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domingo, 19 de marzo de 2017

Políticamente correcto

Tan iguales y tan diferentes a la vez. Así es la raza humana. "Cada cabeza es un mundo", decía mi abuela. Y es cierto. No todos compartimos los mismos puntos de vista sobre la vida y es respetable. Precisamente por eso hay temas como la política y la religión que a veces es mejor no tocar, por lo menos en reuniones sociales. Y es que por naturaleza, tendemos a defender nuestro punto de vista e incluso convencer a los demás de que nosotros estamos en lo correcto, lo cual puede desencadenar situaciones poco agradables o indeseables. En ese afán de evitar ofender a los demás, es donde entran los eufemismos, primos de lo "políticamente correcto". Este lenguaje políticamente correcto nace de la necesidad de la diplomacia, de expresarnos sin agredir a terceros. Aunque a veces esto resulte contraproducente.





Hace unos días tuve un debate con unos compañeros de un chat al que pertenezco. El tema era si los indígenas mexicanos tienen la misma sangre que los indios nativos de EE.UU. Dentro del debate, salió a colación el tema de los afroamericanos. No voy a entrar en detalles, menciono esto porque cuando yo expresé mi opinión al respecto, usé el término "gente de color". Inmediatamente otro de los participantes se exaltó y comenzó una diatriba. 

Primeramente, quiero señalar que en ningún momento dije lo que dije con mala intención. Más bien, lo atribuyo al afán que tenemos de evitar ofender a los demás con nuestras palabras. Para muchos, la palabra "negro" es ofensiva, discriminatoria, peyorativa. Por eso empleamos términos como: gente de color, afroamericanos, morenos, etc. Todo menos negro. Y no porque sea negativo pertenecer a esa raza. Simplemente tenemos miedo de ofender a alguien. Aunque por lo visto uno nunca queda bien, como me pasó a mí. Supongo que es algo que varía de cultura en cultura, inevitable.




Por lo regular soy partidario de llamar a las cosas por lo que son. Aunque a veces los eufemismos son tan comunes que se convierten en algo normal para nosotros. Por eso llamamos invidentes a los ciegos, personas con capacidades diferentes a las personas con alguna discapacidad, personas de la tercera edad a los ancianos, en fin. No tengo ningún problema con eso. Pero negro es una palabra que me cuesta decir. 

Muchos dicen que los eufemismos no deberían existir, que solamente encubren la verdad, que lo políticamente correcto no es más que hipocresía. Alegan que es excluyente, absurdo e innecesario. Que solamente agregan más términos innecesarios a nuestro vocabulario. Puede ser. Pero no creo que sea del todo malo. Al contrario, éstos enriquecen nuestro vocabulario. ¿Por qué debería existir una sola palabra o frase para expresar algo?

Yo creo que el verdadero problema de fondo es que nos hemos vuelto demasiado sensibles. Nos ofendemos por todo, nada nos parece bien. Si no compartes mi opinión sobre la homosexualidad, eres homofóbico. Lo mismo sucede con el racismo, la xenofobia, el machismo y tantos temas más. Pensamos que los demás son unos intolerantes. Nos preguntamos cómo es posible que no compartan nuestra opinión. Nos creemos dueños de la verdad absoluta. Estamos a favor de la libre expresión, pero cuando los demás expresan un punto de vista contrario al nuestro, nos molestamos por ello. Eso sí se me hace hipocresía.




Esta "hipersensibilidad", por llamarla de algún modo, ha puesto el mundo de cabeza. Vemos censura en la tv, en los medios impresos, en nuestra manera de hablar. Hay tabúes que perduran. Nuestros oídos castos no pueden escuchar palabras como prostituta, por eso preferimos el término sexoservidora. En estos casos sí estoy en contra de los eufemismos. Prefiero mil veces decir aborto que embarazo interrumpido, o masturbación en lugar de autoestimulación sexual o gordo en lugar de persona con sobrepeso. Como he dicho antes, no todo es blanco o negro, existen matices. Usar eufemismos en estos casos sí es engañarse a uno mismo en mi opinión.

Si bien es buena la intención de lo políticamente correcto, éste debe ir a la par con nuestras acciones. De nada sirve que nuestras palabras sean suaves y que no ofendan si nuestras acciones no corresponden de igual manera. Si no respetamos a los ancianos, a las mujeres, a todo individuo en general, nuestro lenguaje vale un reverendo cacahuate. Congruencia, señores.

Se me olvidaba. En la mañana vi un meme en una página de Facebook que sigo y mucha gente pegó el grito en el cielo, me los imagino rasgándose las vestiduras y lacerándose por ver algo tan escandaloso, tan mórbido. De veras que tal parece que mucha gente ya no tiene criterio. Todo lo critican, todo lo juzgan, todo lo malentienden. Es cierto que hay memes inapropiados o que están totalmente fuera de lugar, pero hay muchos otros muy buenos que nos alegran el día y que son totalmente inofensivos. A veces creo que hay gente que solamente se dedica a buscar qué hay en Internet para criticarlo, empezando por los memes. Todo está mal según ellos. Más bien, yo creo que ven moros con tranchetes. En fin, cada quien.

En un mundo utópico, todos podríamos expresarnos libremente sin preocuparnos por ofender a los demás. Lamentablemente, la realidad es muy distinta. Ya que no todos pensamos igual, habrá personas que se ofendan por cosas que a otras les da igual. Si dices negro, se ofenden porque dicen que eres racista. Si dices moreno o gente de color, se ofenden porque dicen que no te atreves a llamar las cosas por su nombre y que usas eufemismos porque asumes que ser negro es algo negativo. Ni para donde hacerse. Quedas bien con unos, pero eres de lo peor para otros.

¿Y ustedes qué opinan? ¿Creen que la sociedad abusa de los eufemismos y el lenguaje políticamente correcto? Au revoir!

domingo, 12 de marzo de 2017

Paupérrima riqueza

"El dinero no lo es todo, no compra la felicidad..." es una frase tan vieja y tan trillada que estoy seguro de que los antiguos egipcios la conocían a la perfección. Incluso me atrevería a afirmar que data de mucho antes. Aunque lo importante en sí no es saber quien inventó semejante falacia sino entender lo disparatada que es la idea misma. Mucha gente la repite sin tener plena conciencia de lo que están diciendo, engañándose a sí mismos. No hay nada más falso que decir que el dinero no es importante. La verdad es que los únicos que lo dicen son, irónicamente, los que no tienen dinero. No conozco a ningún rico que diga que el dinero no es importante. Francamente, creo que esta frase es solamente un consuelo, una excusa para no sentirse tan mal con uno mismo, para tratar de asimilar la realidad propia, para no volverse loco.

El dinero es tan importante que por él se han hecho guerras, se ha matado a personas, se han destruido familias, amistades...El mundo gira en torno a él. El dinero es hermano del poder. El dinero ha sido parte importante en las decisiones de gobiernos, de empresas, de familias, de individuos. Es un tema que simple y sencillamente no se puede dejar de lado. Prueba de ello son tantos refranes y referencias a él: "Con dinero baila el perro", "Cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana", "Dinero llama dinero", "Cuentas claras, amistades largas", "A la mujer ni todo el amor ni todo el dinero", en fin, son tantos que no podría enumerarlos todos aquí. 

Tal vez suene materialista de mi parte, pero no estoy de acuerdo con la idea de conformarse con lo que uno tiene. Sí, agradécele a Dios, a la vida o a quien quieras por lo que tienes, pero no tiene nada de malo querer tener más. No es pecado querer tener una casa grande, un coche nuevo, ropa de marca, viajar, disfrutar la vida sin reservas. Que tu situación económica te duela, que te inspire a cambiar, a tomar otro rumbo. Lo malo es cuando se vuelve una obsesión, pero es un riesgo inevitable que no todos estamos dispuestos a enfrentar. El dinero en sí no es malo, sino el uso que se le dé. Puede ser un medio para hacer el bien o el mal, pero eso depende de quien lo posea.




Es cierto que hay gente acaudalada que padece una enfermedad incurable o difícil de tratar, pero gracias al dinero que tienen pueden visitar hospitales especializados, ver médicos de renombre, someterse a tratamientos diversos...todo lo cual no se podría hacer sin dinero. Y créanme que esto no sólo aplica a países tercermundistas, incluso en países como EE.UU. podemos ver la necesidad de contar con dinero para costear todos los gastos en que se debe incurrir. Eso es tema aparte. Regresando a lo que nos interesa, mucha gente dice que para qué se quiere dinero si éste no puede comprar la salud o la felicidad. Pero volvemos a lo mismo, me parece una excusa patética. Con el dinero que se tiene se podría dejar protegida a la familia en caso de muerte o ayudar a alguien más. En otras palabras, no estorba. Al contrario, tenerlo ayuda y mucho.

Hablo con conocimiento de causa. Sería una mentira decir que viví en la miseria, pero sí me he visto afectado por la falta de dinero. Por muchos años tuve que soportar una situación familiar más que indeseable. De igual forma, no pude estudiar donde quería así que tuve que ir a una universidad pública, lo cual siempre había sido mi última opción. Trabajé y obtuve una beca y eso me ayudó, pero eso no me quita el mal sabor de boca. No les cuento todo esto con el afán de verme como víctima, sino para que entiendan que el dinero puede marcar la diferencia. Nos guste o no, el factor dinero siempre importa. Ya sea que te vayas a casar, a decidir donde vivir, a decidir donde viajar, a decidir donde trabajar, etc., no se puede ignorar el factor dinero. Hasta los grandes intelectuales como Buñuel sufrieron por la falta de éste. Muchas de sus películas se filmaron en situaciones un tanto precarias. No siempre se puede vivir por amor al arte.



               



A pesar de todo lo anterior, creo que deben existir límites para conseguirlo. Para bien o para mal, tengo demasiados escrúpulos y hay cosas que no me atrevería a hacer por nada del mundo. Dicen que nunca digas "de esta agua no beberé", pero me atrevo a decir que nunca vendería drogas, ni me prostituiría ni le vendería mi alma al diablo (o a quien quieran, mi alma es mía y nada más). La vida es demasiado corta para malgastarla en cosas así. Pero eso no quiere decir que el dinero no sea una meta en mi vida.

Sin meternos en rollos de religión, no se trata de endiosar al dinero, sino de dejarnos de ideas arcaicas y entender que el dinero sí es importante. Si no lo quieres ver como una meta, visualízalo como un medio que puede hacer tu vida y la vida de los que te rodean mucho mejor. Tal vez el dinero no compre la felicidad, pero yo prefiero llorar a bordo de un Ferrari estacionado en una villa en Italia. Au revoir!

domingo, 5 de marzo de 2017

Su cuenta ha sido bloqueada

Con los avances de la tecnología, ahora es más común que la gente tenga un correo electrónico, un teléfono inteligente, aplicaciones al por mayor, en fin. Lo cual a su vez significa más contraseñas. Antes, solamente tenía que recordar mi NIP de 4 dígitos para poder realizar transacciones con mi tarjeta de débito, pero eso ha cambiado. Ahora no solamente debo recordar eso sino también las contraseñas de mis correos electrónicos, de mi portal de banco en línea, de los portales en línea que empleo para pagar diferentes servicios, de las aplicaciones que uso en mi teléfono inteligente, de mis redes sociales y la lista sigue y sigue. Es caótico. 




El meollo del asunto es que no puedo usar la misma contraseña para todo. Si así fuera, mi vida sería mucho más sencilla. Les pongo un ejemplo. Cada mes debo realizar el pago de mi seguro médico. Podría hacerlo por teléfono, pero es sumamente tedioso y prefiero hacerlo por Internet. El problema es que en más de una ocasión me han bloqueado la cuenta por ingresar una contraseña incorrecta. Yo juraba y perjuraba que había ingresado la contraseña correcta, pero tal parece que no fue así. Así que tengo que contestar las preguntas de seguridad y restablecer mi contraseña...solamente para volver a cambiarla el mes siguiente.

La situación se agrava cuando se trata de páginas o aplicaciones que casi no utilizas. Por ejemplo, desde hace un tiempo tengo una cuenta en Mega (el reemplazo de Megaupload). Esto del almacenamiento en la nube es verdaderamente una maravilla. Como tengo bastantes archivos de video, tendría que comprar demasiados discos duros externos. Así que los almaceno en Mega. Esto no es algo que hago todos los días, a veces pasan meses sin tocar Mega. Pero cuando quiero ingresar a mi cuenta, ha habido veces que batallo porque la contraseña está larguísima y es una combinación extraña que tuve que hacer debido a las políticas de la página. Lo mismo me ha sucedido cuando trato de pagar la electricidad en la página de Reliant, cuando trato de ingresar a la página de healthcare.gov, cuando trato de hacer efectiva la garantía de algún producto que compré...Es un verdadero suplicio. 




¿Por qué no puedo tener una contraseña única? Comprendo que las contraseñas no pueden ser tan sencillas en un mundo donde existe tanto sinvergüenza que roba en la red, pero creo que se van al otro extremo. Cada vez que creas una contraseña nueva, ésta debe incluir mayúsculas y minúsculas, números, caracteres especiales, la sangre de una virgen, un pelo de gato negro, una referencia histórica, un ojo de dragón y muchas cosas difíciles de conseguir. Bueno, tal vez estoy exagerando un poco pero no me dejarán mentir cuando digo que le complican demasiado las cosas a uno. No solamente se las complican a los delincuentes sino a nosotros también. 




Algunos celulares como los Samsung cuentan con un botón que lee tu huella digital y con eso puedes ingresar a tu celular o aplicaciones sin necesidad de tener que escribir una contraseña. Pero si el botón está aunque sea un poquito sucio, el celular no leerá tu huella. A veces resulta contraproducente porque ni siquiera limpiando el botón puedo ingresar, me marca error. Así que termino escribiendo la contraseña de todos modos.

He pensado en crear un archivo de Excel para guardar todas mis contraseñas (sí, soy un nerd). Entre Google, Facebook, Twitter, Microsoft, Mega, foros de Internet y demás sitios, creo que no tengo alternativa. Qué se le va a hacer.

Y ahora me despido porque tengo que aprovechar las últimas horas de mi domingo. ¿Cuáles son sus opiniones al respecto? Au revoir!

domingo, 12 de febrero de 2017

¿Alguien dijo crisis?

A lo largo de la historia, las personas se han enfrentado a crisis financieras, políticas, humanitarias y de tantos más tipos, que uno pensaría que es normal y que tarde o temprano uno se acostumbra. Lamentablemente, no sucede así. Obviamente, hay crisis más fuertes que otras, pero en mi opinión, una de las peores (si no es que la peor) es la crisis relacionada con la edad. ¿Por qué? Simplemente porque te atañe directamente y te afecta de manera personal a diferencia de las demás crisis.




Conforme uno va envejeciendo, cambian las prioridades, los gustos, las ideas. Lo que me gustaba o hacía feliz hace 10 años ha perdido el atractivo para mí. Ya no me satisface, ya no me llena, ya no encaja conmigo. Por eso considero que es una estupidez que la sociedad espere que uno escoja una carrera a la edad de 18 años cuando uno todavía no ha madurado y ni siquiera sabe lo que quiere. Bueno, eso es tema aparte.

Llega un momento en la vida de toda persona una edad en la que empiezas a cuestionarte, a evaluar qué es lo que has hecho, tus logros, tus fracasos, tus metas, tus sueños. Es cuando comienza la condición que los psicólogos denominan como la crisis de mediana edad, que afecta a las personas principalmente alrededor de los 40 años. Este período de transición, de cambios, no afecta a todas las personas por igual. A algunas personas les da por volver a hacer cosas que hacían cuando eran más jóvenes o hacer cosas que quisieron hacer y nunca hicieron. Se vuelven excéntricos, se visten como jóvenes o incluso sostienen una relación amorosa con alguien mucho menor que ellos.




No soy experto en el tema y esta publicación no es un artículo de estudio ni mucho menos. Pero me pregunto, ¿dónde nos dejan a las personas que no estamos en ese rango de edad? ¿Acaso nosotros no podemos ser víctimas de esa crisis? ¿Somos invulnerables o no se nos permite? Quisiera que alguien me lo explicara.

En mi caso, siento que estoy padeciendo una desde hace algún tiempo. Todavía me falta para los 40, pero siento que necesito un cambio, o más bien, muchos cambios en mi vida. Desde el lugar donde vivo, mi trabajo, mi situación sentimental...No me he casado, no tengo hijos, tengo un trabajo que no me satisface, no he podido viajar tanto como quisiera ni he podido hacer tantas cosas por motivos que no viene al caso discutir aquí. Es horrible. Te sientes atrapado en un laberinto y la salida parece esconderse cada vez que te acercas a ella. Sientes que todo se esfuma a tu alrededor, que nada es real, que estás rodeado de fantasmas, que eres víctima de una cruel broma del destino, que eres una marioneta sin voluntad, que no eres más que un peón en un juego de ajedrez. Luchas pero Sansón es más fuerte que tú. Tratas de nadar contra la corriente pero solamente das patadas de ahogado. La vida se te va, cada día te haces más viejo, se acerca el día en que la Muerte tocará a tu puerta para llevarte al otro mundo y no puedes hacer nada, te sientes atado de pies y manos. 

Recuerdo que cuando era niño me daba miedo la muerte. Les decía a mis papás que no quería que murieran, lloraba sólo de pensarlo, me aterraba la idea. Cuando fui creciendo, ese miedo pareció disiparse, pero no fue así. Solamente se escondió por ahí para regresar en el futuro. Ahora está más presente que nunca. Veo como envejecen las personas que quiero y temo perderlas algún día. No quiero pensar en que algún día ya no van a estar conmigo, ya no voy a ver sus rostros, ni escuchar sus voces.

Debo confesar que le temo al futuro. El futuro es incierto, traicionero. Por más planes que hagas, por más estrategias que desarrolles, el futuro no está en tus manos, tú no tienes el control. A lo mejor pensabas en casarte a cierta edad y tener hijos, pero la realidad fue diferente. O tal vez esperabas tener un puesto importante o ser un profesionista de renombre a cierta edad, pero tampoco sucedió así. No necesariamente porque no te hayas empeñado. A veces la vida es así. Nadie dijo que era justa.




A veces siento que no puedo ni conmigo mismo y por eso pienso que menos voy a poder lidiar con  la responsabilidad de una familia. No quiero casarme ni tener hijos solamente por temor a la soledad o por tener cierta edad, me parece patético. Si lo hago, es porque me nace, porque estoy seguro de que es lo que quiero. Siento que si lo hago, no va a haber marcha atrás. No quiero ser un número más en las estadísticas de divorcios u hogares disfuncionales.

Lo mismo sucede con mi trabajo. Todo es tan diferente de como lo imaginaba antes de entrar a la universidad. Cuando eres muy joven, ves todo muy fácil. No piensas en los obstáculos que se te pueden presentar ni en la realidad que es lo que verdaderamente debería importarnos. Te dejas llevar por impulsos, sólo para arrepentirte después. No digo que haya estudiado lo que estudié por impulso, pero si me preguntan si me arrepiento de haber escogido mi carrera, muy probablemente les diría que sí. No sé en que estaba pensando. Creí que habría más oportunidades, que era la mejor decisión, pero me di cuenta de que no era así. Comencé a sentirme así cuando iba a mitad de la carrera, pero sentía que era demasiado tarde para comenzar otra carrera. Así que decidí continuar hasta el final. Los que me conocen saben que no me gusta dejar nada a medias.




Creo que en gran parte todo se debe a mi personalidad. Siempre he sido muy aprehensivo, muy analítico, muy conservador. Tal vez eso fue lo que me orilló a hacer ciertas cosas o a no hacerlas, a desarrollar ciertas inseguridades. He intentado cambiar, pero creo que hay cosas que simplemente no se pueden cambiar. Y no ayuda mucho el compararte con los demás.

No quiero que llegue el día en que esté muriendo y recordando mi vida con tristeza. No quiero darme cuenta de que mi paso por este mundo fue inútil. Quiero recordar el pasado con nostalgia, con un poco de melancolía por lo que fue, no por lo que no fue y pudo haber sido. Mientras tanto, sigo en este viaje de autodescubrimiento, aprendiendo, cometiendo errores, riendo, llorando, soñando. La vida es muy corta y hay muchos libros por leer, platillos que degustar, lugares y personas que conocer, cosas nuevas que aprender, experiencias por disfrutar. No hay mal que dure cien años, ni mucho menos quien lo aguante.




Supongo que no a todos nos pega la edad por igual. Todos atravesamos por diferentes situaciones. No todos tenemos la misma fuerza, el mismo carácter, el mismo ímpetu. Admiro a quienes afrontan la vida con valor, con destreza, con inteligencia. Debo aprenderles más. Habrá quienes digan que todo esto es mental, que no existe, que uno se ahoga en un vaso de agua, en fin. Pero no hay nada más alejado de la realidad. Cada quien fue asignado a cargar una cruz desde antes de nacer y solamente él sabe cuánto pesa su carga.

Si se sintieron identificados, me alegro porque eso significa que no soy el único. Si no se identificaron, qué bueno por ustedes, los envidio y espero que sigan así. Estas crisis son de lo peor que te puede pasar. Te afecta en todas las áreas de tu vida tanto física, como mental y espiritualmente. Algunas personas se refugian bajo la religión, la ciencia o a cualquier cosa que los ayude a mantenerse a flote y es válido. Aunque creo que hay cosas que uno debe afrontar por si mismo y ésta es una de ellas.

Bueno, amigos, me despido por hoy. Au revoir!

domingo, 5 de febrero de 2017

Problemas de primer mundo

Esta semana la pasé fatal. De entrada, tuve problemas con el agua en mi casa, por lo que me vi obligado a llenar cubetas en la llave de afuera, calentar el agua y bañarme a "jicarazos" durante tres días. Pudo haber sido menos tiempo, pero la culpa fue de todos los plomeros que contacté y de los cuales no se hizo uno solo. Al final, terminamos arreglando el problema nosotros mismos.

Esta situación me puso a reflexionar en que muchas veces damos todo por hecho. No pensamos en todo lo que se tiene que hacer para que nuestras vidas sean más cómodas. Recuerdo que mis abuelos me contaban que ellos tenían que caminar largas distancias, bajo un sol intenso, para poder acarrear agua a sus hogares. En mi caso, solamente era salir al patio a llenar cubetas y meterlas a la casa conforme lo necesitáramos. Todo un suplicio para una persona que no está acostumbrada a hacer estos menesteres.




Como hecho adrede, hace unos pocos días me habían mostrado un video en YouTube titulado First World Problems (Problemas de primer mundo, en español), que es una parodia de los problemas que nos aquejan a las personas modernas. Que si nos quedamos sin señal de teléfono/Internet, que no nos dan "me gusta" a nuestras publicaciones en redes sociales, que tenemos frío o hambre, etc., etc. Al principio sí te da risa, pero al final te pone a reflexionar en que existen cosas verdaderamente peores que las que nos afectan. A veces nos ahogamos en un vaso de agua, me incluyo en primer lugar. Como esta mañana, al levantarme encendí la televisión, solamente para darme cuenta de que había fallas técnicas. Después que quise usar mi laptop, me di cuenta de que no había Internet. Estuve 4 horas sin cable ni Internet, así que me puse a leer (necesito ponerme las pilas con mi libro). Aunque debo reconocer que en otras ocasiones no mantengo la calma como en esta ocasión. Es frustrante, sí, pero hay cosas peores. Hay gente que ni siquiera tiene una televisión o computadora, mucho menos Internet. Lo mismo sucede con el agua potable, electricidad, aparatos electrodomésticos y demás comodidades.




Con todo lo anterior, no quiero decir que no está permitido hacer un coraje cuando tenemos un "problema", no sería sano aguantarse, pero pongámonos a pensar en que siempre hay alguien que está peor que nosotros. Por eso siempre hay que ser agradecidos con lo que tenemos y cuidarlo.

La señal de cable/Internet seguirá fallando, nuestro coche se descompondrá (se puede evitar a veces, pero no siempre somos tan diligentes con el mantenimiento), seguiremos teniendo frío, calor o hambre, pero son cosas que tienen remedio. No hay mal que dure cien años. Y menos si la solución está en nuestras manos.

Ah, se me olvidaba...otro problema que me enerva es el tráfico (tránsito, no me acostumbro a usar esta palabra en este contexto) que existe hoy en día. Sobre todo donde vivo, gracias al Super Bowl. Gracias a Dios hoy termina todo y la gente se regresará a sus lugares de origen.

Y ustedes, amigos, ¿qué problemas les aquejan? Au revoir!

domingo, 22 de enero de 2017

El bullying no existe

Hace unos pocos días sucedió una tragedia en Monterrey, México. Un joven de 15 años sin el menor reparo disparó en contra de su maestra y 3 compañeros para posteriormente suicidarse. Fue un hecho que conmocionó a México por la crudeza del acto, aunado a que este tipo de sucesos no son comunes en nuestro país. En EE.UU. esto es el pan de cada día, dada la facilidad con la que se consiguen armas y las ideas locas de los gringos, pero en México es algo inusitado. Trascendió que el autor del crimen pertenecía a una secta o algo así y que ya había anunciado el hecho en un foro en Internet. Se dicen muchas cosas, principalmente que el joven sufría de depresión pero no había recibido el tratamiento correspondiente.

Siempre ha habido niños y jóvenes con problemas psicológicos. Estas personas por lo general viven en hogares disfuncionales y se desquitan con los demás para sentirse mejor o llamar la atención. Las agresiones tanto físicas como verbales por parte de estos tipos es lo que actualmente conocemos como bullying. Todos hemos sido víctimas o presenciado a otros serlo. Desde nuestros padres hasta nuestros abuelos, todos tienen algo que contar al respecto. Nunca falta el típico niño o niña que abusa de su fuerza o de cualquier otra cosa para intimidar y amedrentar a sus compañeros. Hablo con conocimiento de causa porque yo fui víctima de esta gente. Aunque una vez no me dejé y golpee a uno y me dejó de molestar. No es lo ideal pero funciona.




Lo que alarma en la actualidad es que las acciones perpetradas por estos inadaptados sociales llegan cada vez más lejos. Ya no se trata solamente de poner apodos, robar tu almuerzo o dinero o golpear a los demás. Recuerdo casos como el de un niño que violaron en México. Unos "niños" le metieron un palo por donde ya saben y el niño obviamente quedó traumado. O el caso de otro niño que murió porque unos salvajes lo apuñalaron en el pecho. O el caso de la adolescente que se suicidó porque sus compañeros subieron un video de ella humillándola a gran escala. Ya no es un juego de niños. Ahora la vida misma está en juego. Literalmente se trata de un tema de vida o muerte.

Muchos lo atribuyen a los videojuegos y películas violentos que ven los niños y jóvenes. Estoy de acuerdo hasta cierto punto. Cuando era más chico me gustaba jugar videojuegos como Street Fighter y Mortal Kombat, que aunque no se comparan a los videojuegos de ahora, son violentos. Pero el hecho es que nunca intenté hacer en la vida real las cosas que jugaba. Lo mismo con las películas y caricaturas. Por eso no estoy del todo de acuerdo con que los videojuegos son el problema. El problema de fondo es la atención de los padres, o más bien, la falta de atención. Con el ritmo de vida tan acelerado de hoy en día y el alto costo de todo, es más común que ambos padres trabajen y descuiden a sus hijos. Los hijos se la pasan con otras personas que no les llaman la atención y que no sustituyen a los padres en funciones como la crianza y educación. Aunado a esto, las nuevas generaciones tienen acceso a tantas cosas por medio del Internet y como no hay quien les ponga límites, vemos y seguiremos viendo casos como el sucedido en Monterrey.




Muchas personas se hacen de la vista gorda, mientras que otras dicen que todo esto es normal. No, señores, no es normal. Si esas personas agreden a los demás es porque existe un problema de fondo. A través de sus acciones están expresando su falta de amor y atención. Son gritos desesperados que son ignorados. Aunque no justifico en lo absoluto las acciones de esta gente, trato de comprender la situación. Empatía. Algo que nos hace mucha falta.

En lo personal, creo que bullying es un eufemismo para maldad. Maldad en su más pura expresión. Esa maldad que está dormida dentro de nosotros. Creo que el bien y el mal se encuentran dentro de cada uno de nosotros y cada quien es responsable de elegir a uno de los dos. Obviamente, los bullies se inclinan por su lado malo. Aunque también creo que hay excepciones, como en todo. Hay personas que simple y sencillamente nacen con mala semilla y por más que sus padres traten de guiarlos, éstos ya están destinados a llevar vidas de maldad.

Es importante enfrentar este problema. Los bullies son los futuros asesinos, ladrones, secuestradores, criminales en general. Espero que podamos concientizarnos y tomar acciones al respecto...y que no sea demasiado tarde.

sábado, 14 de enero de 2017

Año nuevo, ¿vida nueva?

Sin darnos cuenta, ya estamos a mediados de enero. ¡Vaya que el tiempo pasa rápidamente! Ya pasaron Navidad, Año Nuevo, los Reyes...¡Y no he cumplido ningún propósito! Aunque bueno, para ser honestos, este año no hice ninguno. Y es que, ¿para qué hacemos propósitos si no los cumplimos? Por eso, mi propósito de este año fue no hacer ningún propósito. Creo que necesito un poco de espontaneidad en mi vida; hacer las cosas en caliente, como dicen vulgarmente. Improvisar. Adaptarme.



El año pasado, al igual que otros años, uno de mis propósitos fue bajar de peso. Así que me puse a dieta y comencé a ir al gimnasio. Vi resultados, aunque muy lentamente. Por más que me esforcé, no logré acelerar las cosas. Bien dicen que no es lo mismo los 3 mosqueteros que 20 años después. Y para nada me ayudó el haberme enfermado por una semana. Lo poco que había conseguido lo perdí en unos días. Es una tarea titánica adquirir condición, pero para perderla es facilísimo. Ni siquiera me he parado en el gimnasio en lo que va de este año.

Otro de mis propósitos había sido encontrar el rumbo que voy a tomar en mi carrera profesional. Leí algunos libros sobre el tema, artículos en Internet, tomé largas caminatas para pensar y meditar, busqué opiniones de otras personas, pero aún así no he logrado dilucidar nada en lo absoluto. Es un poco frustrante porque yo esperaba tener una respuesta al terminar el 2016. Me siento entre la espada y la pared, atrapado en un laberinto, ahogándome poco a poco. Necesito darle un giro a mi vida, hacer algo diferente...pero ya abordaré este tema en otra publicación porque es algo extenso.

Otro de mis propósitos, bueno, realmente sólo fue una idea, fue la de conseguir pareja. Mentiría si dijera que me muero por casarme y formar una familia, pero pensando a futuro creo que es lo que me conviene. No siempre seremos jóvenes y aunque disfruto de la soledad, ésta llega a pesar a veces, Y heme aquí, soltero y sin ningún prospecto. Cuando menos lo pensé, se terminó el 2016 y no pasó nada. Veremos qué pasa en este nuevo año.

También quería comprar otro auto, ya que el mío está un poco viejito. Pero luego se pone uno a pensar para endeudarse y que los autos nuevos se devalúan muy rápidamente. Eso aunado a que he tenido varios gastos y bueno, también me he dado uno que otro gusto porque creo firmemente en eso de que los bienes son para remediar los males. Con esto no digo que debemos gastar imprudentemente, pero tampoco hay que irse al otro extremo.

En cuanto a la lectura, este año no pude leer tanto como hubiera querido. Esto sí es algo que me pesa un poco. Me gusta mucho la lectura, pero a veces es complicado encajar ese hábito en tu rutina diaria. Espero poder cambiar eso este año. Por lo pronto, tengo que terminar el libro que estoy leyendo, que aunque está muy interesante, está algo denso.

Tampoco pude viajar tanto como hubiera querido. Solamente fui a Nueva Orleans un fin de semana y a acampar con mis primos en el verano (solamente un fin de semana). Y una que otra escapadita a Monterrey, pero eso no lo considero viajar. Gracias a Dios este año lo empecé con el pie detecho. Me fui a Zacatecas y conocí lugares muy bonitos. Y en agosto, si Dios lo permite, tengo un viaje a Canadá, así que tengo que echarle al cochinito.

Este año espero poder ponerme al corriente con los propósitos que se quedaron olvidados en años anteriores: bajar de peso, encontrar la nueva dirección que quiero tomar en mi carrera, en fin. Mientras estemos vivos, siempre habrá una nueva oportunidad. Y ustedes, amigos, ¿qué procede para ustedes en este nuevo año? Au revoir!