mis miedos, uno muy concreto: el miedo al futuro, a envejecer, a morir. Siempre he tenido miedo de la muerte, de cerrar los ojos y no volverlos a abrir. De ese sueño eterno al que todos estamos irremediablemente destinados. Recuerdo que cuando era niño les decía a mis papás que no quería que se murieran nunca. Y eso no ha cambiado. Todavía los veo fuertes, con energía, con vida. Pero me da horror pensar que dentro de unos años serán unos viejitos que dependerán de mí. Que poco a poco irán perdiendo su fuerza, su energía. Que se volverán lentos, que comenzarán a olvidar cosas, que cada vez más dependerán de alguien más hasta para las cosas más elementales. Y peor aun, que algún día morirán. Que dejarán un vacío en mí, que me dejarán solo. Sé que es algo inevitable, que a todos nos pasará tarde o temprano. Pero eso no lo hace más fácil. El tiempo pasa y no se detiene. Poco a poco las personas que nos rodean nos dejan para no regresar. Como mi tía Bertha, la hermana mayor de mi papá, que murió hace unos días. Y llegará el tiempo en que serán otros familiares, otras personas cercanas, mis papás...Creo que nunca estaré preparado para enfrentar una situación así. Dicen que el tiempo lo cura todo, o por lo menos te ayuda a superar las cosas, puede ser. 





Soy hijo único. No sé si algún día me casaré y tendré hijos. La verdad no me siento preparado, tal vez lo esté o tal vez no. Creo que formar una familia es una gran responsabilidad y por tanto, no debe tomarse a la ligera. Hay tanta gente que se casa y tiene hijos porque es lo que la sociedad espera, porque todo mundo lo hace. Pero no tienen una convicción firme. Es la llave para el fracaso. Por eso no quiero formar una familia sin estar seguro, sin sentirlo. No quiero hacerlo simplemente por miedo a la soledad. Me parece patético, vulgar. Pero conforme pasa el tiempo y mis padres envejecen y pienso en el futuro, se me vienen tantas cosas a la cabeza. Pienso en que no tendré a nadie el día que ellos me dejen. No tengo hermanos, solamente primos y amigos. Los quiero mucho, pero no es lo mismo. Son cariños diferentes. Me siento confundido, perdido. A veces me da coraje conmigo mismo por analizar tanto las cosas, pero es algo innato en mí. No me gusta pensar en el futuro, en lo que será. Odio la incertidumbre. Pero es algo cada vez más recurrente, sobre todo en mis noches de insomnio. Pienso en mis papás, en mí, en que todo cambiará. En el fondo pienso que sigo siendo ese niño pequeño que lloraba con la sola idea de perder a sus papás. 

No quiero envejecer, volverme torpe, que me falle la memoria. No quiero tener que depender de alguien más para las cosas más simples de la vida. Me parece cruel. Sería preferible morir jóvenes, me parece más humano. Pero es la ley de la vida. Algún día todos envejeceremos y eventualmente moriremos. Iremos a la casa grande, como decía una viejita que conocía. A algunos les llega la hora más temprano que a otros, pero tarde o temprano todos moriremos. Todos vamos para allá.

domingo, 1 de abril de 2018

Están viendo y no ven

Los estadounidenses siempre han hablado de la inseguridad, el narcotráfico, los secuestros, homicidios y otros crímenes que afectan a México y América Latina, pero cierran los ojos ante una realidad ineludible: el problema de las armas en su país. Porque sí, es un problema y uno grave. Desde hace mucho tiempo escuchamos noticias de balaceras en lugares públicos, principalmente escuelas. Y tal parece que es un cuento de nunca acabar. No terminamos de asimilar una noticia cuando ya sucedió algo más en otra parte. Pero no existe ningún problema, son casos aislados, los problemas de violencia se encuentran en otros países, pero no en EE. UU. Aquí son casos menores, paranoia de la gente, exageraciones de los medios. 

Es incomprensible el porqué es tan fácil adquirir armas en este país. Las venden como si fueran golosinas. Por eso no es de extrañarse que sucedan tantas cosas lamentables aquí. Que un muchacho mató a su profesor y no sé cuántos compañeros en la escuela. Que un hombre entró a una sala de cine y mató a las personas que habían asistido a la premier de una película. Que otro hombre disparó a diestra y siniestra desde el balcón de su hotel. Que otro sujeto entró a un antro y mató a varias personas. Que un niño mató a sus padres por accidente y otro mató a su hermana porque no le prestaba un videojuego. Y la lista sigue y sigue. No me he dado a la tarea de investigar la frecuencia con la que suceden estos casos, pero créanme que no se necesita ser ningún experto en el tema para darse cuenta de que hay un problema grave. ¿Qué demonios tienen estas personas en la cabeza? Matan a sangre fría y muchos de ellos lo hacen sin ningún remordimiento. Y la mayoría son unos cobardes porque en lugar de enfrentar las consecuencias de sus actos, se quitan la vida ellos mismos y la cosa muere ahí. Siempre que sucede una balacera se habla por unos cuantos días sobre controlar o suspender la venta de armas, pero al final no sucede nada. Todo queda en palabras, en promesas, en debates. Es una triste página en la historia de este país a la que no le han podido dar la vuelta. 




Se trata de un problema cultural. El uso de armas está tan arraigado en la psique de los estadounidenses que es difícil hacer una reforma radical al respecto, pero no es imposible. Es imperante más bien. Pero es increíble el poder que tiene en este país la NRA (National Rifle Association, por sus siglas en inglés). No me sorprendería que también haya empresarios y políticos boicoteando cada medida regulatoria que se propone. Y es que es comprensible, es un negocio muy redituable. No pueden dejar que se les escape la gallina de los huevos de oro. Para tener una idea, se estima que nueve de cada diez personas tienen un arma. Y sabemos que muchas personas tienen más de una. 

Los defensores de las armas argumentan que es un derecho constitucional, haciendo referencia a la Segunda Enmienda. Efectivamente, está permitido tener armas, pero ¿eso lo hace algo bueno? Hay que analizar el contexto histórico de la ley. Fue una ley que tenía sentido en el tiempo de la Colonia, pero no ahora. En la actualidad es una ley anacrónica. Lo chistoso del asunto es que las mismas personas que defienden las armas a capa y espada son las mismas que demeritan otras cuestiones como el despojo de tierras a los indios americanos por parte de los blancos o la esclavitud a la que fueron sometidos durante mucho tiempo los afroamericanos, porque, según ellos, todo eso pasó hace mucho tiempo. Pues bien, la ley que ampara el derecho a portar armas es muy vieja y fue concebida en un contexto totalmente diferente al que enfrentamos hoy día. Pero esta gente tiene mala memoria o dobles estándares para juzgar las cosas.




Algo que me da mucho coraje, y no solamente a mí sino a muchos latinos, es el hecho de que se hagan distinciones al momento de señalar a los protagonistas de las balaceras. Siempre que se trata de un hombre de raza caucásica, se dice que padecía de sus facultades mentales, que estaba enfermo, por no decir loco. Pero cuando se trata de un latino o un negro, simple y sencillamente son asesinos, criminales con todas sus letras. Siempre se trata de justificar o demeritar los hechos realizados por hombres blancos. No así con los latinos. Es una triste realidad que podemos ver en la prensa escrita y medios audiovisuales. Los blancos que matan a otras personas lo hacen porque no estaban bien de la cabeza, porque estaban enfermos, no porque sean asesinos. Es un derecho que no se les da a los latinos. Ellos no pueden padecer de sus facultades mentales, es algo inconcebible. 





Como ya mencioné antes, se trata de un problema cultural. He hablado con varias personas sobre el tema y me he percatado de que los latinos nacidos o criados aquí tienen una perspectiva muy diferente a la que tenemos los inmigrantes. Para ellos, tener armas es de lo más común. Es una manera de defenderse. Las armas los hacen sentirse más seguros. Necesitan contrarrestar el sentimiento de vulnerabilidad. A pesar de que según ellos la policía es más efectiva aquí, no pueden depender de ellos y por eso necesitan tener armas. Lo cierto es, que las armas han hecho más mal que bien. Las estadísticas no mienten. Solamente en los primeros cuarenta y cinco días de 2018 se registraron treinta tiroteos, resultando más de 1.800 personas muertas. Realmente son cifras alarmantes.

Se ha demostrado que el control de armas rinde frutos. En Australia, por ejemplo, los tiroteos cesaron y la seguridad mejoró notablemente en los 20 años posteriores a la prohibición de armas. Pero hazle entender esto a los gringos. No entienden razones. Se han encargado de lavarles el cerebro bien y bonito a lo largo de los años. El propósito original de la Segunda Enmienda se desvirtuó y se emplea como una excusa estúpida para poseer armas. No importa cuantas masacres sucedan ni cuantas personas inocentes mueran, primero está su derecho a portar armas. Muchos creen que las armas nunca serán controladas o incluso prohibidas. Empiezo a creer que tienen razón.




Me llamó mucho la atención un artículo que leí hace poco. No lo guardé, así que no tengo el enlace, pero me acuerdo del tema central. El artículo hablaba sobre el problema de las armas en este país, pero desde una perspectiva que no había tomado en cuenta. Siempre que vemos noticias sobre un tiroteo o masacre, el autor es hombre. Honestamente no recuerdo haber visto una sola noticia donde una mujer sea la protagonista. ¿Qué nos dice esto? ¿Por qué son hombres quienes asesinan y no mujeres? Esto nos habla de un problema de género, de identidad, de una masculinidad malentendida. Muchos hombres crecen con traumas, pero no todos los externamos de la misma forma. Para algunos, la violencia es una ruta de escape, de desahogo. No dudo que haya unos cuantos que lo hagan para vengarse por ser víctimas de acoso escolar, pero la verdad es que no es así en la mayoría de los casos.

Soy partidario de la paz y la prohibición de las armas. Éstas no deberían existir, pero eso sólo es posible en un mundo perfecto. Veo muy difícil que se haga algo contundente al respecto en EE. UU. La única solución que veo a mediano y largo plazo es inculcarles valores y reforzarlos en nuestros niños y adolescentes. Hacerles ver que la violencia es inadmisible e injustificable en cualquier caso. ¿Vale la pena? Yo creo que sí.